Más allá de Ceuta: Haidar

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Ya se sabe que España es un país de misterios, pero lo del Sahara supera hasta a Iker Jiménez. Es un misterio porque nadie sabe a ciencia cierta como acabamos allí y por qué estamos aquí. También es un misterio por culpa de quien nos largamos. Más aun porque España decidió abandonar y traicionar a un territorio tan “vinculado a nosotros”. Y ya puestos, porque le tenemos tanto apego y una parte del país, especialmente el cine y la izquierda política lo defienden tanto, con las perrerías que nos hicimos mutuamente, soldados y polisarios, durante la época colonial. Pero los humanos somos así, cambiamos de opinión.

Hoy, el debate sobre el Sahara, su futuro y nuestra responsabilidad en él se reabren, como viene siendo costumbre periódicamente, por culpa de un viejo soldado acusado de genocidio, un hospital en Logroño y una nueva tragedia humana en Ceuta y Melilla. Y es que vivimos una nueva Marcha Verde, como hace 40 años aquel gigantesco movimiento físico de marroquíes, desplazados por su real gobierno en los meses en que agonizaba Franco, para ocupar la excolonia española. Era evidente que las mal dotadas tropas españolas no iban a disparar contra una ingente masa de civiles. Y así ocurrió, España fue literalmente empujada, y los saharauis literalmente abandonados a su suerte.

Desde entonces, pocas voces se elevan más allá del silencio impuesto sobre la excolonia por el gobierno de Marruecos que ha seguido con los habitantes del Sahara la misma política que con los españoles, echarlos por aplastamiento, y en silencio.

Una de esas voces irreductibles es la activista polisaria Aminatu Haidar. Haidar es una mujer menuda, de aspecto frágil y enfermizo, de casi sesenta años, siempre envuelta en coloristas melfas, que, con su actitud y la inestimable ayuda de actores y medios, ha alcanzado la popularidad, muy al pesar de los respectivos gobiernos españoles, entre la opinión pública española.

Como es de esperar, sus méritos no conciertan la unanimidad de la gente. Para los marroquíes es una traidora vende patrias, una vendida a los servicios de espionaje occidentales. Para una buena parte de su pueblo una suerte de Ghandi saharaui que ha encontrado en la esfera internacional un importante reconocimiento en los últimos años a su defensa de los derechos de los saharauis.

Haidar, que, entre otros, ha recibido reconocimientos internacionales como el Premio al Coraje Civil de la Fundación Train, y el Juan María Bandrés de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (Cear) y el galardón de Derechos Humanos de la Fundación Robert Kennedy, ha vuelto a denunciar estos días (aunque la prensa no lo resalte) las persecuciones de sus compatriotas en su propio país por la violenta gendarmería marroquí. Lo ha hecho desde Canarias, porque tanto merito anti marroquí no podía quedar sin recompensa, así que cuando la activista pisa su ciudad, El Aaiun, la capital del Sahara ocupado, los marroquíes la despachan para Canarias.

La última vez que esto ocurrió, nos representaba el inefable zapaterista Miguel Ángel Moratinos. Y aquí empieza la esquizofrenia de nuestro país respecto al Sahara, al que tanto amamos y tan poco dispuestos estamos a ayudar.

En aquella ocasión Haidar deseaba regresar cuanto antes a su ciudad, Marruecos no la quería, Moratinos no se aclaraba y la chica acabó durmiendo en el aeropuerto de Lanzarote, a lo Tom Hanks en la “Terminal”, y en brazos de Guillermo Toledo, uno de los ciudadanos españoles de pensamiento y actitud más inclasificable, que se fue para allá, a consolarla.

Han pasado los años, y Haidar sigue ahí, gritando en el desierto. Pensado fríamente resulta lamentable que una mujer de salud endeble y dos hijos adolescentes tenga que jugarse el tipo para reclamar los derechos de su pueblo, ante la actitud impasible de una comunidad internacional que lleva la friolera de 40 años buscando una solución al problema.

Resulta que, en plena muerte de Franco, Marruecos invadió la colonia española con la misma velocidad con que nuestras tropas embarcaban, dejando a la población civil a su suerte y a los españoles allí instalados peor. En un más difícil todavía, España firmó un acuerdo internacional que cedía los derechos sobre su colonia a los vecinos Marruecos y Mauritania. Tras la renuncia de esta última, el reino Alauita se quedaría con todo. La población se organizó y tras una breve guerra, una buena parte de la población acabó fuera de su país, abandonados a la caridad internacional, en medio del infierno del desierto argelino, en que este país les dejo asentarse, y separados de su tierra por un gigantesco muro (otro Berlín) que levantó Marruecos para proteger su botín. Tras múltiples titubeos, las Naciones Unidas decidieron enviar un embajador especial para solucionar el problema. El embajador, el norteamericano James Baker, propuso un referéndum entre la población para que esta decidiera su destino. De risa. Con la mayoría de los saharauis fuera, Marruecos se ha hinchado a llevar colonos fieles, con lo que ahora, 40 años después, el referéndum es inviable, la población que ahora habita allí es otra de la que había, y distinta, y marroquí, imaginaros lo que van a votar.

Ante ello, la presión de los saharauis se ha intensificado en dos frentes. De un lado pedir que solo voten los saharauis, los antiguos, no los nuevos colonos. De otro, voces sin miedo como la de Haidar, piden la libertad del territorio sin voto ni nada, por las bravas. La respuesta del monarca marroquí Mohamed VI no se ha hecho esperar. Más vigilancia militar, más represión y leña a activistas como Haidar, en un mensaje muy claro “O se es marroquí o no se es nada, no existe una posición intermedia entre el patriotismo y la traición, como tampoco se puede seguir disfrutando de los derechos de la ciudadanía a la vez que se reniega de ella”.

Pese a las amenazas Haidar sigue elevando su voz, aunque ya no pueda residir en su tierra, si no en Canarias. Su primera detención fue con 21 años. La tuvieron siete años encerrada, con los ojos vendados, atada y desnutrida. Siete años. Y todo por pedir ser libre. Otros seis meses de tortura en 2005, en la llamada Cárcel Negra de El Aaiún, por participar en las protestas populares contra el rey. Consiguió salir tras una dura huelga de hambre y la presión internacional.

Pero nada la ha doblegado. De mirada serena, de hablar calmado, sus convicciones siguen igual de firmes, y su valentía intacta, luchando por defender lo que es suyo. Ahora sin embargo es portada, pero más por otros que por ella.

Al final lo triste no es la penuria de ese pueblo, ni la absurda situación de Haidar, sino el papelón de un gobierno que hace años ha abandonado su responsabilidad descolonizadora, bailando el agua a la dictadura monárquica de Marruecos. Así que ahora tener a esta mujer en Canarias resulta incómodo. El gobierno español (da igual cual sea) se inhibe y la Junta de Andalucía se declara favorable a las tesis soberanistas de los marroquíes sobre un territorio que no es suyo. Y ante eso, y para endulzar la situación, nos traemos a los niños saharauis una vez al año, para que no estén tanto al sol, hacemos un festival de cine al año, les llevamos gafas al desierto e Izquierda Unida organiza alguna que otra manifestación. Pero si ellos no necesitan eso. Solo necesitan su tierra, como Haidar, solo quieren volver a casa.

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