Tema 8. La Revolución Rusa

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Rusia había sido en los inicios de la Edad Contemporánea una de las mayores potencias europeas. Tras vencer a Napoleón había sido una de las piezas clave del Congreso de Viena.

Sin embargo, la Revolución industrial no arraigó en el país. Su tradicional alianza con Prusia y Austria se rompió tras la unificación alemana y se convirtió en un enfrentamiento larvado cuando ella y Austria se enfrentaron por los Balcanes.

Desde mediados del siglo XIX, durante el reinado de Alejandro II, se iniciaron unas tímidas reformas políticas y económicas que acabaron al morir el zar. Aislada de la evolución europea Rusia se extendió hacia el este, ocupando Asia hasta Siberia y haciendo suyos muchos territorios del centro de ese continente, lo que comenzó a crear tensiones nacionales, como las que vivía Austria-Hungría o el Imperio Otomano.

En 1900, Rusia era un país atrasado y agrario, donde el sistema social promovía las desigualdades al conceder privilegios a una clase aristocrática que dirigía el país, mientras aun se mantenía la servidumbre en algunas zonas. Además, las pocas infraestructuras (el tren transiberiano y las pocas fábricas existentes) eran de capital extranjero

En 1905, en plena expansión Rusa chocó con los deseos de una nueva potencia industrial, el Japón Meiji. El objeto de deseo era Corea. Tras una corta guerra el poderoso ejercito imperial, mal dotado y entrenado, cayó derrotado. Y la flota fue hundida en Port Arthur.

Las protestas se iniciaron en el país, ante la falta de combustible y comida para la población.

El 22 de marzo de 1905, decenas de obreros y mujeres se reunieron para protestar pacíficamente ante el Palacio de Invierno; incluso portaban retratos del zar y cruces. La Guardia Imperial abrió fuego indiscriminadamente y provocó 200 muertos y 800 heridos.

La matanza (Domingo Sangriento) desató una oleada de violencia en el país. En junio, los marineros del acorzado ruso Potemkin realizaron un motín y acabaron con sus mandos, convirtiéndose en símbolo del descontento popular y las malas condiciones a las que estaba sometida gran parte de la población. El buque fue recuperado por los zaristas, pero desencadenó varios motines en el hasta entonces fiel ejército.

Alarmado por la situación, el zar, aconsejado por alguno de sus ministros, promulgó el Manifiesto de Octubre, en el que prometía derechos civiles y elección libre de una Duma encargada de refrendar cualquier ley.

Nada se cumplió, ante lo que comenzaron a organizarse grupos de oposición que tendrían, posteriormente, gran importancia en la caída del zarismo: El Partido Socialista Revolucionario de Kerensky, que representaba los intereses del campesinado ruso y el Partido Comunista (marxista) ruso (sobre todo su facción más radical, los bolcheviques de Lenin) que confiaban en una revolución marxista liderada por el proletariado. A ello se añadía la aparición de los soviets, asambleas de obreros y estudiantes que pronto serían controlados por los bolcheviques.

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En 1914 estalló la I Guerra Mundial y Rusia entró en guerra de parte de sus nuevos aliados, Francia e Inglaterra (los grandes inversores en la economía rusa) con la llamada Triple Entente.

La Guerra supuso una matanza continua, con derrotas humillantes ante los alemanes (Tannenberg y Lagos Masurianos) contra la que la población clamaba la paz. A ello se unía el hambre y la pobreza del país, agravada por la guerra. Al descontento se unía el rechazo a la zarina Alejandra, alemana de origen y contraria a toda reforma a favor del pueblo que pusiera en peligro sus privilegios. El asesinato de su consejero, el cruel y ambicioso Rasputín era un aviso de lo que vendría.

En febrero de 1917, una huelga multitudinaria en San Petersburgo) se convirtió en una protesta de la clase obrera que se extendió por toda la ciudad en los siguientes días, alentada por los bolcheviques entre un pueblo harto de guerra. El ejército, machacado en la guerra no disponía de los medios suficientes ni la lealtad de muchos regimientos de jóvenes y la situación se descontroló. Las protestas se saldaron con cientos de muertos, principalmente trabajadores.

