ETA, historia de un reguero de sangre

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“Emprender”, EKIN en euskera fue el nombre adoptado en 1952 por un grupo de jóvenes universitarios y nacionalistas que pretendían crear un grupo político que superase la parálisis política que ellos suponían afectaba en aquel momento al nacionalismo vasco oficial.

El PNV, partido hegemónico del nacionalismo euskaldun, temeroso que aquel grupo supusiese una escisión de sobre la que no podría ejercer ningún control doctrinal integro en sus filas al nuevo grupo. La convivencia, empero sería difícil, lo que llevaría a un nutrido grupo de jóvenes de Ekin a separarse en el verano de 1959, era la fundación de Euskadi ta Askatasuna (Euskadi y Libertad), ETA. Sus fundadores ETA, José Manuel Aguirre, Julián Madariaga y Javier Imaz Garay, tomarían como referencia la doctrina del fundador del PNV, Sabino Arana.

No queremos que la memoria de las víctimas se pierda, esa es la razón de este artículo

El nuevo grupo nacía como una alternativa doctrinal al PNV, dentro de los parámetros del nacionalismo vasco, y bajo cuatro presupuestos claros: la defensa del euskera, la defensa del etnicismo vasco (un estadio superior al racismo), la lucha contra el estado español opresor y la independencia de los territorios que en su opinión pertenecen a la euskalerria cultural e historia , según reivindican, Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra (española), Nafarroa Behera (Navarra francesa), Lapurdi, y Zuberoa (en Francia).

ETA comenzaría su carrera criminal el 18 de julio de 1961, cuando un comando intento hacer descarrilar un tren lleno de voluntarios franquistas que se dirigían a San Sebastián para celebrar el aniversario del alzamiento de Franco.

Tras unos años de acciones reivindicativas (pequeños artefactos explosivos sin apenas consecuencias, pintadas de «Gora Euskadi» (Viva Euskadi) y colocación de ikurriñas) la primera asamblea de ETA, celebrada en mayo de 1962 en el monasterio francés de Belloc, consolida sus bases y su doctrina, autoproclamándose «Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional», rechazando la vía política y la colaboración con los partidos no nacionalistas. Los siguientes meses ETA se consolida como una organización separatista que se esfuerza en extender su infraestructura, captar adeptos y prepararse para la lucha armada.

La sangre llegaría pronto. El 7 de junio de 1968, ETA mata al guardia civil José Pardinas, cuando este detiene en un control al SEAT 850 que conducían Francisco Javier Etxebarrieta Ortiz e Iñaki Sarasketa. El primero le mataría de cinco tiros, siendo abatido por la policía una semana después. El 2 de agosto, será asesinado el policía franquista Melitón Manzanas. Eran las primeras de las mil muertes provocadas por la banda. Ante Son las primeras muertes de una larga cadena que se extiende hasta el día de hoy, en el que se suman casi 900 muertos.

El inicio de la violencia dividió al nacionalismo vasco, hasta entonces gravitado en torno al PNV. Frente a los críticos contra este método, un amplio sector social vera en ETA el grupo necesario para hacer el trabajo sucio que permitiría alcanzar sus fines políticos. Ese silencio, cuando no colaboración será la clave para el desarrollo y fortalecimiento de la banda en los siguientes años. Deberían pasar 12 años para que ETA diera un salto cualitativo y entrase en la senda de los atentados masivos, salvajes e indiscriminados tendentes a provocar el terror. 1974, una bomba estalla en una cafetería de Madrid y causa 12 muertos y 80 heridos. El salvajismo de la acción comienza a dividir a ETA, frente al sector duro nacen los polis-milis, partidarios de una acción mas comedida y emplear como método la insurrección popular. Corre el año 1976 cuando tras la muerte de Franco, y la llegada de la democracia endurece a ETA. El fin de la dictadura es, curiosamente un acicate, no un bálsamo. ETA aglutina a un amplio espectro de movimientos sociales, fortalece su posición y crea KAS (Koordinadora Abertzale Socialista) y avance en su dureza y la intensidad de su violencia. Ese mismo año KAS anuncia el nuevo programa político en la llamada Mesa de Alsasua, que servirán durante más de 20 años para justificar ante sus filas los atentados masivos y asesinatos.

