José María Pereda

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José María de Pereda y Sánchez Porrúa de Polanco (6 de febrero del 1833 – 1 de marzo de 1906) fue un novelista español de la época realista y autor de célebres novelas de costumbres; también fue político, perteneciente al carlismo.

Sus obras más populares son: “Peñas arriba, De tal palo tal astilla, La puchera y, especialmente, Sotileza, por la que obtuvo un gran reconocimiento, lo que le llevó a ser nombrado corresponsal de la Real Academia Española en 1872.

Sus padres se llamaban Juan Francisco de Pereda y Bárbara Josefa Sánchez Porrúa. Su madre nació en Comillas y su padre en Polanco, los dos pueblos de Cantabria. Se casaron muy jóvenes y tuvieron veintidós hijos, aunque sólo nueve superaron a los jóvenes y llegaron a la edad adulta.

Primero vivieron de la agricultura y la ganadería en la localidad natal, donde el autor hizo Educación Primaria, hasta que se fueron a la capital, Santander, para que José María estuviese listo para su comienzo en el Instituto Cántabro de la calle Santa Clara.

 A los once años, en 1843, ya era alumno del instituto donde también estudiaban Menéndez Pelayo, Gregorio Marañón y Gerardo Diego.

Durante el Bachillerato, fue un estudiante de secundaria más aficionado a la caza, la pesca y la vida en contacto con la naturaleza que a otras cosas, por lo que no destacó mucho en sus estudios. También manifestó un temperamento neurótico e hipersensible desde niño.

En 1864 había hecho su primer trabajo bueno, “Mountain Scenes”, lo que lo convirtió en un ídolo local. Ese mismo año puso su mirada en Madrid, donde empezó a publicar en el Museo Universal y en 1866 colaboró ​​con otros autores en el libro colectivo “Escenas de la vida, colección de relatos y cuadros de costumbres”. En su segundo libro, “Tipos y paisajes”, él se esforzó sobre todo en el cuento titulado “Cresta y bolsas”.

En abril de 1869 contrae matrimonio con Diodora de la Revilla y dos años después, comienza su carrera política presentándose como diputado carlista desde Cabuérniga.

Aunque algunos autores actuales han visto en la obra de Pereda vestigios de querer recuperar una lengua cántabra, nada más lejos de la realidad. En 1875, Pereda respondió a una carta enviada por la Real Academia Española el 1 de junio de 1874, pidiéndole que investigara la forma de hablar de La Montaña. En esa carta-informe Pereda dice que en esa región la gente hablaba de una manera muy particular y registra muchas de sus voces, documentando en qué áreas se les escucha y cómo varían en otras, pero señalando que es una forma vulgar, diferente.

Murió en mayo de 1906 en la ciudad donde se crio durante toda su infancia tras sufrir un infarto cerebral.

Se le otorgó en su honor una calle con su nombre en Torrelavega en el año 1911.

En mi opinión, el hecho de que una de las principales calles de Torrelavega lleve su nombre se debe a su estrecha vinculación con la comarca del Besaya, hasta el punto de que este escritor nació en Polanco.

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