Ooho, las botellas de agua que se comen

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Los envases de plástico son un grave problema medioambiental, ya que su descomposición es larga. Además, las sociedades modernas se han acomodado en la cultura de usar y tirar y grandes multinacionales han encontrado un filón que se resisten a perder.

El resultado es que en nuestro planeta se consumen nada menos que 1,9 millones de botellas de plástico al día. Solo en Estados Unidos se venden 50.000 millones al año. Para producir esa cantidad, son necesarios 17 millones de barriles de petróleo. Pero no solo es un problema de empleo de recursos. Las malas prácticas en el reciclado, por parte de los usuarios arrastran a mares y ríos cantidades ingentes de este material que está poniendo en riesgo la vida en los océanos y la nuestra propia a través de los micro plásticos que ingerimos a través de la cadena alimentaria.

Ello ha llevado, sobre todo desde 2017, a una carrera por encontrar soluciones. No solo por conciencia ecológica, que esa a veces no la encuentras, sino por el impacto económico que traerán legislaciones como las aprobadas en Europa, y más aún este año en Méjico y Chile. Por eso la búsqueda de alternativas a estos envases han movilizado ingentes recursos desdén grandes empresas a pequeños emprendedores.

Una de esas iniciativas es el de las llamadas burbujas de agua. Este nuevo método consiste en sustituir las botellas de plástico habituales por unas burbujas, denominadas “Ooho”, las cuales contienen agua u otro liquido en su interior.

Una conocida empresa londinense, Skipping Rocks Lab, desarrolló el nuevo método hace año y medio. La ventaja es que estas burbujas tardan en degradarse unas pocas semanas al contrario de los envases plásticos. Estas burbujas han sido fabricadas a partir de algas marrones, cloro y calcio mediante la ya conocida esferificación de la cocina molecular. Además, se necesita nueve veces menos energía y cinco veces menos dióxido de carbono para su creación en comparación a las clásicas botellas. El diseño actual tiene la capacidad para 50 mililitros, la cantidad necesaria para saciar la sed.

Su uso consiste en hace un pequeño agujero en la superficie del envase para luego absorber el líquido que estas contienen. Después de haber consumido estas burbujas existe la posibilidad de tirarlas o comerlas. En el caso de tomar la decisión de comerlas, hay que conocer el dato de que son insípidas, pero si se desea se puede añadir un sabor.

Cualquier individuo que desee crear su propia “Ooho” podrá hacerlo si tiene agua, lactato de calcio y alignato de sodio, compuestos fáciles de encontrar en una droguería. Las novedosas burbujas podrían suponer el fin a un problema mundial como es el abastecimiento de agua en ciertos países y la protección de los ecosistemas, una vez él método se perfecciones, porque para su venta y popularización se sigue investigando para solventar los problemas de embalaje y transporte. Milán, una de las primeras ciudades europeas en colocar en sus vías públicas fuentes de agua con burbujas (lo que reduce el consumo de agua) estudia ahora instalar dispensarios de estas burbujas de algas.

Pero no es la única manera de luchar contra el plástico y acomodarse a las nuevas legislaciones. Otra vía es la concienciación como demostraron hace tiempo Patricia Reina y Fernando Gómez, autores del blog “vivir sin plástico” que han demostrado que una familia normal puede producir al año el equivalente a un frasco de residuos plásticos. Para ello Patricia y Fernando recomiendan la compra a granel y evitar los productos de un solo uso, empleando como envases el papel, el tetrabrick o el cartón, por ejemplo, volviendo a los viejos usos de nuestra sociedad donde las pinzas de la ropa eran de madera y los recipientes de líquidos de cerámica o barro. Aunque ¿os imagináis como sería pasar el control de un aeropuerto con un botijo?

Pero hay otra línea de trabajo interesante: los materiales comestibles. La empresa Bakeys Edible Cutlery lleva un año diseñando cubiertos de un solo uso que en lugar de tirarse los puedes usar como si fuera el postre, y todo a una sana combinación de mijo, sorgo y un toque de sal. En esta línea esta la startup española SORBOS, que produce pajitas biodegradables y comestibles.

Pero, si hay tantas alternativas que preservan nuestro modo de vida y la sostenibilidad del planeta, ¿dónde está el problema?

En muchos países de América Latina la legislación va por delante de la europea, obligando a un cambio más rápido. El resultado ha sido que la patronal Acoplasticos haya desenterrado el hacha de guerra. Para las empresas, sustituir las bolsas utilizadas para embalar, cargar o transportar paquetes y mercancías, los envases y recipientes para contener alimentos como leche y aceite, las botellas y tapas para bebidas no es una solución viable, pues “su aplicación generará efectos indeseados, en términos sociales, económicos, e incluso.

El poderoso empresario del plástico y líder de la patronal latinoamericana denuncia que en esta parte del mundo se está poniendo en práctica una política muy agresiva, en términos comparativos con el resto del planeta. Para ello argumenta que solo en Colombia el sector en Colombia genera 1,2 millones de toneladas por año, con una facturación de 17 billones de dólares, entre materia prima y productos terminados.

Además, Mitchell, denuncia que los grandes esfuerzos en el cambio tecnológico y en la readaptación de materiales se está haciendo en países con una culpa muy limitada en la contaminación global por plásticos, mientras que los grandes destructores del medio natural, como EE. UU. y algunos mercados asiáticos, dan de lado estos cambios apostando por la  “economía circular”. Algunos incluso apelando a la necesidad de mantener los embalajes de plástico en algunos productos y prótesis internas por cuestiones de asepsia.

El problema ya es una amenaza, las soluciones empiezan a aflorar, solo nos queda esperar a ver quién gana esta guerra.

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