Rusia se hace con Kazajstán

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A imagen de los antiguos sátrapas del imperio persa, el presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev ha hablado este fin de semana con el “emperador” Vladímir Putin, que este tranquilo, que la situación en Kazajistan está en vía de control, tras un levantamiento que ha provocado cerca de un centenar de muertos entre policías y manifestantes, más de 4.000 detenidos y un número indeterminado de desaparecidos. La conversación es algo más que una charla entre vecinos agradecidos por el apoyo del prójimo es una manifestación pública de la pleitesía del gobierno kazajo a la gran Rusia, garante de su orden geoestratégico en Asia Central, lugar en donde Rusia no se anda con chiquitas, mandando tropas y ofreciendo todo tipo de apoyo al actual autócrata kazajo, como la detención del exjefe del espionaje por alta traición al Estado, lo que revela un duelo a muerte por el poder en el país centro asiático.

Por su parte, el gobierno ruso, en un comunicado, se muestra complacido con el inicio del final de la crisis y ha apoyado la convocatoria de una cumbre por videoconferencia entre los líderes de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (CSTO), la alianza militar que encabeza Rusia y que ha desplegado de momento 4.000 soldados rusos y otros centenares de otras repúblicas ex soviéticas, prestas a luchar contra “El terrorismo”, forma con que la diplomacia ex soviética tilda a los pueblos que luchan por su libertad en un mapa lleno de dictadores envueltos por la pátina democrática de elecciones amañadas.

En esa línea Tokáyev ha afirmado que solo en Almaty, la antigua capital y ciudad más poblada del país, habían aparecido, según sus palabras, “20.000 bandidos y terroristas” de oriente próximo, bandas mafiosas y extremistas islámicos.

Para gozo de rusos, chinos y europeos (preocupados, sin más), la actividad está volviendo a la normalidad en este mega productor de hidrocarburos y aunque el aeropuerto internacional sigue cerrado el Ministerio de Energía ha anunciado que las plantas de gas han vuelto a abrir y las refinerías de petróleo ya trabajan como antes del inicio de la crisis.

La crisis kazaja parece un calco de tantas revoluciones. Todo, aparentemente comenzó por las quejas en la región de Mangystau (oeste) por el encarecimiento del gas licuado de petróleo, que se emplea allí en tres de cada cuatro automóviles. Y ya se sabe, cuando se enciende una mecha junto a un pozo de petróleo, el incendio se extiende, en este caso por todo el país y ya con un armazón (y ahí está la clave) político. Amenazado su poder, el actual presidente Tokáyev destituyó a todo el que se movía y paralizado por el miedo tomo en sus manos, sin nadie más de apoyo que los rusos, el poder ejecutivo y el control de las fuerzas de seguridad, hasta ese momento en manos de su predecesor y “padre de la patria”, Nursultán Nazarbáyev, quien gobernó durante casi tres décadas y que ahora parece sospechoso de intentar un golpe palaciego.

La purga ha comenzado por el director del Comité de Seguridad, organismo responsable de los servicios de espionaje, Karim Masimov por sospechas de alta traición al Estado. Tras ello Tokáyev, que no se fía de nadie en el gobernó de su país solocito ayuda a la CSTO (formada por Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kirguistán, Tayikistán y la propia Kazajistán) para recibir de la alianza unos refuerzos destinados no a dispersar a los manifestantes sino a proteger “puntos clave” del país.

Curiosamente Masimov era uno de los hombres de confianza no del actual presidente, sino del expresidente Nazarbáyev, con quien fue primer ministro en dos ocasiones antes de ponerse al frente del espionaje, en 2016.

Nazarbáyev, de 81 años, estuvo al frente de la república desde la caída de la Unión Soviética hasta 2019, cuando cedió el testigo a su delfín Tokáyev ante unas elecciones que la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) declaró irregulares por el veto a candidatos independientes. Nazarbáyev no ha sido visto de manera pública desde el 28 de diciembre, cuando viajó con Tokáyev a San Petersburgo en dos aviones distintos.

El estrecho vínculo entre el exjefe del espionaje Karim Masimov y Nazarbáyev es resaltado por el portal Eurasianet, especializado en Asia central que sospecha que además del hartazgo de la población ante la falta de libertades, se encuentra Rusia, que busca reforzar la posición de Tokáyev, mucho más dócil a Moscú. No es baladí que Tokáyev se haya dirigido a la nación en ruso y que firmara tres días antes del inicio de las protestas una ley que impone en el sector servicios la rotulación obligatoria en kazajo y anula la obligatoriedad de hacerlo en la lengua eslava, cuando días antes Putin advirtió de que Kazajistán “es un país rusoparlante en todo el sentido de la palabra”, y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, denunció semanas antes que las élites kazajas han virado hacia “un sentimiento antirruso” e islamista bajo la influencia del panturquismo del mandatario Recep Tayyip Erdogan, presidente de una Rusia enfrentada a Rusia por el control del Asia Central, morada por pueblos mayoritariamente musulmanes.

Hay que entender en todo este laberinto político que Kazajistán es una nación multiétnica y vecina de China (preocupada por el intervencionismo ruso en su propia frontera), tradicionalmente aliada de Rusia, tanto en la CSTO como económicamente en la Unión Euroasiática. Un análisis de esta crisis publicado por el centro de estudios Carnegie de Moscú destaca que el sistema kazajo “ha tenido enormes fallas que han llevado el descontento a millones de personas por la distribución de sus riquezas”, lo que “ha llevado a su fin a la era de Nursultán Nazarbáyev”, pero de la crisis sale ganadora Rusia. “El Kremlin resuelve varios problemas a la vez. Primero, preservará un régimen amistoso, que es uno de los intereses fundamentales de la política exterior rusa. Y sin perder un soldado, mejor. Segundo, elevará la autoridad de la CSTO, que se vio sacudida por los recientes hechos de Kirguistán y Nagorno Karabaj. Y tercero, una intervención eficaz y rápida de las tropas fortalecerá la posición de Rusia en la nueva generación de la administración kazaja, de la que Tokáyev dependerá cada vez más”, destaca el informe de los expertos Aleksandr Gabuyev y Temur Umarov.

Como siempre, en estos casos hay daños colaterales no esperados y es que por los ordenadores kazajos pasa el 20% del tráfico mundial de criptomonedas, un mercado copado por China, y el apagón de internet en el país ha colapsado y hundido el mercado. Cosas de internet.

Fuente el País y Público

Imagen InfoLibre

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