La era Victoriana

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Seguramente todos hemos visto películas o series de televisión que llamamos de época, donde las mujeres llevan vestidos que apenas dejan ver los tobillos y los hombres van con botas altas y pañuelo en el cuello. En el argumento, dos caballeros se disputan el amor de una dama, surgen amores imposibles entre dos personas de distinta clase social, o se narra la trágica historia de un huérfano. La mayoría de ellos versan sobre novelas escritas por autores ingleses del siglo XIX, tales como Jane Austen o Charles Dickens, entre otros. ¿Quién no ha oído hablar de “Orgullo y Prejuicio” o de “Oliver Twist”? Pues todas estas historias están situadas temporalmente en la Era Victoriana.

         La Era Victoriana es el período histórico en que Gran Bretaña se convierte en la primera potencia mundial, con una economía próspera y llegando a formar el Imperio Británico, debido a que el país cuenta con una increíble flota y se hace dueña del comercio marítimo, a la vez que se prepara para la 1ª Revolución Industrial. Dicho período coincide con el reinado de la reina Victoria I de Inglaterra, hija del rey Guillermo IV, una soberana con gran sentido de estado, a la vez que una mujer compasiva, talentosa y de gran inteligencia, comparable quizá a Isabel I de Castilla, la Católica, pues además de gobernar por y para su país, quiso estrechar relaciones internacionales con las distintas casas monárquicas, casando a sus hijos con los herederos de distintas casas reales europeas, al igual que hiciera la reina castellana en el siglo XV. Así, se le atribuye la frase “aún soy joven, pero estoy dispuesta a aprender y dispuesta a dedicar mi vida al servicio de mi país.”

         La era victoriana, también conocida por muchos historiadores como Pax Britannica, estuvo caracterizada por una serie de cambios políticos, culturales, económicos y científicos, que transformaron Inglaterra de un país principalmente agrario en una potencia altamente industrializada e interconectada por una extensa red ferroviaria. Asimismo, la City londinense pasó a convertirse en centro financiero mundial, con la libra esterlina como moneda de mayor importancia en el mercado internacional, sobre la que se asentó el patrón oro, sistema monetario que fija el valor de la unidad monetaria en términos de una determinada cantidad de oro. No obstante, también fue un período de epidemias de cólera, la gran hambruna irlandesa por la plaga de la patata, que redujo en un 20% la población, así como revueltas sociales en todo el imperio, pues casi la mitad de la población mundial del momento era súbdita de la reina Victoria. La soberana fue apoyada principalmente por dos Primeros Ministros, uno liberal, Gladstone, y otro conservador, Disraeli. Ambos son reflejo del sistema de gobierno basado en la alternancia pacífica de los dos grandes partidos ingleses (similar al turnismo canovista durante la Restauración Borbónica en España) y fueron importantes para los logros británicos. A través de guerras de anexión como de conquistas pacíficas, se consiguieron posesiones coloniales en Asia, América, África y Oceanía. El Imperio Británico se caracterizó por una preponderancia militar, naval, industrial y comercial, lo que venía determinado por una protección de comercio e industria por parte del Estado, y un avanzado sistema de gobierno en forma de monarquía constitucional. Como consecuencia de la revolución de 1.688, era necesario que se llevaran a cabo reformas electorales en Reino Unido, las cuales comenzaron en 1.832 (burgos podridos), aunque la más importante fue en 1.867. Su gran novedad era el sufragio universal para los varones urbanos con vivienda en propiedad; para los rurales era necesaria una determinada renta. Por esta reforma, núcleos poblacionales grandes perdieron representación parlamentaria respecto a otros mucho menos poblados. Posteriormente, en 1.884 se conseguiría extender más el derecho a voto, hasta que se consiguió el sufragio universal tras la I Guerra Mundial.

         Sin embargo, no todo fue fácil, sino que la reina hubo de enfrentarse a problemas de diversa índole. Entre estos problemas los hubo internos y externos. Internamente, se enfrentó al nacionalismo católico irlandés; externamente, el Imperio intervino militarmente en conflictos como la Guerra del Opio (China), la Guerra de Crimea contra Rusia o la Revuelta de los Cipayos (India). Tras sofocar esta revuelta, la reina Victoria fue proclamada Emperatriz de la India en 1.876.

         En cuanto a la sociedad victoriana, su moral era muy estricta. Se distinguían claramente tres clases sociales: alta, media y baja, en base a su situación económica, aunque los miembros de familias nobles aún eran reticentes a considerarse iguales a un rico por sus negocios y no por su cuna. La clase baja era la mayoritaria, con condiciones de vida y de trabajo antihigiénicas y miserables, con niños que trabajaban desde los 5 o 6 años como deshollinadores, para poder entrar por el hueco de las chimeneas. Asimismo, había segregación entre los barrios residenciales ricos de las afueras y la zona centro de la ciudad, más sucia y vieja.

         En el contexto de la Era Victoriana, tuvo lugar la Primera Exposición Universal, en Londres en 1.851, a iniciativa del marido de la reina, el príncipe Alberto. Con más de 10.000 expositores de países de todo el mundo, fue un éxito, con unos 6 millones de visitantes. También fue el momento de la publicación de “El origen de las especies”, de Darwin, o el momento de los asesinatos de Jack, el Destripador.

         El reinado de Victoria I terminó con su muerte, el 22 de enero de 1.901, siendo sucedida en el trono por su hijo Eduardo VII. Fue una reina con capacidad de decisión menos limitada que la de los monarcas de las democracias actuales, lo que la convirtió en una gran consejera en asuntos políticos y diplomáticos. Su reinado hizo de Gran Bretaña uno de los imperios más importantes de la historia, pues “No somos dioses, pero somos ingleses que es casi lo mismo” (Michael Caine – ‘El hombre que pudo reinar’ – 1975). De aquel imperio aún queda la Commonwealth, una mancomunidad de naciones inglesas, formada por más de una cincuentena de países independientes, pero que siguen reconociendo en pleno siglo XXI a un monarca común, la Reina de Inglaterra, Isabel II.

Bibliografía:

VVAA. (2.015). Historia del Mundo Contemporáneo. 1º Bachillerato. España. Santillana

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