El Patrimonio de Cantabria, Nuestro Patrimonio. El caso de la ermita de San Juan de Socueva

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Hace poco más de dos semanas, se publicaron las primeras dataciones de la pequeña Iglesia rupestre de San Juan de Socueva con las que conocimos que esta ermita se trata del “edificio” en pie más antiguo de toda Cantabria.

El templo se encuentra incrustado en una pared rocosa en la ladera del Alto Asón, en Arredondo, y solo se puede acceder por medio de un camino de tierra (cambera, lo llamamos por aquí).

Estas nuevas aportaciones que se conocieron a través proyecto dirigido por el arquitecto Annibal González de Riancho, pueden llegar a crear confusión puesto que hay partes datadas en diferentes épocas. El marco de la puerta de entrada al templo ha sido datado del año 662-774 al igual que la mayor parte de los muros de la iglesia, sin embargo, hubo otras dataciones más tardías de los años 773-906 por lo que aún no se conoce con exactitud cuando fue construida la ermituca. Por medio de este riguroso trabajo de arqueología, se han conocido curiosas novedades que han sorprendido a muchos como la datación de una cueva a 2 metros de altura de la iglesia en la que aparecieron restos humanos del año 773-906 ligados a un rito funerario atípico en esta tierra.

Con todas estas recientes aportaciones se puede afirmar que la ermita fue levantada durante el Ducado de Cantabria o muy a principios del Reino de Asturias.

Si accedemos a la pequeña iglesia, podremos observar numerosos lienzos con grabados, un arco de herradura que preside el presbiterio, una mesa de altar de la época, decorados en madera, antiguos objetos religiosos…

Además, cerca de la capilla, existen una serie de cuevas que han sido ocupadas a lo largo del tiempo e incluso alguna conserva manifestaciones rupestres. En definitiva, nos encontramos ante una joya de dimensiones históricas que no ha sido puesta en valor hasta hace unos días.

Esto no es algo nuevo, no es algo que no conozcamos por estos lares. La ermita lleva en pie más de 1000 años y, en todos estos últimos siglos, nadie se ha dignado a restaurar y proteger este patrimonio material hasta hace relativamente poco. Incluso, las personas que viven cercanas a la iglesia cuentan cómo, durante el siglo pasado, esta no era visible por lo descuidado que estaba el entorno.

Como ya dije, el proyecto de restauración de la Ermita de San Juan de Socueva fue puesto en marcha el mes pasado debido a que la construcción fue seleccionada para recibir, desde la Unión Europea, una ayuda para su recuperación.

Los partidos del Gobierno de Cantabria anunciaron por medio de redes sociales, a través de su cuenta de cultura (@culturacan), la noticia que llegaba desde Europa. No sé quién escribió exactamente el “tuit” en nombre del Gobierno de Cantabria, pero se le veía bastante contento con que tuvieran que venir desde miles de kilómetros para salvar nuestro patrimonio y nuestra historia.

Si la Ermita de San Juan ha logrado recibir un fondo de ayudas junto con otros 11 lugares de Europa, es porque se encontraba en un estado lamentable y de dejadez por parte de las instituciones cántabras y estatales, por parte de los que ahora se cuelgan medallas. Es importante que todo el mundo tenga claro quiénes son los culpables de la constante perdida de cultura que vivimos en Cantabria y, sobre todo, hay que tener claro el tipo de sociedad en la que queremos vivir.

Mientras esta iglesia de Socueva continuaba derrumbándose, el Gobierno de Cantabria gastó 75.000€ en pintar un faro con los colores del artista revelación actual de Cantabria, Okuda. Una vez este artista consiguió hacerse famoso, casi todas las contrataciones artísticas que se han hecho desde el gobierno han sido para él, dejando abandonados al resto de pintoras y pintores cántabros. Ahora, en cualquier punto de la Comunidad podrás encontrarte unos triángulos de Okuda que, personalmente, me parecen bastante agraciados, pero ¿en qué lugar puedes encontrar una ermita de más de 10 siglos de antigüedad? En muy pocos.

Cuando se está apostando por un banco gigante en Torrelavega, se está dejando de restaurar la vieja Atalaya de San Telmo (Ubiarco) que se encuentra en ruinas. Mientras se defiende la creación del puente tibetano más largo del mundo en Liébana, se permite que se adoquine la histórica Calle La Cántabra de Potes. Cuando se invierten millones de euros en corridas de toros, poco debe preocupar la destrucción de las murallas carlistas de Santander. Mientras se plantea la construcción de un parque acuático en la Comarca del Besaya, se ignora que la UNESCO haya añadido al “cántabru” a su libro de lenguas en grave peligro de extinción.

Sin embargo, todavía no tenemos claro qué es lo que queremos ¿Buscamos restaurar la Ermita de San Juan de Socueva? ¿Aspiramos a algún tipo de reconocimiento para este templo? ¿Queremos una protección jurídica de esta y otras obras de nuestro patrimonio?

Si atendemos a, por ejemplo, la protección jurídica de los Bienes de Interés Cultural nos daremos cuenta de que ese tipo de protección no debe estar funcionando muy bien. En Cantabria, la figura jurídica del BIC no fue puesta en marcha hasta el 2014 una vez que, desde el Gobierno de España, se sorprendieron de que fuéramos la única Comunidad Autónoma sin tener ningún bien declarado como BIC. Así que, solo tenemos que bajar a la calle y darnos cuenta de cómo se encuentran posicionados socialmente algunos de los bienes que han sido declarados como `Bien de Interés Cultural´ en Cantabria: los bolos, las Marzas, el rabel…

Lo que hay que conseguir es que la gente deje de menospreciar y vender sus raíces por una cultura vacía y sin futuro. Debemos abandonar los complejos que tengamos con respecto a de dónde venimos y a cuál es nuestra historia. Debemos pasar a valorar las cuevas e iglesias que han llegado hasta nuestros días, aunque no atraigan al turismo, tenemos que conocer el pasado del pueblo o la ciudad en la que vivamos, debemos apuntar las palabras que decía nuestra abuela, aunque alguna no la entendamos.

Tenemos que respetarnos un poco más a nosotros mismos, a nuestro pasado, a lo que nos rodea y, sobre todo, aprender a no bajar la cabeza ante la ignorancia y la soberbia de otros.

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