Ante ello, el 2 de marzo, Nicolás II se vio obligado a abdicar. Se formó entonces un gobierno provisional encabezado por Aleksandr Kérenski. Este cambio derivó en un clima de ilusión y un sentimiento de liberación durante el que se legalizó la libertad de prensa y de reunión y se permitió el regreso de exiliados políticos. Aunque los primeros momentos de este gobierno fueron relativamente pacíficos, las distintas fuerzas que buscaban ocupar el vacío de poder comenzaron a organizarse. Conforme la situación se desestabilizaba, Kerenski recurría más a menudo a la represión. Y es que Kerenski se enfrentaba a tres problemas de difícil solución:

  1. El descontento social por las muertes en la guerra, el desabastecimiento y el hambre. Pero Kerenski, presionado por las potencias occidentales no se atrevía a concertar una paz por separado con Alemania
  2. Tras la abdicación del zar, muchas de las nacionalidades conquistadas por Rusia en el XIX pretendían aprovecharse de la debilidad del gobierno para independizarse (lituanos, georgianos, armenios o kazajos)
  3. La presión de los bolcheviques, aprovechando el descontento popular para hacerse con el poder

En medio de esa situación los alemanes ayudaron a Lenin a volver a Rusia desde el exilio, en la confianza de que si este se hacia con el control del país, Rusia saldría de la guerra.

El 3 de abril, una masa eufórica recibía a Vladimir Lenin en su regreso a Rusia desde el exilio. El líder político hizo uso de su conocimiento sobre las teorías de Marx y Engels y de sus excelentes habilidades de oratoria para reafirmarse como salvador de Rusia y líder obrero. Su pensamiento se recogía en un documento clave: las Tesis de Abril, en las que defendía algo simple: paz, pan y tierra

  1. Paz a cualquier precio
  2. Dar un segundo paso en la revolución, caído el zarismo, propietarios y funcionarios debían dar paso al poder del proletariado
  3. Acabar con el gobierno provisional (Kerenski)
  4. No a una república parlamentaria y liberal, y si a una república de soviets marxistas
  5. Nacionalización de todas las tierras y propiedades, empezando por las de los terratenientes.

Para conseguir todo ello había una segunda figura muy importante León Trotsky, que aunque discrepaba en algunos de los aspectos más radicales de la ideología leninista, colaboró con él, creo el ejercito rojo y fue la mano que dirigió la revolución de octubre.

El verano de aquel año fue especialmente para Kerenski. Una gran ofensiva contra Alemania, en el ánimo de acabar la guerra, fue un fracaso. Al tiempo un general zarista intento hacerse con el poder y devolver al trono a Nicolás II. Aunque fracasó, el poder de Kerenski y su capacidad de mantener el poder era cada vez menor.

La cuna de Halicarnaso

En octubre de 1917, grupos proletarios organizados en soviets asaltaron el Palacio de Invierno de Petrogrado con ayuda del acorazado Aurora. Kerenski, sin apoyos huyó y Vladimir Lenin y León Trotsky, apoyados por los soviets se hicieron con el país. Se iniciaba una reconversión del país que dejaría atrás la sociedad liderada por la aristocracia y la burguesía zarista para dar paso al primer sistema comunista de la historia. La Revolución rusa acababa de nacer.

Pronto Lenin comenzó a poner en marcha su programa político.

Primero firmó la paz por separado con Alemania, la paz de Brest Litovsk, por el que la guerra cesaba a cambio de importantes pérdidas territoriales a favor de alemanes y austriacos.

La Segunda gran medida era económica. Lenin desconfiaba del campesinado, muy tradicional, por lo que creía que la revolución debía ser liderada por el proletariado. Pero todo debía hacerse con cuidado, porque la mayoría de la población era campesina.

Las tierras del zar, los terratenientes y la iglesia fueron expropiadas y nacionalizadas y tras ello colectivizadas en Koljoses (cooperativas campesinas) y Sovjoses (granjas propiedad del estado.

Junto a ello, las fábricas e infraestructuras pasaron a ser controladas por los soviets.

El tercer problema eran las nacionalidades. Lenin deseaba controlar el país a cualquier precio, por lo que decidió no entrar en conflictos, decretando el derecho a la autodeterminación por los pueblos no rusos conquistados por el zarismo, tal como establecía la primera constitución rusa, la de 1918.

