Termina el año de nuestro cumpleaños

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En 1989 un grupo de tercero de bachillerato de La Paz ponían en marcha en el Colegio de la Paz una redacción periodística en la que cada semana una veintena de estudiantes discutía, charlaba y compartía su visión sobre la realidad. Una forma de extender su aprendizaje más allá de los reglados contenidos del currículo, y más allá de los rígidos horarios y paredes del aula. Aquel mismo año, aquel grupo de chicos y chicas ponían en la calle “Tu que Pías” un fancine orientado a la difusión de la cultura y el debate social, con un profundo cariz humorístico, satírico, hasta descarnado. De carácter semestral, “Tu que Pías” sería editado, con apoyo de la Caja de Ahorros, el Diario Montañés y el Ayuntamiento de Torrelavega, hasta 1994, con tiradas de dos mil ejemplares. Pero aquella inquietud no podía detenerse ahí. Las siguientes generaciones no abandonaron aquel espíritu inquieto de analizar la realidad, escudriñarla y compartir su visión de las cosas. Es lo que ahora llamamos la competencia de lectura interactiva, y que en La Paz siempre ha sido facilitar que el alumno forme parte de la realidad, y comparta su conocimiento. Con “Tu que Pías” nació una sala de exposiciones permanente que permitía a los alumnos mostrar su lado creativo y acercarse a otras realidades. Inquietudes sociales, el trabajo de organizaciones no gubernamentales o de artistas jóvenes locales. Aquella iniciativa perduraría en el tiempo con un lema que hoy sigue siendo el de La Paz, “Todos enseñamos, todos aprendemos”. Una exposición sobre los derechos de la mujer afgana, con sus burkas y los estremecedores relatos de los cooperantes de Médicos sin Fronteras, abrió el camino a otra experiencia, una radio, anárquica y creativa, que cada semana presentaba la actualidad, pero con otros ojos, los de los alumnos de bachillerato. Una vorágine de empeños entre los que destacó siempre el teatro. Cuatro compañías desde 1990, la puesta en marcha del primer festival de teatro joven aficionado de la ciudad y hasta un certamen de creación artística (“rumbo a tu imaginación”, en 1991), la participación en dos certámenes nacionales de teatro y la inserción de la expresión dramática como herramienta pedagógica en las áreas de ciencias sociales, fueron otros pasos. En 2002, toda aquella energía empezó a tomar forma en un colectivo de jóvenes, alumnos, ex alumnos y miembros de otros centros, que veían en el periodismo una forma de acercarse con rigor y espíritu crítico a la actualidad, formar parte de ella y contar, desde sus ojos, como era, a otros jóvenes como ellos. Nacía eolapaz, y con ello un grupo de 12 blogs, dos redes sociales y dos webs. Pronto aquella iniciativa tomó forma y adquirió seguidores. Convertido en una didáctica de aula consolidada en las clases de ciencias sociales de segundo ciclo de secundaria y bachillerato. La revista digital que aglutinaba todo el entramado pronto tomó carácter semanal y sus blogs de alumnos diario. Reportajes, entrevistas, artículos de opinión, contenidos de aula, actividades interactivas, mucho trabajo de lectura y TIC y más de cuatro mil visitas diarias y 21 premios avalaron esta apuesta educativa cuyos contenidos se distribuían por todos los centros de Cantabria a través de la web interaulas, una novedosa idea educativa impulsada por la Asociación de la Prensa de Cantabria y la Consejería de Educación, que había nacido un año antes y de la que eolapaz formaba parte.

En 2002, una parte de la redacción decidió llegar un poco más allá y preparar un periódico específico para el I concurso nacional de periodismo juvenil que impulsaban el diario El País, las consejerías de educación de las comunidades autónomas y empresas como ENDESA. Ya no fue posible detenerse. Vacaciones enteras en el colegio, horas y más horas cada fin de semana, viajes, anécdotas, dificultades y un recuerdo imborrable. Más allá nueve finales en once años, un premio nacional y cuatro premios especiales del jurado. Eolapaz acabó convirtiéndose en un espacio común, en un lugar de encuentro entre generaciones diversas, y en una identidad común. Cada año, los que habían sido parte del proyecto volvían a casa, aconsejaban a los nuevos redactores que emprendían al aventura anual de El País de los Estudiantes y compartían con ellos una noche, que en teoría se pasaba en el colegio para acabar de terminar el periódico, y que en realidad era la fiesta de un reencuentro. Una cena y su sobremesa, hasta el siguiente desayuno, entre amigos que hacia tiempo que no se veían. Juegos y risas entre jóvenes de 14 a 30 años, y sus profesores, con la disculpa de hacer un periódico. En noviembre de 2012, uno de los veteranos de eolapaz, pero que nunca formó parte de las redacciones de El país de los Estudiantes, el cineasta y publicista Joaquín Ruiz Quintanal (premio al mejor documental 2012 del Festival Internacional de Nueva York), propuso a sus antiguos compañeros, a través de una red social, contar esta historia. Reunir tantos recuerdos, tantos días y tantas aventuras en un documental. Y la respuesta fue si. Desde entonces Joaquín Ruiz ha rodado más de cien horas de grabación. Ha reunido a los antiguos redactores de los periódicos escolares de la Paz (eolapaz y El País de los Estudiantes) en Torrelavega, Madrid, Bilbao y las otras ciudades que les acogen. Y ha grabado sus recuerdos, sus palabras, sus sentimientos, y junto a ellos lo de aquellos que se asomaron a sus páginas en esos años, y que ayudaron a contar la vida, tal como ellos la veían, pero con otros ojos. Javier Moreno, Iñaki Gabilondo, Pablo Laso, Rosa Eva Díaz Tezanos, Patxi López, Alfredo Pérez Rubalcaba, Renzo Piano, Ruth Beitia, Cristóbal Montoro y así hasta una veintena de personalidades del mundo del deporte, la cultura o la política española. El día 29 de abril, las cuatro redacciones de eolapaz que se presentan a la XII edición de El País de los Estudiantes, celebrarán su “noche de El País”, una cena de amistad y una noche de aventura en torno a la palabra. Varios cineastas nacidos en aquella inquietud de 1989, Fernando Sánchez, Chose Pereda y Joaquín Ruiz Quintanal grabaran esa noche y terminaran un documental sobre nuestra historia. Solo serán doce minutos de imágenes y sonidos para recordar a más de mil jóvenes que en estas dos décadas han querido aprender, contando como el mundo, pero con otros ojos.

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