Supersubmarina

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Como este es un país de anécdotas, el hecho de que la reina Leticia se haya proclamado su más entregada fan, fue suficiente para que un grupo indie ya muy sólido se convirtiera de pronto en un descubrimiento para algunos enteraos. Cosas de un país donde el azar a veces es más importante que el talento.

Un azar tan traicionero como ese que hace un año se cruzó en el camino de estos cuatro músicos jienenses y que estuvo a punto de convertir la carretera y aquel accidente en su epitafio.

Hoy hablamos de Supersubmarina en tiempo futuro, el de un éxito irremediable en cuanto, ya recuperados, vuelvan a reunir su talento.

Pero el éxito, el aplauso real, y las giras no han cambiado un ápice a la banda de Chino, cuatro amigos de actitud sencilla, accesible y modesta que siguen encontrando en esto de la música una diversión gratificante.

Eso si, los tiempos de sonidos metálicos y un cierto aire oscuro, han dado paso a una música más optimista. “Santa Cruz”, su penúltimo disco, y “Viento de cara”, el último, son fiel reflejo de ello. Parte de la culpa parece estar en el escocés Tony Doogan, productor de Teenage Fanclub y Belle & Sebastián entre otros, que ha impulsado al grupo a experimentar con nuevos sonidos, nuevas formas de esculpir el bajo hasta rozar tonos funky. Las letras han vivido también un cambio. Siguen siendo conversaciones y a estar inspiradas en los cotidiano para cuatro treintañeros, pero ahora con una mirada más crítica y más social. Una música más comprometida y, en el fondo, igual de sentimental.

Llenan salas, forman colas interminables cuando firman discos y saturan las web que venden las entradas a sus giras, pero siguen anclados en Jaén, porque tienen miedo que lugares como Madrid desaten su ego y esclavicen su personalidad.

Han pasado diez años desde que cuatro amigos de Jaén quedaran para tocar de manera informal, y con pocos medios, hasta los días actuales de triunfo, pasando como el premio de la música 2011, y los halagos de la prensa.

Nacieron poniéndose nombre por un tema que recomponía los sonidos del mar, y tardaron tres años en conseguir apoyo para su primera grabación, “Cientocero”. Dos años después, y tras hacerse un nombre en los festivales y las ciudades de España, Sony Music se fijaba en ellos y sacaba al mercado su primer gran éxito “Electroviral”. Una hazaña teniendo en cuenta la escasa publicidad. Pronto su música diferente y personal atrajo el interés de grandes músicos como Pereza, Vetusta Morla, Russian Red, Iván Ferreiro, Sidonie, Sidecars o Marlango, que les llamaron a sus conciertos.

Luego llegaría “Realimentación”, toda una hemorragia de energía tras la que han llegado las dos entregas actuales, dos ejemplos de cómo triunfar desde la independencia creativa, sin someterse a los dictados de los “entendidos” y los gurús de la música, sin apoyo de las grandes empresas, y sin traicionar a sus ideas, creando una música que navega entre lo rítmico bailable de los nuevos pop británicos y la música de bandas españolas de sonido estudiado, arreglos cuidados y pasión desmedida. Eso si, no estaría mal que hicieran oídos sordos a los que les alientan a convertir su música en un intento de himno generacional (“XXI”) y mensajes explícitos, que solo van a conseguir arruinar un futuro prometedor, resultando a ratos pretenciosos.

Imagen SER

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