Pero la revolución no había triunfado aun. Muchos grupos se oponían al creciente poder bolchevique. Cuando las protestas arreciaron por la derogación de derechos como el de expresión, el gobierno actuó con la represión de su terrorífica policía política, la checa. Y cuando en las elecciones constituyentes de 1917 el partido bolchevique perdió, anuló las elecciones y cerró el parlamento. Todo ello conducía a una dictadura obrera y la respuesta fue una guerra civil.

A principios de 1918 estalló la guerra.

De un lado el ejercito rojo creado por Trostki, mayoritario en las zonas industriales y dirigidos por comisarios políticos (representantes del partido.

Y de otro los ejércitos blancos formados por zaristas, liberales, campesinos contrarios a la reforma agraria, habitantes de las zonas ocupadas por Alemania tras el tratado de Brest Litovsk y oponentes a la nueva dictadura. A todos ellos apoyaron Inglaterra, Japón, Francia y Estados Unidos. Resentidos por la retirada de Rusia de la guerra, temerosas de que la revolución se extendiese y molestas de la negativa del nuevo gobierno a pagar las deudas del país y devolver los activos extranjeros en Rusia.

Pero los blancos nunca estuvieron coordinados si no enfrentados por el liderazgo. Frente a ellos Lenin controlo férreamente la economía (comunismo de guerra) y logro un ejercito cohesionado. En 1922, tras la marcha de los extranjeros y el asesinato de la familia imperial, las últimas tropas blancas fueron derrotadas.

La Rusia de Lenin comenzó entonces una represión feroz contra todo tipo de oposición y consolidó su poder, aunque quedó completamente aislada del exterior, pues los demás países temían la extensión revolucionaria. Y es que hubo algunos intentos de revolución fuera de Rusia, como la Spartakista de Rosa Luxemburgo en Alemania o la húngara de Bela Kun.

Pese a ello, los partidos comunistas que aparecieron por toda Europa recibieron un apoyo constante de Rusia a través de la llamada Tercera Internacional o Komitern. Pero sus resultados fueron casi nulos. Al final el Komitern solo sirvió para dividir a la clase obrera europea entre socialistas y comunistas y para servir a los intereses de politica internacional de la Rusia bolchevique.

Tras la guerra vendría la consolidación del país y la defensa de la revolución. Pese a su triunfo y a la represión era evidente que había aun muchos sectores sociales enfrentados a Lenin y que el aislacionismo internacional podía ahogar la revolución. Para ello Lenin adoptó una nueva política económica llamada NEP, de carácter mixto, que hacía convivir el control de los sectores clave por parte del estado con una pequeña propiedad privada de tierras y talleres.

Las nacionalizaciones se detuvieron y las expropiaciones de pequeñas fábricas también, así como las colectivizaciones forzosas (p. 180). Ello permitió a agricultores y comerciantes poder tener un excedente con el que comerciar, siempre bajo el control del estado.

La medida calmó el descontento interior al tiempo que intentaba hacer ver a las potencias extranjeras que el nuevo sistema huía de la radicalidad.

Políticamente el estado creció. Tras el decreto de autodeterminación de 1917, Ucrania, Bielorrusia y varias republicas del Asia Central y Caucásica se unieron a la Rusia revolucionaria creando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En el nuevo estado cada republica se autogobernaba salvo en temas de defensa, política exterior y planificación económica.

En 1924 se creaba la primera ley superior del estado (algo parecido a una constitución). En ella (de carácter anti liberal) no se reconocían los derechos de los individuos, solo se permitía un partido el PCUS y se eliminaba todo sistema representativo quedando el estado en manos del partido comunista.

Ello se mostraba en los tres grandes organismos del estado (p. 181). El Presidium formado por miembros destacados del partido y con plenos poderes. El congreso de los soviets que propia leyes y opinaba sobre presupuestos y el Soviet Supremo asamblea formada por representantes de los soviets de todas las repúblicas.

En 1924, el líder indiscutible del movimiento soviético, Lenin falleció y se abrió un periodo de disputa por el poder vacante. Mientras algunos apostaban por León Trotsky como sucesor (el propio Lenin lo prefería así), Iósif Stalin fue ganando cada vez más influencia y poder a través de alianzas temporales de las que se deshacía en cuanto dejaban de convenirle. Trotsky acabó exiliado y Stalin se hizo con el poder absoluto en la URSS con lo que se intensifico el totalitarismo en el país y la internacionalización de la revolución.

Imagen Metacultura

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