1. Amnistía de los presos que la banda terrorista considera “políticos”.

2. Expulsión de las fuerzas policiales españolas. ETA las llama “fuerzas de ocupación”.

3. Mejoras para los obreros. En este punto, los terroristas intentan acercarse al movimiento social para ganar más apoyos.

4. Soberanía de Euskal Herría y creación de estructuras para conseguir los objetivos. Entre estas “estructuras” está la creación del partido Herri Batasuna. De esta forma, la banda terrorista se aseguraba la participación en las primeras elecciones democráticas.

5. Integración de los territorios que el nacionalismo vasco considera “históricos”, Navarra y País Vasco francés.

La “alternativa KAS” se mantendrá inalterable hasta 1998, cuando ETA firma el pacto de Estella con otros partidos vascos, revisando así sus posturas.

Los años 80 serán los más sangrientos y duros, marcados por un terrorismo indiscriminado que se ceba en políticos, militares, agentes de la policía y civiles de todas clases y edades.

Doce muertos en la Plaza de la República Dominicana, en Madrid (1986); 21 muertos en el supermercado Hipercor, en Barcelona (1987); 11 muertos en el atentado contra la Casa Cuartel de Zaragoza (1987), son algunos de los atentados de la década. La violencia remueve el estómago a algunos de sus activistas. Y la amenaza de disensión es cortada por la banda sin contemplaciones. Dolores González “Yoyes” y Miguel Solaun, antiguos miembros de ETA y opositores son asesinados son piedad.

La subida al poder de Felipe González y el PSOE en 1982 abre la puerta a la posibilidad de una salida negociada a la violencia. Las primeras aproximaciones se producen en Argel en 1986, donde residía la dirigencia ETARRA. El 12 de noviembre, el líder etarra Domingo Iturbe Abasolo, “Txomin”, se reúne con el director de la Seguridad del Estado, Julián Sancristóbal para discutir la “alternativa KAS”. Tras la muerte de Txomin en “accidente de tráfico”, el contacto con ETA, cambia, será Eugenio Etxebeste, “Antxon”. Trasladado hasta Argel desde Ecuador donde se encuentra deportado, mantendrá contactos con el subsecretario de Interior, Rafael Vera y los comisarios Manuel Ballesteros y Jesús Martínez.

Pero la banda no acepta la tregua que pide el gobierno, exigiendo dialogar con el ejército. Tras varios intentos fallidos, la banda anuncia en diciembre que no encuentra satisfacción en el diálogo, volviendo a la lucha.

Miguel Ángel Blanco, el crimen que puso a la sociedad en contra de ETA

El atentado contra la casa-cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, el 11 de diciembre, rompe la esperanza de paz, reiniciando los asesinatos y los secuestros, como el del industrial Emiliano Revilla en 1988. Pese a ello, el gobierno no interrumpirá los intentos de negociación. Ni tampoco la guerra sucia contra ETA a través de los llamados GAL, escuadrones de la muerte, formados por mercenarios que atentaban contra miembros de ETA, su entorno, y el nacionalismo radical. La operación desarmaría moralmente al estado y llevaría tiempo después a varios dirigentes del PSOE a la cárcel por delitos de conspiración y malversación de fondos públicos. Sin embargo, nunca se descubriría a X, el dirigente de los GAL, y según periodistas como Pedro J. Ramirez, el presidente del gobierno. La ruina política del PSOE por este caso llevaría al PSOE a la derrota en 1996, y a la llegada del PP de Aznar al poder, lo que iniciaría una lucha intensa y del estado, con medios democráticos contra la banda, hasta casi arrinconarla.

