La multiculturalidad en las sociedades del siglo XXI

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Durante el siglo pasado, casi en su totalidad, España fue un país eminentemente emigrante, pues debido a las crisis económicas o sociales, como por ejemplo en la posguerra que sucedió a la Guerra Civil (1.936-39), muchos españoles hubieron de cambiar su lugar de resistencia con la esperanza de conseguir una vida mejor, un trabajo, una oportunidad de expresar su modo de pensar sin temor a las represalias, etc. Entonces, no era habitual encontrar en nuestras calles personas de otras razas o culturas. Sin embargo, desde que comenzó el siglo XXI, es algo común que nuestras ciudades estén llenas de multitud de representantes de otras culturas. Así, podemos decir que nuestra sociedad actual es multicultural.

Se define como multicultural aquello “caracterizado por la convivencia de diversas culturas” (RAE), y multiculturalismo como “reconocimiento del valor relativo que posee cada complejo cultural de las diferentes sociedades o de una misma sociedad, basado en el respeto y tolerancia del pluralismo y en el desechamiento de las hostilidades y exclusivismos de quienes profesan creencias y valores diferentes” (diccionario panhispánico del español jurídico).

Por tanto, podemos afirmar que el multiculturalismo se opone plenamente a la xenofobia o al etnocentrismo, ambas formas extremas de actitud negativa y agresiva frente a los que son diferentes. El multiculturalismo está más relacionado con el relativismo cultural, es decir, no hay culturas mejores o peores que otras, sino que solo son distintas. Es por ello que según este punto de vista, si en un espacio geográfico, físico o social conviven distintas culturas, tiene que haber sin ninguna duda tolerancia y respeto al “otro”.

Durante muchos siglos, España fue un país de convivencia de varias culturas, pues históricamente, ha sido un territorio colonizado, conquistado o invadido por diferentes civilizaciones: indoeuropeos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos, musulmanes, la lista es larga. Todos ellos dejaron diferentes huellas y aportaciones, que son base de nuestra cultura actual. Y es que la cultura, “en sentido etnográfico amplio, es ese todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de una sociedad”, (E. B. Taylor, 1.871). Destaca, por tanto, la labor de instituciones como la Escuela de Traductores de Toledo, que permitió durante la Edad Media la recopilación de materiales literarios de distintas lenguas y procedencias en una ciudad donde convivían pacíficamente las tres grandes culturas del momento, las tres religiones de “libro”: cristiana, judía y árabe. Todo esto se perdió a raíz de la expulsión de los judíos y de los árabes del territorio español, lo que llevó a varios siglos de “cierre cultural” acentuado con reyes absolutistas o con la dictadura franquista.

En los últimos 50 años, no obstante, hemos experimentado una transformación, pasando de ser emisores de emigrantes, a ser país de acogida, recibiendo miles de personas en una época de desarrollo y crecimiento social, aunque bien es cierto que esto se ha detenido algo como consecuencia de la gran crisis económica de 2.008.

La recepción de inmigrantes y por tanto la mezcla de culturas en la sociedad es algo positivo y enriquecedor. La multiculturalidad tiene muchos beneficios, entre los cuales se pueden mencionar los siguientes: la contribución de distintas creencias e ideas a que se fomente el respeto a lo distinto; la posibilidad de aprender de otras formas culturales; la reducción del etnocentrismo, con lo que se crean nuevos conceptos vitales; la innovación y creatividad, con perspectiva más amplia. La multiculturalidad es muy importante ya que favorece el entendimiento de otras culturas desde una posición de respeto, tolerancia y libertad. Sin la multiculturalidad, las sociedades solo conocerían las culturas dominantes y las demás formas culturales quedarían marginadas. En consecuencia, una persona miembro de una sociedad multicultural es capaz de sacar provecho de las diferencias, y no las ve como algo negativo, sino como algo ventajoso.

En conclusión, la Historia nos demuestra que es muy difícil vivir aislado, insensible a la influencia de otras formas de pensar y de vivir, tan respetables como la nuestra y más aún en un mundo globalizado en el que nos toca vivir hoy día, en pleno siglo XXI. No debemos extraer lo negativo de la inmigración, pues es común que se relacione con el aumento de delincuencia y con la multiplicación de conflictos o peleas por las calles de algunos barrios, sino que hay que pensar que estas personas nos aportan concepciones que son tan válidas como las nuestras, a las que consideramos normales, cayendo en una visión etnocéntrica de la sociedad, lo que es un error. Y no debemos olvidar que la Historia es cíclica, y que igual que en los años más duros del siglo XX, la emigración a otros países salvó a muchas familias, ahora son otras familias las que buscan salvar su vida en nuestro país.

Bibliografía:

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