Se avecinan elecciones

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En unas elecciones cruciales, una sencilla investigación nos revela el desconcierto, la confusión y la supremacía de la emoción sobre el razonamiento de los responsables de campaña en las pequeñas ciudades y pueblos de España.

En teoría, la globalización de la información debería hacer aun más vigente el viejo contrato de Rousseau, regresando a una sociedad en la que todos conocen, todos eligen, todos dialogan.

El aluvión de elecciones que se ciernen sobre España nos revela, sin embargo, que quienes aspiran a dirigirnos tiene una concepción del mensaje político más cercano a entregar a la población el soma de Orwell, antes que esforzarse por demostrar sus méritos y su compromiso con el electorado. “Así, las campañas se convierten en una diatriba para tontos  en un periodo donde las inexactitudes, las medias verdades, las mentiras, los mensajes simplistas y directos y la falta de sinceridad son cotidianos, como demostró RTVE el día del primer debate electoral, dando a conocer las pequeñas mentiras de los políticos”, nos cuenta la periodista Merche Lebaniegos

Los reporteros de eolapaz llevan semanas hablando con miembros de los comités de campaña de pequeños pueblos y ciudades medianas de Cantabria, una región en teoría, donde la asignación de escaños es más incierta e importante, con la finalidad de elaborar un reportaje sobre como los distintos partidos desarrollan sus estrategias para captar el voto y quien es el responsable de campañas, como la presente, tan falaces y pobres solo pensadas para los convencidos y ajenas a quienes desean saber, antes ejercer el sagrado ejercicio del voto. De ahí la multitud de indecisos que estas elecciones presentó.

El primer problema de este tipo de campañas es que salvo que el amado líder aparezca por el pueblo o que cuatro amigos se junten para poner carteles, si quieres seguir la campaña y sus mensajes, no hay más remedio que verlo por las televisiones nacionales

El segundo problema esta en la accesibilidad. Mientras Mercedes Larumbe del PRC nos ofrecía todo tipo de facilidades, los demás partidos proponían fechas inflexibles (por no decir imposibles para jóvenes estudiantes) o, como en el caso de Vox, un intrigante silencio.

Puestos a descubrir la causa que hacia tan difícil conseguir una respuesta a la simple pregunta de cómo se organiza una campaña en las lejanas fronteras del poder, la primera conclusión era fácil, por más que algunos redactores de “enredados” ya fueran parte del cuerpo electoral, pocos tomaban en serio a una revista de jóvenes. Toda una declaración de intenciones sobre el extravagante respeto que algunos partidos tienen a la juventud y sus necesidades. Sembrar futuro parece que no.

“Es el triunfo de la inmediatez de la cosecha de votos, antes que el interés por crear una sociedad informada y responsable. Ni tan siquiera los grandes líderes han mostrado capacidad para concertar de una manera “normal” grandes debates nacionales, imaginaros en un pueblo” nos explica un militante del PP que prefiere que los suyos no conozcan su posición crítica.

Pero había más razones. Uno de los intermediarios entre este periódico y los partidos nos confesaba en una conversación telefónica que los grupos políticos, a nivel local, no poseen apenas cuadros, muchos candidatos ceden a la tentación de ir en listas, ante el agobio a que les someten compromisos personales o incluso laborales. Eso hace que la campaña se dirija de manera poco profesional, esto es, a ciegas, por intuición.

Así las cosas, los afiliados y candidatos disponibles para tareas como escribir en los medios, manejar redes o difundir mensajes claros en puntos de encuentro con el ciudadano son más que escasos.

Porque, claro, organizar una campaña, en cuanto medios humanos no es solo un problema cuantitativo, sino cualitativo. “Si buscas obtener información de alguien con cierta formación, política y cultural, para poder contar o escribir algo legible y coherente, y con disponibilidad de tiempo, ya puedes rezar a San Judas Tadeo”, nos dice, no sin sorna, el periodista Luis Ezquerra.

El PRC tiene una estructura sólida en toda la región al ser un partido local, y cuentan con Revilla, que habla por todos. En el caso del PP y del PSOE las purgas de Casado y Sánchez han dejado a sus plantillas tiritando y en lo que queda de tiempos pasados, el rencor no facilita un mensaje único ni solidario, nos comenta un ex concejal socialista defenestrado por el nuevo comité electoral. Para Vox, tener gente preparada para organizar una campaña no es problema, porque para twittear burradas o dar mensajes cortos y simples vale cualquiera. Quedan Ciudadanos y Podemos. Los primeros solo podían atender a un medio de prensa como nosotros un miércoles a las 9, era el único momento en toda la campaña en que tenían tiempo, cuando sus actos no son precisamente masivos. Los segundos se suelen mostrar más accesibles, pero su lenguaje es confuso, porque es muy dispar en cada región, provincia y municipio.

Así que para la propaganda tradicional solo queda en cada partido un reducido grupo que debe multiplicarse en actos, debates de televisiones locales y notas de prensa. Y es que siempre discutimos la necesidad de que la política no debe profesionalizarse, pero ello también conlleva sus riesgos. Partidos mudos y extremadamente dependientes de la nomenclatura nacional.

A ello hay que unir que los responsables de campaña solo funcionan a través de rutinas y argumentarios dirigidos por correo electrónico fuera de lo cual cualquier novedad se les hace un mundo. Algo curioso en quienes predican ilusión, novedad, avance y progreso.

Y nos queda el cainismo, ese vicio tan español que hace que tu enemigo espere a la cola de tu cólera, porque antes está tu compañero. “Puede que una agrupación local tome una iniciativa y que a las pocas horas otra o un superior jerárquico te la arruine más que nada para evitar que, si la idea tenia éxito, este no supusiera el ascenso del que lo apoyaba, y el arrinconamiento del que, por este motivo, ahora nos cerraba el paso” opina un viejo militante del PP con el que hemos conversado al sol, en un banco situado frente a su sede..

Eso sin hablar de las redes sociales y los espacios virtuales. A nivel local, casi todos nos han confesado, extraoficialmente, que los partidos prohíben a sus agrupaciones que creen una estrategia en las redes, ante el miedo de que sea peor el remedio que la enfermedad. Como mucho puedes encontrarte con una pelea de gallos entre dos individuos de dos partidos, a título personal, sin miras ni evaluación de consecuencias.

Así que todo se reduce a la voluntariosa presencia en las calles de los que son ya cargos públicos o van el un lugar de salida en las listas, en algún mitin para los amigos, mantener la zona reservada a carteles libre de pintadas y acudir a algún medio local a balbucear las pocas ideas que Madrid determina.

Los antiguos griegos planteaban sus comicios no solo como un proceso de elección de cargos y tareas, sino como una oportunidad para el debate sincero y abierto sobre lo que son, y lo que quieren ser, en un ejercicio de integración nacional en la política y en un ejercicio de transparencia.

Pero aquí y ahora no es así.

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