Los fuegos de invierno

0 688

Así los llama Jesús Oria, ex Consejero de Desarrollo Rural, Ganadería y Pesca del Gobierno de Cantabria, además de Gaspar Anabitarte, secretario de la asociación ganadera UGAM –

COAG, quien piensa que la quema controlada de montes es una alternativa secular y efectiva al desbrozamiento que facilita el nacimiento de los pastos de primavera. Pero este año, la situación en nuestra región, Cantabria, se ha descontrolado.

509 fuegos, 1300 hectáreas quemadas y 2 detenidos en un mes. Un escenario incontrolable en una comunidad escarpada y donde no existe una extensión forestal continua, sino un mosaico de bosques y praderías que obligan a dividir los recursos que existen. Unos recursos que han sufrido en los primeros meses del año una reducción considerable, tanto en cuadrillas forestales, como en reposición de material y en programas de actuación (construcción de cortafuegos o retirada de combustible). Estos recortes han elevado las críticas de los ganaderos, que se sienten justificados para tomar iniciativas y conseguir pastos, dada la falta, según ellos, de actuaciones de la Consejería.

La política de contención del gasto, sin embargo, no sólo ha afectado a los medios, sino a los planes de lucha contra el fuego. Tras la apertura de un primer helipuerto en la localidad de Ruente, el aeródromo de Valderredible, ya construido, duerme el sueño de los justos. Situado en el borde sur de Cantabria, su pasillo de despegue se solapa con un parque eólico en la vecina Burgos. Nadie hasta ahora ha tomado la iniciativa de reactivar esta infraestructura, a punto de quedar diluida entre la maleza.

Pero no siempre los riesgos medioambientales vienen de la mano de los errores públicos. Un buen número de ganaderos cántabros de ganadería extensiva cobran ayudas de la PAC. Para ello, deben justificar el uso de praderías que, en muchas ocasiones, alquilan a los ayuntamientos, dado que un 70% de los montes de Cantabria son de utilidad pública, con lo que estos obtienen de ello una buena fuente de ingresos (entre 10 y 20 € por hectárea).

Sin embargo, muchos de los montes se encuentran llenos de zarzas, “echados a perder”, y no aptos para el pasto, como nos cuentan ciertos ganaderos de la zona de Polanco, a pesar de lo cual son declarados como de uso ganadero para la obtención de ayudas. Una somera investigación de la UE ha detectado la situación, notificando a los ganaderos que no pueden declarar parte de esa superficie para obtener las ayudas, las cuales han sido retenidas en muchos casos, como nos cuentan varios ganaderos del Valle de Soba. Para algunos ganaderos, la mejor solución ha sido el tradicional “cerillazo”, a fin de obtener limpieza y pasto rápido, con los resultados conocidos. Pero no sólo estamos ante una perversión de la ley, sino ante un grave problema cultural. Como nos explicaba Jesús Oria, hay ganaderos que ven en el monte un ecosistema incompatible con la explotación ganadera. De ahí que en los últimos años se hubieran intensificado los programas educativos, los proyectos de colaboración europea como el acuerdo entre Aquitania, Braganza y Cantabria, que pretendía introducir especies ganaderas aptas para el uso en montes, o la puesta en marcha de centrales de biomasa, como la proyectada en Reocín, que harían rentables las labores de silvicultura. Mientras la actitud persista, la deforestación aumentará y, con ella, el fin de nuestra biodiversidad.

Imagen Rtve

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More