El hijo de Los Locos

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Criado en la playa de Los Locos, hijo del manager Robert Gunning y sobrino del extraordinario Pablo Solar, el jovencísimo Sean Gunning, con sus 15 años se presenta como una de las grandes promesas del surf

Ya tenía casi cerrado mi artículo de esta semana cuando he recibido un mensaje de Sean diciéndome que volvía a casa tras unas semanas cogiendo olas en Indonesia y he decidido que conozcáis, por estas líneas a uno de mis mitos de cría, pese a que, de entonces, él también lo era.

Cuando tenía seis años, en algunas ocasiones, mi hermano y sus amigos me llevaban a Suances, a la playa de Los Locos a coger olas con ellos. Yo con mi coleta oscura, escondida tras mi primera tabla de body board bajaba por aquel peñasco, con la reverencia de quien entra en un santuario. Las chicas mayores tomaban el sol al abrigo de sus tablas, mientras el gran Pablo Solar, el tío de Sean pulía a sus chicos. Había días en que ni me atrevía a meterme al agua. Me abrazaba a mi tabla y miraba ensimismada a aquellos chicos y chicas. Como remaban hacia la rompiente, como se erguían majestuosos, y como volaban luego entre la espuma. Les miraba y miraba, hasta que el corazón me daba un vuelco al ver elevarse entre las olas a Sean, con sus escasos seis años, bajo los gritos de Pablo, siempre corrigiendo y dando instrucciones.

Hijo de Robert Gunning, tour manager europeo de la WSL, Sean era con diferencia el más desgarbado de todos. Flaco como una espiga, con la mirada tímida de quien no cree que nada vaya con él, buscando siempre navegar de manera invisible, Sean nos llamaba la atención a todos, pero seguro, que él no reparaba en nadie, pese a ser el indudable centro de atención, por él, por su edad y por la habilidad de su juego sobre el agua, Sean ya destacaba entonces por ese aire de niño noble, de amigo permanente y fiel, de dueño discreto de la situación y de elegancia impropia.

Volviendo de Indonesia

Paso el tiempo, y aunque he podido verle por Suances alguna vez que otra, no fue hasta este verano en Ribamontan al Mar, en que me volvería a topar con quien es un ejemplo en lo personal y lo deportivo. Competía en una prueba del circuito.

Tuvo que vérselas en la final con gente como Quique Alvárez, Juan Villar o Nacho Palazuelos. Sean destrozó las izquierdas una y otra vez, mantuvo la iniciativa en todas las mangas, realizó un surf potente e inspirador y se impuso con claridad a la flor y nata de los riders españoles. Me emocioné cuando al llegar a la orilla, con el triunfo en la bolsa, la gente rompió en aplausos reconociendo la justicia de la victoria de quien es bueno, porque su corazón es grande.

Campeón de España, en la española junior, primero en el Circuito Nacional Sub-16 y en el Circuito Raquerucos, aquel chavaluco tímido que Pablo Solar ha criado con mimo, es hoy una figura cotizada, recién fichado por Tu viaje de surf , junto a figuras como Nacho Guisasola. Escribe y publica maravillosas fotos, y representa a importantes marcas como Rip Curl, Full&Cas, Oakley, Miller Division y Featherfins.

Este año le vemos menos. Estudia donde le llevan sus viajes y vive donde las olas le guían, pero su familia y su tierra le traen a Suances cada poco, donde se prepara con mimo el Circuito Junior Nacional y los ProJunior de Francia y Portugal, así como los compromisos de la española. Y aún le queda tiempo para practicar su otra gran pasión, el skate.

Pero sigue siendo el mismo. Ese niño alto, guapo, noble y prudente, al que sus amigos miran de reojo a cada instante temerosos de perderle, y seguros por tenerle a su lado. Todavía recuerdo cuando el año pasado pude ver en acción a la poderosa selección australiana con los divos del impenitente Mike Fanning a su mando, evolucionar en Costa Caparica.

Hasta los jueces de la ISA sufrían por el ego subido de los oceánicos, mientras respiraban relajados al ver la elegancia de Sean, evolucionando discreto entre tubos.

Y por eso confío en el futuro de este deporte, sabiendo que gente como él estará presente en sus días. Mientras, esperaré el verano, para sentarme en la arena de Los Locos, junto a la escalera, con la confianza de ver emerger entre el salitre a aquel niño, que en su corazón lo sigue siendo, aunque ahora envuelto en la coraza de una promesa ejemplar.

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