Nicole Girard-Mangin

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@hablineses

Se cumplen 140 años del nacimiento de una de as grandes contribuyentes a la ciencia médica moderna, y primera mujer en desempeñar cargos de responsabilidad en el frente de la Primera Guerra Mundial.

Siempre había sido su pasión la vida. Siempre había sido su horizonte cuidarla, así que cuando un error administrativo la movilizó por error el 2 de agosto de 1914, no se lo pensó, oculto su condición femenina y se incorporó a filas buscando su destino en Verdún.

Así empieza la historia de una pionera, de la que este año celebramos el 140 aniversario de su nacimiento, Nicole Girard-Mangin,  la única doctora asignada al frente de la Primera Guerra Mundial, en una sociedad en la que la mujer tenía un papel casi irrelevante.

Nació en París en 1878, con el destino escrito de hacer historia. Cuando cruzó las puertas de la facultad de medicina de Paris en 1896 se convirtió en una de las primeras mujeres en entrar en la ciencia hipocrática. Siempre con sus libros bajo el brazo, siempre con ese aire distraído que tanto llamaba la atención de sus compañeros, siempre volando sobre el paraninfo con aquel cuerpo menudo. Ni su breve matrimonio con Andre Girard ni Ettiene, el hijo nacido de aquel matrimonio fueron argumento suficiente para alejarla de la medicina.

Profesora libre en la Sorbona, se comenzó a ganar un nombre gracias a un ambicioso trabajo, para la época, sobre profilaxis antituberculosa lo que la convirtió en una referencia en enfermedades pulmonares. No sería el único campo de trabajo de la joven doctora, cuyos trabajos también estarían relacionados con los venenos cancerosos

Enrolada en el ejército francés, su destino en el apacible, hasta 1916, Verdún se convirtió para ella en una oportunidad de ensayo y avance en sus investigaciones. Encargada también del pabellón de soldados con fiebres tifoideas, cuando Verdun se tambaleba ante la gran ofensiva alemana de 1916, Nicole se negó a abandonar a los soldados de su hospital protagonizando un acto heroico para salvarles que le haría ganar no pocas marcas en su piel.

Nicole con su inseparable perro Dum, que la protegia de los hombres de su regimiento en Verdún

Pero ni eso, ni sus servicios en los desagradables pabellones de Bourbonne-les-Bains, en los Vosgos, ni su trabajo con los soldados gravemente heridos del hospital Glorieux de Verdún la sirvieron para que su fama la protegiese. Girard-Mangin, siempre escoltada por su fiel perro Dum, tuvo que hacer frente a la voracidad sexual de sus compañeros, a la inquina de quien veía en aquel rostro un malvado demiurgo vestido de mujer, a quien presentía en ella solo una victima propicia en aquel mundo destruido por la maldad y el sufrimiento.

Pero nada la perturbó en sus objetivos ni en la fe en la humanidad. Tras la cruel campaña de Verdun se la encomendó la dirección del Hospital Édith Cavell de París, de donde pasaría, ya acabada la guerra, a colaborar con la Cruz Roja, investigando y dando esperanzas a los enfermos.

Pero el dolor de la guerra y, aun más, de la presión de un mundo misógino la irían conduciendo tercamente a su final

El 6 de julio de 1919, agotada por el trabajo y derrotada por un cáncer fue encontrada muerta, probablemente de una sobredosis, evitando así el dolor que tanto había querido evitar a los demás.

Así se enterró, entre sus ruinas, la memoria de una de las grande mujeres del siglo XX, testigo sigiloso de la crueldad humana y de la esperanza que puede crear la ciencia, olvidada por ser mujer hasta que un sello del servicio postal francés retomó su recuerdo, ese que entre estás líneas queremos que no se pierda.

Imagen L´Histoire par les femmes

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