Y quizá una despedida

0 2.984

Queremos en este artículo de toda la redacción, transmitir, respetuosamente a El País nuestro agradecimiento por estos años de aprendizaje y cariño y el por qué parte del equipo ha decidido abandonar el programa.

Nuestro colegio había comenzado en 1999 una experiencia de periodismo en el aula llamada “eolapaz” de la cual surgía una revista digital semanal (eolapaz.com). Un espacio donde desarrollar nuestra conciencia crítica y contar la vida con otros ojos.

Pero en 2002 surgió algo que nos hizo ampliar horizontes, nacía El País de los Estudiantes, un proyecto educativo ambicioso en el que hemos estado presentes desde la primera edición, aquella en la que los ganadores eran elegidos por los demás colegios.

Los primeros años ganamos y perdimos a nivel regional, sin que aquello importara mucho. El bienio 2009-2010 fue sin duda el más creativo, con una fase regional ganada, el triunfo a nivel nacional y un premio especial de fotografía. Pero aparte de unas vacaciones en Túnez y unos ordenadores para el colegio, el premio fue un impulso para que otros jóvenes se unieran al proyecto, hasta llegar a formar 4 equipos anuales. Desde 2011 el periódico cambio a un aspecto más serio, más profesional, con mucho contenido político y una línea editorial muy crítica con todo lo que se movía. Un cambio que no debió, suponemos, satisfacer al jurado, quizá por su seriedad, pero eso no importaba mucho, lo importante es que aprendimos y nos divertimos, empujándonos a intentar mejorar cada año.

En esos años el periódico creció y el sentimiento de pertenencia al programa aún más. Fue la época en que comenzaron las noches del País. Una noche, la anterior a la publicación, en la que los equipos cenaban juntos en el colegio, trabajaban y se divertían toda la noche y desayunaban al día siguiente cuando los profesores nos traían, muy de mañana, zumos, bollos, café caliente, y mucho cariño. Era la noche mágica del año. Años en los que viajamos mucho, conocimos a mucha gente y vivimos una experiencia única, la aventura de crear un periódico.

Pero algo comenzó a cambiar, algo que nos preocupaba. Estábamos transitando de un proyecto educativo a un concurso. Cada año al dar los resultados las redes ‘se incendiaban´, como se dice ahora, y la educación desaparecía. Incluso nosotros nos vimos influidos por ese ambiente enrarecido, escribiendo un año una desafortunada carta al jurado, en la que solicitábamos un argumento que justificase el resultado. Algo que hacía habitualmente el jurado de las primeras ediciones y que ahora se había perdido. Perdido como aquel precioso acto de entrega de diplomas a los finalistas de cada comunidad autónoma y que, al menos en Cantabria, desapareció en 2010.

Las cosas ya empezaron a empeorar en 2010, el año en que ganamos, en el que un centro de Cantabria arremetió contra nosotros por, según ellos, presentar un periódico lleno de noticias inventadas, como la famosa entrevista a Emilio Botín.

Desde 2011, un instituto de nuestra ciudad planteó el concurso como una disputa personal contra nosotros, llena de desprecios y actitudes poco edificantes, como el despecho con que nos trataron cuando el Ayuntamiento recibió a los dos equipos de la ciudad, primero y segundo por Cantabria, o como cuando Gemma Nierga realizó su programa desde Torrelavega y tras entrevistar a los dos equipos, un  profesor del otro centro se quejó de que nos habían dedicado más tiempo a nosotros.

Pero el año horrible fue 2016. Trabajamos como cada año, con la ilusión de siempre y resultamos ganadores a nivel regional después de varios años siendo segundos. Días antes de viajar a Madrid, el profesor que dirigía al equipo de un instituto de nuestra ciudad participante también, concertó una entrevista con nuestro coordinador para avisarle que consideraban que nuestro periódico estaba lleno de plagios, que el resultado era injusto, y que actuarían en consecuencia.

El día en que daban las notas de selectividad, en medio de los nervios propios de la fecha, un día antes de viajar a Madrid, nuestro profesor recibió la llamada preocupada de Pedro Zuazua, subdirector de El País y responsable de la organización del EPE. Había recibido numerosos correos anónimos en contra nuestra. Revisaron nuestro periódico entero, hicieron pruebas de búsqueda para localizar posibles plagios y al final El País no actuó al no encontrar nada ilícito.

