La pobreza de aquí

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Cuando oímos hablar de pobreza siempre pensamos en los países del Tercer Mundo. Nos imaginamos a los niños africanos hambrientos que salen en la televisión, las calles sin asfaltar, los mendigos, las chabolas, las personas desarrapadas y sucias de lugares alejados de nuestros países desarrollados, sin agua ni otros servicios de primera necesidad. Esa es la pobreza absoluta, que es cuando no se alcanzan ciertos niveles mínimos en las condiciones de vida, como nutrición, salud, educación, vivienda, etc. El umbral económico de la pobreza se sitúa en un dólar por persona y día como cantidad suficiente para comprar productos que permitan sobrevivir.

El Tratado de las ONG sobre la pobreza la define como “la situación de privación de los elementos esenciales para que un ser humano viva y se desarrolle con dignidad física, mental y espiritual, teniendo en cuenta las necesidades con relación al género, capacidad/incapacidad, los valores culturales, edad y grupo étnico”. Pero existe otra pobreza, la pobreza relativa, que compara las condiciones de vida de las personas en una sociedad dada y consiste en que no se tiene el nivel de ingresos necesarios para satisfacer todas o una parte de las necesidades básicas.

Aunque siempre relacionamos la pobreza con países alejados de nuestras sociedades cómodas, lo cierto es que en los países desarrollados existe mucha más pobreza de la que nos pensamos, tanto relativa como absoluta. Según un informe de Médicos del Mundo del año 2003, considerando la pobreza relativa como la que sufren las personas que perciben entre el 25% y el 50% de la renta media disponible, se estima que en España unos 2.192.000 hogares, en los que viven 8.509.000 personas (casi el 20% de la población total) la padecen. Por debajo del 25% de la renta media disponible se habla de pobreza severa, que afectaría a 1.739.800 personas. Estos pobres severos se concentran en zonas urbanas y suelen relacionarse con problemas de delincuencia, alcoholismo y drogadicción. También existen pobres en las zonas rurales, pero suelen ser personas mayores que perciben pensiones que les permiten sobrevivir en esas zonas donde la vida es más barata. Además, se estima que en España existen algo más de medio millón de personas que sufren pobreza extrema. Según Médicos del Mundo, las familias numerosas y muy numerosas, las mujeres mayores que viven solas, los desempleados, las minorías étnicas, las personas desempleadas y las personas sin hogar son situaciones que suelen relacionarse con la pobreza en nuestro país.

Hablando en particular de los niños, el Centro de Investigaciones Innocenti de la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) publicó hace unos meses el informe “Pobreza Infantil en países ricos”, donde se demuestra que la pobreza infantil ha aumentado en los países ricos en la década anterior al estudio. Dinamarca y Finlandia son los países que tienen las tasas más bajas de pobreza infantil, por debajo del 3%. Estados Unidos y México registran las tasas de pobreza infantil más elevadas, por encima del 20%. En España, esta tasa de niños pobres sobre el total de la población infantil es del 13%.

Entre las causas de esta pobreza infantil en los países ricos, UNICEF habla de las familias con un solo padre o con dos padres trabajadores con salarios muy bajos y de la falta de atención de los países ricos a este problema. Además, el estudio demuestra que cuanto mayor es el gasto del estado en ayudas sociales y familiares, menor es el índice de pobreza infantil. De hecho, los países que más dinero destinan a gastos sociales tienen tasas de pobreza infantil inferiores al 10%. El informe sugiere también que muchos de los países ricos tienen la capacidad de reducir la pobreza infantil sin hacer grandes sacrificios económicos ya que no sería necesario aumentar demasiado sus gastos.

La conclusión es que la economía de mercado que se practica en nuestros países desarrollados parece que sirve para crear riqueza, pero que esa riqueza no se reparte con igualdad, sino que unos acaparan mucho más que otros y el número de pobres que sufren pobreza relativa no para de crecer. Así que, aunque la más grave es la pobreza absoluta y las enfermedades y muerte que provoca en el Tercer Mundo, no debemos olvidarnos de las personas que, muy cerca de nosotros, son incapaces de ganar suficiente para tener unas condiciones de vida tan digna como la media de la sociedad.

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