El mundo egipcio de la muerte

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Hugo Díaz –

Los egipcios siempre han estado muy interesados en la vida después de la muerte y en el más allá. Ellos pensaban que el ser humano estaba constituido no solo por el cuerpo, sino también por lo que ellos llamaban “manifestaciones”, como el akh, el ba, el ka, el nombre (ren) y la sombra (shut). Cuando alguien moría se producía la separación entre el cuerpo y los elementos espirituales, que se dispersaban por el cosmos y conservaban su individualidad. Estos elementos podían regenerarse a condición de que el cuerpo se mantuviese intacto. Por este motivo, los egipcios trataban de conservar los cuerpos en el mejor estado posible.

Los elementos espirituales:

El akh, también llamado “espíritu iluminado” o “glorificado”, representaba los espectros de los difuntos y su etimología fue conservaba en el vocablo copto que significa fantasma. Se representaba como un ibis con cresta. Era el elemento espiritual que permitía el acceso a la dimensión divina donde participaba del movimiento de las estrellas.

El ba, también llamado alma. A partir del Imperio Nuevo fue representado como un ave con cabeza humana. Tenia la facultad de regresar a la tierra y actuar materialmente, pero al atardecer debía regresar al cadáver y pasar la noche en el sepulcro.

El ka, también llamado “doble”, “genio” “espíritu” o “energía vital”. Se le representaba con un símbolo de dos brazos levantados que significaban el abrazo de un principio vital. Era creado al mismo tiempo que el cuerpo. La tumba era su morada y se alimentaba de los alimentos depositados en el sepulcro. Las ceremonias fúnebres estaban dirigidas al ka del difunto.

La sombra (shut), se identificaba con el cadáver y compartía con él aspecto, pero con forma de silueta humana de color negro. Era parte del individuo sin el cual no podía subsistir.

El corazón del difunto era similar a nuestra idea de alma, por eso lo embalsamaban y lo dejaban en el cuerpo. Los egipcios pensaban que el corazón residía el pensamiento, la inteligencia, la voluntad y las emociones.

El juicio de los muertos

Después de la muerte, el difunto se sometía al juicio póstumo en la sala de las dos Maat, en presencia de Osiris.  Durante el juicio se ponía en una balanza el corazón frente a una pluma que representaba a la diosa Maat (diosa de la verdad y la justicia). Solo permitía el acceso al más allá cuando había un equilibrio en la balanza. Los dioses Anubis y Tot vigilaban el juicio. Si el resultado era negativo un monstruo salía del pie de la balanza y devoraba al corazón impidiendo el paso al mas allá. Si el resultado era positivo pasaba y se le daba al difunto el título de maa-kheru y se le admitía en el paraíso.

El embalsamamiento y ritual funerario.

Los antiguos egipcios conservaron durante tres milenios su religión y sus creencias funerarias, fundamentadas en la vida después de la muerte. Estas creencias los llevaron a elaborar complejos rituales funerarios de embalsamamiento y momificación (ya se ha comentado la necesidad de la conservación del cuerpo) y a enterrar a sus muertos en ricos centros funerarios (las pirámides y templos) acompañados de un rico ajuar. El ajuar debía garantizar al difunto las comodidades terrenales, por eso se dejaban alimentos, objetos rituales (amuletos protectores…), objetos domésticos (vajilla, muebles…) cuya riqueza variaba dependiendo del estado social de cada familia.

Para embalsamar al cadáver le retiraban los órganos internos (menos el corazón) y los depositaban en cuatro recipientes de barro. Cada tarro debía contener unos órganos concretos. Cuando el cuerpo estaba vacio se le metían sustancias aromáticas, se cosía y colocaba bajo una capa de natrón. Después se le lavaba y se envolvía en vendas impregnadas de resinas olorosas para su conservación. Después de embalsamar y preparar la momia el sacerdote realizaba el ritual de la apertura de la boca y hacia una serie de conjuros mágicos.

Los egipcios creían que el difunto emprendía un viaje del este hacia el oeste, como Ra (el sol) montado en su barca., donde debería enfrentarse a peligros que trataban de impedir su paso al más allá.

Que le esperaba al difunto en la otra vida

Las posibilidades eran las siguientes:

–           Dirigirse al campo de paz

–           Acceder al cielo para vivir como las estrellas

–           Ser uno más junto a Osiris en el mundo superior

–           Viajar con Ra en su barca solar

–           O una mezcla de las cuatro anteriores

La eterna morada del Ka: el sarcófago

Tras la muerte el Ka quedaba cerca del cuerpo del difunto. Creían que el sarcófago era la morada eterna del difunto y de su espíritu vital. Por ese motivo se les depositaba el rico ajuar funerario.

El libro de los muertos: la guía a más allá.

Para el paso al más allá el difunto debía emprender un viaje. Para facilitar ese viaje existían unas instrucciones y fórmulas mágicas.

Estos consejos se escribían el en papiro, las paredes de los sarcófagos, objetos del ajuar…. Mas adelante en el tiempo, los sacerdotes ordenaron todas estas fórmulas y se creó el libro de los muertos. Este libro contiene cerca de 190 capítulos de fórmulas mágicas y rituales y está escrito en papiros. Los egipcios vendían estos libros con un hueco para poner el nombre del difunto y se enterraba con él para que siguiese sus instrucciones en el viaje al más allá.

Bibliografía:

–           Antiguo Egipto. Arte, historia y civilización. Editorial Susaeta.

–           ArqueHistoria. Los antiguos egipcios y el libro de los muertos. Internet.

–           National Geographic España. El libro de los muertos. Internet

1 comentario
  1. hulio rrodriguez dice

    muh vonito y dibertido.me buestros conthenido.

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