Feliz 2023!!, porque 2022 va a ser …

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Y lo digo porque todo apunta a que el 2022 es un año perdido. Yo de hecho propondría aplicar la misma medida que el estado de Samoa, donde, a fin de homologar su calendario con el de Australia y Nueva Zelanda, se han cargado el día 30 de diciembre. Pues aquí, que somos más chulos que un ocho, el discurso fin de año de Pedro Sánchez y ratificado por Yolanda y no sé cuantos más es como para cagarse en todo, y anticipa un año largo, duro y jodido a fe.

Siguiendo la música de Cole Porter, en su ya famoso “Begin the beguines”, Pedro ya ha anunciado que esto es el principio. No sabemos si del infierno de Dante o del despegue de “Aterriza como puedas”.

Yo creo que todos somos conscientes de la difícil situación que vivimos. Todos sabíamos cuando votamos la última vez que la mentira llegaba a la Moncloa. Todos sabíamos que cuando la pandemia nos laceró y Bruselas nos prometió dinero (no todo fondo perdido) cuando lo hicieron nuestros padres y hermanos, que el nuevo gobierno iba a iniciar un proceso de ajuste durísimo. Todos, o la mayoría, entendemos que para empezar a construir el futuro es preciso sanear el presente, máxime cuando tenemos que hacer frente a acuerdos internacionales de los que depende nuestro mantenimiento en el euro y las inversiones exteriores.

Es cierto que pensábamos que nuestro país perdía dinero a la velocidad de 16.500 millones de euros (que eso significa el déficit, que gastamos esa cantidad por encima de lo que ingresamos, pero anualmente), Ahora sabemos que no, que la fuga es de 36.500 millones. Y encima entramos seguimos con medio tejido productivo prado. Todos somos, creo, conscientes que tenemos en nómina a mucho ladrón, una estructura de estado irracional que gasta lo que no tenemos, y una mentalidad como sociedad fundada en vivir al día (al menos en parte de nuestra sociedad) y gastar en bares, vacaciones, coches o pisos, lo que no tenemos, confiando ciegamente en hipotecas, préstamos y visas. Pero en las medidas adoptadas por el gobierno para frenar ese endeudamiento salvaje hay algunas sombras y algunas ausencias.

De entrada, Pedro y el sector podemos se habían hartado de decir que no se subirían los impuestos. Pocos, creo, que se lo habían creído, porque resultaba irracional. Pero ellos lo habían prometido. Hoy, los telediarios abren el año con subidas energéticas e impuestos, para abrir boca en el año del sabe Dios que nos espera.

Y eso es un mal comienzo, un fraude electoral (eso sin hablar de la promesa de que la luz, etc) en toda regla. Y no vale decir ahora que se han encontrado con una pandemia y un volcán o que escuso social (ese que no llega a casi nadie) han variado la ruta. Montero ya había anunciado hace semanas una esperable desviación del déficit público de varias décimas, eso para no decir que los presupuestos diseñados no son aplicables ni en Nigeria, porque incluyan previsiones de ingresos imposibles, lo que lleva a una disyuntiva, o no se gasta lo prometido o nos endeudamos. Más, quiero decir.

Una deuda que no cuenta con el acumulado de las administraciones públicas periféricas (diputaciones comunidades autónomas y ayuntamientos, entre otros “entes”). Eso, siempre que pensemos que el Pedro es tan tonto como para creerse las cifras de los departamentos económicos, que no se hubiera leído los informes del agorero ministro de seguridad social, que no supiera las cuentas de sus propias comunidades y que no se hubiera leído el informe FUNCAS (La fundación de las cajas de ahorro que ya no existen, otro hecho sublime) de noviembre, donde ya se hablaba de un déficit de más del 8%.

Eso sin contar con que los presupuestos presentados son de un detalle, y de una densidad en letra pequeña que hace poco creíble pensar que se ha pactado en dos días y que Bruselas no tiene que tener algo que ver en ellos.

Pero si entramos en el fondo del asunto, también hay elementos criticables. Justo es reconocer que es más social y progresiva una elevación de los impuestos directos, y por tramos, en lugar de una subida general a todas las rentas, como hubiera supuesto el IVA. Justo es decir que se han tocado las rentas de capital, tanto en vivienda como en ahorro, aunque modestamente (2% de subida para rendimientos de hasta 6.000 € anuales y 6% para los superiores a 24.000). Pero eso no es suficiente, pues la mastodóntica organización del estado sigue en pie, y sin un plan de reestructuración que acompañe a estas medidas, plan que ni se anuncia. Algo parecido al olvido de la sanidad, la educación y la investigación. Lo bueno es que el gobierno se va a ahorrar un gran paquete financiero de ayudas prometidas en sitios y sectores varios que no se van a cumplir.

Los grandes capitales, y especialmente las SICAV (las sociedades de inversión en renta variable, literalmente opacas a hacienda), siguen como estaban, con una aportación al esfuerzo público desproporcionadamente baja con respecto al resto de la sociedad. Con eso y con todo, el esfuerzo recaudatorio descansará en las rentas de los trabajadores (casi un 65% de la nueva recaudación), rentas además imposibles de ocultar, mientras que los rendimientos del capital y las rentas de profesionales liberales y autónomos siguen en un sistema de bajo control (por ser eufemísticos), con lo que el fraude y el trabajo en negro se alientan. Conviene recordar en este sentido, que las nuevas medidas del gobierno contemplan sustituir solo el 10% de las bajas de funcionarios destinados a la lucha contra el fraude, y el paquete de medidas aprobado no contempla medidas para casar a la luz los 10.000 millones estimados que se mueven en el mercado negro.

Pero hay algo más inquietante en todo esto. Las medidas recaudatorias (aun considerándolas necesarias) suponen sacar del mercado, retirar del consumo de las familias, más de 4.000 millones de euros. Una caída del consumo de las familias que afectara directamente a la producción, y esta, al caer, al empleo. Un riesgo de este plan es aumentar la espiral actual, cada vez menos empleo, menos consumo y menos aportación a las cuentas del estado, que, además, deben atender a cada vez, más familias desfavorecidas.

¿Qué hacer? Ya sabemos que la respuesta no es fácil, pero reducir las inversiones en investigación e I+D+i, los programas universitarios de desarrollo y no acompañar este grupo de medidas con otras de reactivación económica, más allá de las anunciadas de ayuda a autónomos, nos colocan en una situación difícil. De hecho, el aumento de impuestos a autónomos y emprendedores o el cierre de sus negocios por la pandemia hace una semana choca ahora con una subida de carburantes (al anular subvenciones al combustible de profesionales) que va a disparar los costes de abastecimiento y transporte.

Y todo es provisional. Porque pasadas las elecciones castellano-leonesas el gobierno aprobara más recortes.

Estamos en el inicio. Pero ¿de qué?.

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