Viajamos a Madrid, pero algo había cambiado. Lo que estaba pasando solo lo sabían Heidi, otra profesora, Eusebio y un antiguo miembro del EPE. Era patente en el tren la tristeza de Eusebio, que había propuesto incluso a El País no viajar a Madrid, para no perjudicar al concurso.

Fuimos, recibimos el premio a mejor fotografía y asistimos al acto, intuyendo el resto del equipo que algo iba mal. Él y Pedro Zuazua hablaron en un aparte durante el aperitivo de aquella entrega de premios y Zuazua, que siempre nos ha tratado con gran cariño a todos los equipos, tranquilizó a nuestro profesor, aunque con una advertencia de por medio, “tener cuidado, porque alguien os quiere mal”.

Por la tarde, nuestro profesor, totalmente descentrado y sin entender toda aquella situación, se equivocó de estación. Cuando llegamos a Chamartín, el tren había partido. En la carrera, Rubén sufrió un ataque de asma y tuvimos que llamar al SAMUR y dimos todo un espectáculo en la estación.

Al final los antiguos miembros del EPE se movilizaron, y uno que trabajaba en una agencia de viajes de Torrelavega consiguió un autobús de una empresa madrileña, que nos trajo a casa, donde aparecimos a las 3 de la mañana.

En medio de aquel ajetreo, algún pasajero que vio y oyó todo en la sala de espera de Chamartín, twiteó, sin mala intención, que un grupo de estudiantes del EPE había perdido un tren y estaban solos en Madrid.

Al día siguiente llegó la puntilla a aquella semana aciaga. El País llamó a Eusebio de muy malas maneras, porque lo sucedido (la pérdida del tren y los tweets) manchaban la imagen del concurso. Eusebio tuvo que disculparse (aun no sabemos porque) y publicar varios tweets aclarando la situación.

Transcurrieron las últimas semanas del curso en un ambiente frío. A él, que nos había inculcado el juego limpio, la honestidad, la búsqueda de la verdad, la defensa de la justicia, se le acusaba de tramposo y a sus niños de deshonestos. Nunca lo ha superado.

Le hicimos un regalo en la graduación de los mayores, que le emocionó. Y ya no volvimos a verle. Aquel verano cayó en una profunda depresión que le mantuvo lejos de su colegio y sus niños 14 largos meses.

Pese a ello, en las últimas semanas de la edición de 2017 regresó, visiblemente cambiado y desmejorado, organizó la redacción como en los viejos tiempos y ganamos el regional.

Pero él no fue a Madrid, y algunos compañeros tampoco, la magia se había roto, y él también. Fuimos con Heidi otra profesora, siempre pendiente de nosotros, pero sin más historia.

En 2018 volvimos a concursar ya con él, que volvía al mundo real a ratos. Hicimos un periódico que nos gustó y que nos permitió aprender mucho, quedamos segundos y le invitamos a una comida para celebrar que seguíamos juntos, que seguíamos viviendo la aventura.

Este año hemos comenzado en abril, tras un largo debate sobre si debíamos participar o no. Si merecía la pena entrar en la guerra en que se había convertido aquel extraordinario programa.

Al final un solo y mermado equipo hemos hecho un periódico a nuestro gusto, sin importarnos su trascendencia. Sin intención de competir, solo de disfrutar, como aquellos compañeros que  jugaban a ser periodistas a principios de siglo, y como un homenaje a esas 18 generaciones que nos enseñaron a contar el mundo, pero con otros ojos. Porque hemos comprendido algo en estos últimos tres años, en lo que no habíamos caído antes, esto ya no es una aventura para aprender. Es un concurso con mucho dinero y prestigio en juego, donde para algunos centros todo vale.

Seguiremos, por respeto al programa al que tanto debemos, pero que vemos como se difumina en medio del aire turbio de una competición.

Hemos cumplido 18 años y ya somos, como equipo, mayores de edad, ahora empezamos un nuevo camino, cuyo destino está por escribir.

Gracias siempre, País de los Estudiantes, nunca pagaremos la deuda que tenemos con vosotros.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More