Antes de eso, el 8 de enero de 1989, Vera y Antxon vuelven a reunirse en Argel. Un año más tarde, José Luís Corchera, ministro socialista de interior manifiesta la promesa de generosidad por parte del gobierno si ETA abandona las armas. La respuesta será el atentado contra el presidente de la Audiencia Nacional, Fernando Mateo Lage. Es el fin de la negociación

Pese a ello, el gobierno mantuvo en secreto contactos con la banda en Santo Domingo y posteriormente en Suecia. La negativa del gobierno a aceptar una serie de condiciones de la banda, como suscribir públicamente los acuerdos de Argel, pondría fin a las negociaciones.

Cerrada la vía negociadora, los años 90 verían el inicio de duros golpes contra la banda, en el terreno policial, político y judicial. En 1992, la Policía francesa detiene a la cúpula de la banda en Bidart, formada por Francisco Mujika Garmendia, “Paco”; José Arregi Erostarbe, “Fiti” y José Luís Álvarez Santacristina “Txelis”. Hasta entonces se había detenido a los “mandos intermedios”, destinados a sustituir a los dirigentes. Sin embargo, tras la detención de la “troika”, ETA se encuentra con sus mandos altos e intermedios en la cárcel. Se abre la esperanza de una derrota policial por primera vez.

La historia del fin de ETA

Pero ETA se reorganiza, son los años de la lucha callejera, ante la falta de comandos y medios. Aparecen los grupos violentos “X”, encargados de los destrozos callejeros, “Y”, que preparan pequeños atentados, y los grupos “Z”, responsables de coches bomba y asesinatos.

Pero algo comenzó a cambiar a medida que la sociedad comenzó a enfrentarse a la banda y a aislarla. El asesinato de Miguel Ángel Blanco en julio de 1997, en el que los terroristas pusieron fecha y hora a la ejecución del concejal del PP de Ermua, causó una honda indignación social y precipitó masivas manifestaciones de protesta en toda España, incluso en el País Vasco. Era la primera vez que la sociedad pedía el miedo y cercaba las sedes de Herri Batasuna para gritar “asesinos” a los miembros del brazo político de ETA.

Ante la nueva situación el PNV mantendría una postura ambigua que le distanciaría del PSOE, su socio hasta entonces en el gobierno vasco removería HB y crearía una profunda fractura entre partidos nacionalistas y no nacionalistas en el País Vasco Estos acuerdos provocaron la ruptura en el Gobierno vasco, formado por PNV y PSOE y aumentaron más, si cabe, la brecha política en la Comunidad.

Testigos de la violencia

Ante el acoso, ETA propondría una tregua, que el tiempo demostraría era tan solo un modo de ganar tiempo, rearmarse y reorganizarse. La tregua duraría 439 días. El partido político representante de ETA, ahora llamado Euskal Herritarrok (EH), lograría sus mejores resultados electorales, bajo la aureola de defensor de la paz y la negociación. El gobierno aprovecharía el periodo para una frenética carrera de negociaciones, ante la exigencia de paz del congreso que llegaría a pedir una mayor flexibilidad en la política penitenciaria. En abril de aquel 1999, ETA y sus afines habían llegado a un acuerdo secreto de colaboración con el PNV y su escisión Eusko Alkartasuna. El acuerdo comprometía a los partidos a ampliar los puntos recogidos en el Pacto de Estella-Lizarra, firmado poco antes. Entre ellos el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la necesidad de un diálogo abierto. Se obligaba a PNV y EA a abandonar sus relaciones con partidos españoles, “destructores de Euskal Herría” y lograr una estructura institucional única y soberana que acogería a todos los territorios vascos. Parece ser que el incumplimiento de este acuerdo secreto por PNV y EA , que se negaría posteriormente a permitir que ETA condicionase su vida, sería una de las causas del reinicio de la violencia. Hoy caminamos hacia la paz, y no debemos dar marcha atrás, no ocultar a la vista, las cicatrices del camino.

Fotografía de portada de “patria”

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