El corredor del laberinto

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El cordero del laberinto es un libro de James Dashener, editado por Nocturna ediciones.

Thomas es un adolescente, cuya vida cambia drásticamente cuando, sin saber cómo, despierta en un ascensor oscuro que le conducirá a su nuevo hogar. Este nuevo hogar, es un bosque limitado por cuatro grandes muros.

Nada más llegar, se ve rodeado de una multitud de personas, más o menos de su misma edad. Estos, miraban asombrados a Thomas, que sin duda, estaba más asombrado y asustado que ellos. Thomas, miraba a su alrededor mientras en su cabeza se repetían constantemente las mismas preguntas: ¿Quién soy?, ¿Qué hago aquí?, ¿Quién es esta gente?, ¿Qué es este lugar? El adolescente empezó a preguntar estas preguntas, y casi todas fueron contestadas. Ese lugar era llamado “El Claro”, aunque nadie sabía que hacia allí, ni porque. Absolutamente todas las demás personas llegaron a “El Claro” de la misma forma que Thomas.

Ya sabiendo lo básico de ese lugar y las normas, Thomas empezó a estar más calmado. Se hecho un amigo, Chuck, que era el más pequeño de todos con doce años. Lo que más asombró al muchacho, es que esos muros que rodean el bosque, eran los muros de un laberinto. Este laberinto, cambiaba de forma todas las noches, en un ciclo de una semana. Es decir, el lunes, el laberinto tenía una forma, el martes tenía otra forma distinta, y así hasta volver a llegar al lunes. Al laberinto se accedía mediante un espacio que dejaban los muros. Se abrían temprano por la mañana, y se cerraban tarde por la noche. Solo un grupo de personas muy limitado, ya que solo eran cinco, podían entrar al laberinto, y correr por todo el sin descansar un segundo. Este grupo era llamado los corredores. Si por lo que fuese, un corredor no consigue salir del laberinto a tiempo, se vería obligado a sobrevivir una noche en el laberinto. Y hasta la fecha, ninguna persona había conseguido sobrevivir una noche allí dentro. ¿Por qué? Porque de noche en el laberinto, salían unos bichos parecidos a arañas gigantes, y deambulaban por sus calles. A estos bichos los llamaron los laceradores.

Más tarde, Thomas se acerca lentamente a la puerta del laberinto ya que estaba abierta. Mira la calle que estaba justo en frente de él, y se acerca a ella, hasta el punto de casi entrar en el laberinto. Pero de repente, Gally, uno de los jefes de “El Claro” le para de empujón. Estaba prohibido entrar ahí, a menos de que fueses un corredor y Thomas no lo era. Gally empezó a gritarle al chico que estaba loco, que como se atrevía a intentar entrar en el laberinto, y además justo ahora, que se iba a cerrar en pocos minutos. Justo después de esa frase, Newt, otro de los chicos más importantes allí, pregunto que como es que no habían vuelto ya los corredores. Toda la gente se acercó a la puerta, para ver si llegaban ya los corredores. No llegaban, y el ambiente cada vez era más tenso, y se notaba el miedo en los rostros de los demás. Justo cuando las puertas comenzaron a cerrarse, se pudo ver a los dos corredores al final de la calle. El líder, de los corredores, llevaba apoyado a su compañero que había sido picado por un lacerador. Era la primera vez, que se veía a un lacerador de día. Toda la gente empezó a gritar dando ánimos al corredor para que llegase a tiempo. No iba a llegar, se iban a quedar los dos solos en el laberinto, pero sin saber porque Thomas entró en el laberinto. Consiguen salir.

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