“Fasmas”, la pintura de Ricardo González en la Sala Mauro Muriedas

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Tras su última exposición “Rehacer el porvenir” en la Galería Siboney en 2016, Ricardo González García (Santander, 1976) regresa a la escena artística cántabra con su nueva serie de pinturas y grabados titulada “Fasmas”, la cual se podrá ver del 8 de noviembre al 7 de diciembre en la Sala Mauro Muriedas de Torrelavega.

Doctor en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y Licenciado por la de Salamanca, Ricardo González es un artista plástico y visual que desarrolla su docencia e investigación en el Área de Didáctica de la Expresión Plástica del Departamento de Educación de la Universidad de Cantabria, donde también es miembro del Gabinete Didáctico del Área de Exposiciones.

Desde la A/R/Tografía como perspectiva metodológica que sitúa las figuras de Artista (Artist), Investigador (Researcher) y Profesor (Teacher) a un mismo nivel, la investigación teórico-práctica de Ricardo González se centra en líneas que van desde la Expresión plástica, la Educación artística, la Historia del Arte, los Estudios de Cultura visual, o las Tecnologías de la Información y la Comunicación, a la Fenomenología o la Estética.

Desde una asimilación transversalmente rizomática de dichas vertientes del conocimiento, y la continua interacción entre praxis y concepto, las series artísticas por él desarrolladas establecen reflexiones en torno a temas filosóficos, científicos o antropológicos al vincular, en singulares resultados estéticos abiertos, dicotomías como presentación y representación, figuración y abstracción, contenido y continente, significante y significado, interior y exterior, lo objetivo y lo subjetivo, lo real y lo irreal, la vigilia y el sueño, la ciencia y la magia…

Desde esta declaración de intenciones, la serie actual que los espectadores tendrán oportunidad de contemplar hasta el 7 de diciembre en la sala torrelaveguense, parte de la interpretación de una publicación que, en 2015 el filósofo francés Georges Didi- Huberman tituló “Fasmas. Ensayos sobre la aparición”.

Su lectura sirve a Ricardo González para retomar obras inacabadas y otros hallazgos a modo de pecios que, junto con otras de reciente cuño, en su conjunto se reúnen con la intención de hacer reflexionar al espectador sobre el concepto de “aparición”, así como sobre los grados de creencia y asimilación consecuente que establecemos en relación a las obras de arte.

Con la curiosidad como impulso para la acción, González declara: “trato de generar otro tipo de conocimiento que, partiendo de la creación plástica asimilada desde su perspectiva antropológica, nos permita una retroalimentación donde se generen preguntas y respuestas alrededor de lo que el arte transmite a cada espectador”.

Fasma viene del término greco-latino phasma y significa aparición sobrenatural, fantasma, espíritu o espectro. Además, se relaciona con el verbo phainein, cuya traducción corresponde a “brillar”, “hacerse visible”, “mostrarse” o “manifestarse”.

Asimismo, Platón matiza que misteriosamente los fasmas pueden mostrar semejanza con cierto tipo de realidades. Este hecho provoca que, en la actualidad, conozcamos como “fásmidos” a una orden de insectos que poseen la fascinante cualidad de camuflarse en el entorno que habitan haciéndose imperceptibles para asegurar la supervivencia.

Ricardo González también desea que la Pintura sobreviva dentro de la devoradora iconosfera digital actual y la caníbal concepción institucional del arte, por eso lleva sus composiciones a un grado extremo de sutilidad máximo que solo puede ser apreciado en directo. Debido a esta elocuente razón plástica y tomando en cuenta la paradójica peculiaridad de los fásmidos, las obras de la presente muestra retan a la percepción del espectador adoptando la estrategia de cripsis o camuflaje desde tres

vertientes: la de formas sin forma –o sin pies ni cabeza como parece asemejar el insecto palo– que se tintan de un color cuasimonocromo que las hace casi imperceptibles (“Vivarios ignotos”); la de la mezcla de estereotipos y signos lingüísticos a partir de un arte de la combinatoria que, originado irracionalmente, encuentra su sentido a través de una posterior configuración monstruosa que alude a las “terceras realidades” que se crean tras una progresiva hibridación de las palabras y las cosas, las cuales acaban por expandir las capacidades de la tectónica epistemológica (“Apariciones inesperadas tras divorcio de signos referenciales”) y la de una vía de doble sentido que, uniendo arte y vida en un viaje de ida y vuelta, disuelve los límites existentes entre ambos campos para reflexionar sobre marcos de representación y legitimación de las manifestaciones humanas (“Rothkos con Still life collage en cripsis”).

Foto Eduardo Cuevas

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