Jero, el último indi

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Mientras medio país, quizás vosotros, estaba el sábado pendiente de la liga y el otro medio, afilando la navaja contra quienes gustan de gastar sin medida, yo he sido positiva y me he ido a Madrid a disfrutar de una noche intensa con Jero Romero, he ido a Madrid a un concierto.

Un viaje rápido de unos pocos amigos. Echar unas risas, compartir unas horas, y viajar a la sala Joy, una de las grandes salas de conciertos de España. Me habían prometido que ir detrás de la música de Jero Romero merecía la pena, y a fe que sí. Antes, por aquello de documentarme, había escuchado su segundo disco en solitario, “El grito”. Una joya. Tanto como el anterior, “Cabeza de león”. Luego he querido comprobar si realmente en directo es tan bueno. No lo es, es mejor.

La verdad es que yo ya estaba medio convencida, amante como he sido siempre de sus orígenes, Sunday Drivers, aquellos chicos que tocaban con el Jero de antes, y que crearon aquella maravilla incomprendida llamada little heart attacks.

https://www.youtube.com/watch?v=9X8bSiEs_xM

Jero nació en el eme-pop, luego derivó al rock, con toques indi, más tarde nos sorprendió con Sunday Drivers, algo diferente, intensamente marcado (algo propio de los grupos), por la personalidad perfeccionista y vital de Jero.

Hoy es lo que siempre ha sido, un tipo serio y pasional, que ha extendido el mito de su ingenio en sus conciertos (los ya míticos de Cadius en Madrid), en su web, su blog, su Flickr…

Un tipo que lleva un blog durante la fase de grabación de un disco, y anota en él el devenir del evento, sus dudas conceptuales, sus sentimientos y el desarrollo técnico de la obra, estaréis conmigo que no es uno más.

Todo empezó hace quince años en Toledo, la patria chica de un grupo que solo grababa en inglés, y en Londres o San Francisco. Jero empezó con tres amigos, apasionados del indi y las tendencias de música suburbial norteamericana. Con Jero al micro y las cuerdas, formaron en aquellos inicios Carlos a la batería, Miguel al bajo y Fausto a la guitarra. Solo dos maquetas bastaron para descubrir a los entendidos que estaba naciendo una joya de la música española, quizá el grupo más interesante del momento. Pero tras”02”, el grupo paro. Pocos conciertos, muchos silencios en las discográficas y poca repercusión en las radios. Eran buenos, estaba claro, pero ¿eran comerciales? El empujón se le daría el portal de música Popmadrid.com cuando en 2002 les invito para un concierto en la sala Moby Dick . Rock Indiana, los vio y de inmediato les ficho, naciendo su primer disco “The Sunday Drivers”. Once canciones grabadas en los Estudios Brazil de Rivas-Vaciamadrid. La grabación exigió el trabajo de un teclista, Julián, con lo que la familia se ampliaría a cinco miembros. Fue un despegue, lento y trabajoso, pero lo fue. Llegaron los conciertos (Espárrago, Lemon Pop, Supersónico, Autumn Almanac, Summer in the City …), los premios (Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha, Villa de Bilbao) y las giras con consagrados ( Wilco, los Jeevas, Arlo) .

El mayor eco de su trabajo, y su introducción en los circuitos de moda les permitió dar el salto a una discográfica más potente Mushroom Pillow, con la que nacería su gran éxito internacional “Little heart attacks”, grabado y mezclado por JM Rosillo en los estudios Supersonic Lounge de Madrid.

Desde entonces el caminar fue sostenido, convirtiéndose en imprescindibles de los grandes festivales (Ebrovisión, Faraday, Fra de Alaquás, Medinasonora, F.M. Pop, FIB, Vieilles Charrues, Rock en Seine, Artrock, Les Mediterranées, Musilac Aix-les-Bains, JDM Festival.), y dando el salto a los mercados europeos festivales y a las giras europeas (Francia, Dinamarca, Bélgica). Hace nueve años lanzaban desde San Francisco “Tiny Telephone”, un disco ya de culto, como sus creadores, producido por Brad Jones, y en el que son más claras las influencias de músicos como The Band, Oasis, The Beatles o Billy Preston.

Un disco que ha quedado grabado en la historia del indie nacional, con piezas de marcado carácter pop (“Do it”), enamoradizas canciones llenas de afecto (“Often”) y auténticos himnos (“On my mind”).

Fue el culmen de un sonido suave, nada estruendoso, bello, enérgico y emotivo, envuelto en la voz cálida, llena de influencias de los 70, de Jero, y con una instrumentación muy clásica, repleta de bajos, platos, pianos y órganos antiguos, que dan al grupo ese aire redondo y característico, a tono con esa peculiar forma de vestir, a lo bravos.

Pero se acabó. Se acabó la convivencia, la concordancia de ambiciones, los objetivos y la paciencia, que también hay que tenerla con este hombre. Sunday pasó al Eliseo, y Jero al silencio.

Pero el talento no se puede encerrar, y menos bajo una losa o una placa de museo. Jero ha conseguido, desde 2011, conformar y pulir una banda a la medida de su ingenio. Una banda que huye del comercio y el éxito, a la que gusta experimentar con el sonido del directo. Una banda que (el sábado quedo claro) que comparte las inquietudes del de Toledo. Una música independiente de las pautas y la inmediatez del pop, de sus estribillos forzados y sus estructuras clásicas.

Esa nueva concepción de canción pop, levemente tocada con aires folk-rock, moderadamente expresiva, intensamente sonora, llena de contrapuntos, compuesta por muchas microcanciones agrupadas, flotando sobre un sonido puro y bruto,  es lo que exuda Jero Romero en sus conciertos.

Tengo que reconocer que yo soy una enamorada de Templeton. Pero me he decidido a cometer adulterio. No es fácil olvidar a un autor que te ofrece tanta tensión, tanta emoción, tanta levedad y tanta expresión, con tan solo unos acordes, y apenas unas palabras.

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