La Segunda Guerra Púnica

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Para entender la Segunda Guerra Púnica hay que conocer primero el contexto en el que se inició y lo que había ocurrido en los años anteriores. Cuando estalló el conflicto, en el 218 a.C, las dos potencias, romanos y cartagineses, venían de cerrar una paz fruto de un primer enfrentamiento bélico. Por entonces el centro del mundo era el Mediterráneo occidental, es decir, los territorios que bañaban el oeste de esta inmensa porción de agua. Sus costas estaban dominadas por dos grandes Imperios: de una parte, el imperio Romano que ocupaba la península de Italia y algunas islas próximas y de otra el imperio cartaginés cuyos dominios se extendían por el norte de África y que pretendía expandirse hacia la península ibérica.

Aquel primer conflicto bélico, entre el 261 y el 241 a.C, conocido también como la Primera Guerra Púnica, se había iniciado por la intención de los romanos de conquistar Sicilia. La guerra se decantó entonces del lado de Roma que acabó ocupando una isla de gran importancia estratégica para controlar el Mediterráneo. Como consecuencia de su derrota, los cartagineses, también llamados históricamente “púnicos”, se quedaron muy debilitados económica y comercialmente. El acuerdo de paz que firmaron con Roma, conocido como “Tratado del Ebro”, les obligó a pagar grandes indemnizaciones a los vencedores.

Tras aquella primera guerra Cartago estaba humillada y exhausta, pero no renunciaba a recuperar su gloria. Y precisamente fue ese tratado entre vencedores y vencidos el embrión de un segundo enfrentamiento entre ambos imperios y en concreto la forma en que las dos potencias se repartieron Hispania. En el acuerdo de paz romanos y cartagineses acordaron que se dividirían Hispania -también llamada Iberia- en algo parecido a dos mitades: los territorios al norte del río Ebro serían zona de influencia romana, mientras que aquellos ubicados al sur estarían en manos de Cartago quien poco a poco fue recomponiéndose y ansiaba conquistar territorios y riquezas en la península ibérica. Todo apuntaba a que tarde o temprano las dos grandes potencias del Mediterráneo acabarían por volver a enfrentarse. Lo que evidentemente ocurrió.

Una maniobra militar sin precedentes

La mecha que encendió la llama tuvo como protagonista una ciudad en concreto, Sagunto, lugar muy cerca de lo que hoy es Valencia. Sagunto se encontraba ubicada dentro de la zona de influencia de los púnicos pero estaba aliada con Roma. Lógicamente Cartago no podía consentir esto y en el año 218 a.C el general Aníbal Barca, gran militar y mejor estratega, puso cerco a Sagunto y la ciudad pidió ayuda a Roma que declaró la guerra al imperio norteafricano. La guerra era inevitable. A partir de entonces se inicia un conflicto que duraría 16 años y que iba a decidir la Historia de Occidente.

El plan de Roma era organizar una doble invasión: creían que la guerra se desarrollaría en Iberia y desembarcaron tropas en África y obviamente también en territorio hispano, estas últimas al mando del entonces cónsul Publio Cornelio Escipión, personaje a la postre decisivo en el devenir del conflicto. Roma creía que Cartago plantaría cara en Iberia pero los púnicos, que se sabían más débiles por mar y no podían acercar muchos barcos a las costas hispanas, plantearon una acción militar sin precedentes y sobre todo inesperada por Roma: invadir Italia por tierra.

Al frente de un gran ejército en el que también se encontraban varias docenas de elefantes-en una imagen ya legendaria para la Historia- Aníbal Barca cruza a pie los Pirineos y los Alpes y conquista el territorio italiano logrando humillar al imperio romano en las famosas batallas de Trasimeno y Cannas. El ejército de Cartago llegó incluso a estar a las puertas de Roma pero nunca logró entrar en la capital. Poco a poco y desgastado por tantas batallas, el imperio cartaginés empezó a perder fuerza principalmente en Hispania y Sicilia. Tras quince años de enfrentamientos el rumbo de la guerra comenzó a virar del lado romano.

La victoria de Roma en la península ibérica al mando del ya comandante Escipión, también llamado “el africano”, fue la puntilla definitiva para los púnicos que tuvieron que replegarse. Las legiones romanas regresaron entonces a Sicilia y se reunificaron en muchos otros territorios. Como tenían mejores barcos y estaban reforzados por algunos otros enemigos de los púnicos, Escipión decidió dar el giro definitivo a la guerra: el asalto a Cartago. La batalla de Zama en el 202 a. C. supuso la derrota definitiva para el imperio cartaginés. Una derrota que dejó a Cartago sin sus colonias comerciales y la obligó a firmar un tratado de paz en el que su antaño enorme imperio quedaba reducido a la nada o, lo que es lo mismo, a la ciudad y poco más. Aquel final fue la antesala de un tercer y definitivo conflicto, la Tercera Guerra Púnica, que tan solo unos años más tarde reduciría a cenizas la capital del imperio cartaginés.

Relación de fuentes consultadas:

-1- Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_guerrapunica

     Autor: Fundación Wikimedia, Inc.

     Estados Unidos

-2- Fuente: http://www.historia-roma.com/index.php. “Historia sencilla de Roma”

     Autor: audioguiaroma

     Madrid (España)

-3-Fuente: https://www.omniamutantur.es/wp-content/uploads/218-La-segunda-  

    Autoras: Carmen Cobo López y Raquel Córdoba Rodríguez

    Ministerio de Defensa (Secretaría General de Política de Defensa).

    Madrid (España)

-4- Fuente: https://concepto.de/guerras-punicas/

     Autor: María Estela Raffino

     Argentina

-5- Fuente: http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=6628

     Autor: Gran Enciclopedia Aragonesa /El Periódico de Aragón

     Zaragoza (España)

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