Historia del tabaco

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Hoy en día la sociedad tiene todo tipo de opiniones con respecto al tabaco: unos lo consumen, otros lo prohíben. Pero ¿Sabemos realmente el camino que ha recorrido esta droga hasta llegar a su situación actual?

El uso de esta planta se remonta a hace más de 10,000 años en América, tal y como prueban los testimonios arqueológicos, junto con el inicio de las primeras prácticas agrícolas. Los indígenas lo usaban para realizar rituales y ceremonias. Pero el resto del mundo desconocía de su existencia hasta la fecha del descubrimiento de América, a manos de Cristóbal Colón, concretamente en la isla de Guanahaní, donde los habitantes le ofrecieron unas hierbas como signo de paz, entre las cuales se cree que estaba dicha planta. Hay numerosas teorías sobre ello, más se dice que el nombrado capitán no supo lo que era el tabaco hasta la noche del 5 de noviembre de 1492, cuando dos de sus hombres de confianza, Luis de Torres y Rodrigo de Jerez, vieron a los aborígenes dando uso a la hierba.

A partir de ese momento, la planta del tabaco, de la misma forma que lo hicieron los numerosos productos descubiertos en el Nuevo Continente, se empezó a exportar y difundir sin pausa al resto del planeta, sobre todo a los países más desarrollados. Los grandes ”milagros” que esta droga produjo, entre los cuales se encuentra ”curar” a Catalina de Médicis (esposa de Enrique II y duquesa de Francia) de unas migrañas, solo hicieron que la sociedad lo aceptase de la mejor forma posible. El tabaco fue considerado como algo digno de las clases más altas de la época, tanto que los reyes y nobles lo usaban hasta de ”remedio terapéutico”.

Pero nada podía haber más lejos de la realidad. A los pocos años los médicos de entonces, intrigados por esta nueva ”medicina milagrosa” empezaron a estudiarlo. No tardaron nada en catalogarlo como un remedio simple, lo que quiere decir que esas cualidades y efectos mágicos de los que se hablaba no eran más que puras falsedades, y que únicamente había sido introducido tan abiertamente por ser algo exótico, nuevo y aparentemente efectivo. Aunque el verdadero inicio de la catástrofe que avecinaba esta planta no estallaría hasta la Revolución Industrial, cuando empezó a producirse en masa. Las cifras de muertes por cáncer u otros efectos del tabaco se dispararon de forma alarmante, llegando a ser hasta un 27,2% superior a las actuales.

No fue hasta mediados del siglo XX cuando por fin se empezó a hacer eco de la correlación entre el consumo del tabaco y graves enfermedades como el cáncer de pulmón. Esto fue en primer lugar gracias a las investigaciones de dichos científicos y a los artículos que posteriormente se publicaban sobre estas.

Este rechazo, aunque no tan rápido como su introducción, se ha ido expandiendo gracias a organizaciones como la OMS (Organización Mundial de la Salud), la cual se dedica a realizar campañas para, no solo intentar frenar el consumo actual de tabaco, sino también concienciar a los jóvenes que en un futuro podrían continuar con su uso. De esta forma se aseguran de que el trabajo que están haciendo en el presente no se eche a perder el día de mañana.

Y es que la nicotina, los ´´cigarrillos“, o cualquier derivado que se nos ocurra del tabaco tiene unas consecuencias desastrosas tanto para el que lo consume como para los que le rodean. Entre esta larga lista se encuentran en un primer lugar, como respuesta a un uso leve, el olor a nicotina tanto en el aliento como en las manos, dedos y uñas, los cuales toman un tono amarillento. Con solo uno o dos cigarrillos a la semana conseguimos que nuestro cuerpo responda peor a la actividad física, que tienda a acumular más grasa e incluso que nuestra voz se altere.

Cuando el individuo llega ya a un consumo algo más reiterado empiezan a aparecer los primeros síntomas graves, como el deterioro del cabello, la piel, la dentadura y los pulmones. Puede haber casos incluso de disfunción sexual y de problemas con el corazón.

Y por último, si una persona es totalmente adicta, dándose casos de hasta dos cajetillas al día, se arriesga a enfermedades como daños irreversibles en el pulmón, en el cerebro y diversos tipos y grados de cáncer, todo esto pudiendo terminar en la muerte.

Después de todo esto, ¿Vamos a seguir diciendo frases como ´´un cigarrillo al día no viene mal a nadie“? ¿O empezaremos a pensar antes de actuar?

Imagen Cocina y vino

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