El caso Pablo Ibar

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Pablo Ibar es un ciudadano español que se vio implicado en un asesinato, encontrándose en el lugar del crimen los cuerpos sin vida del propietario de la casa donde ocurrieron los hechos, Casimir Sucharski, a la vez dueño de un local de striptease, y dos de sus bailarinas, Sharon Anderson y Marie Rodgers. La investigación finalizó con la acusación contra Seth Peñalver y Pablo Ibar el 25 de enero de 1.998.

El primer juicio se inició en Florida el 5 de mayo de 1.997 contra ambos acusados, pero el 25 de enero del año siguiente fue declarado nulo porque el jurado no se puso de acuerdo.

            Un año después, se celebró un segundo juicio, pero el abogado de Pablo Ibar para dicho proceso fue detenido por agredir a una mujer embarazada y eso tuvo como consecuencia que Pablo Ibar solicitase una prórroga, la cual le fue concedida. Paralelamente, el juicio contra Seth Peñalver, el otro acusado, siguió y él sí que fue sentenciado a muerte.

            Finalmente, el segundo juicio se celebró el 17 de abril de 2.000, con la condena a muerte de Pablo Ibar. Con motivo de esta sentencia, la familia Ibar contrató al abogado Peter Raben, conocido en nuestro país por haber logrado que Joaquín José Martínez, otro español que estuvo en el corredor de la muerte en Florida, fuera absuelto. Con el apoyo de este nuevo abogado, Pablo Ibar presentó una apelación ante el Tribunal Supremo del estado de Florida, reclamando que no había disfrutado de su derecho a un juicio justo y que había sido condenado en base a pruebas circunstanciales, que hacían dudar de la fiabilidad del proceso judicial, llegando a una condena que calificaba de inconstitucional. Dicho Tribunal Supremo declaró la nulidad del segundo juicio y ordenó la celebración de un tercer juicio. Una apelación similar del otro acusado, Seth Peñalver, acabó con la celebración también de un nuevo juicio para él.

            El proceso de apelación ha sido largo. Hasta diciembre de 2.012 no se produjo la buena noticia para Pablo Ibar. Previamente, en junio de dicho año, se declaró no culpable por falta de pruebas y después de diez días de deliberación del jurado a Seth Peñalver. Con este precedente tan positivo, por fin el 1 de octubre de 2.018 tuvo lugar el inicio del tercer juicio. La defensa pudo demostrar una larga lista de pruebas científicas que descartaban la participación de Pablo Ibar en los hechos. El juez, no obstante, tomó decisiones que impidieron que se presentaran otras, alentando al jurado a decidir emocionalmente y no basándose en pruebas físicas y científicas, lo que llevó a una condena a cadena perpetua el 23 de mayo de 2.019.

Irregularidades del caso de Pablo Ibar

            La apelación que llevó a cabo el abogado de Pablo Ibar ante el Tribunal Supremo de Florida se basó en que éste no disfrutó de derechos constitucionales básicos, como asistencia letrada, o porque la principal prueba acusadora era una foto borrosa sacada de una cámara de videovigilancia de calidad bajísima y además, con una ausencia total de evidencias forenses, tales como ADN o huellas dactilares no coincidentes con las del acusado.

            A esto hay que sumarle que un testigo, Juan Gispert, declaró bajo juramento que un tercer hombre, William Ortiz, le había confesado la autoría del triple crimen con todo lujo de detalles. Esta información llevó a que Pablo Ibar solicitase el cotejo del ADN y las huellas de la escena del crimen con los de esta persona. Dichas comprobaciones obtuvieron resistencia por parte del juez, pero al final se permitieron. La ausencia de coincidencia llevó a que se descartara a William Ortiz. Sin embargo, la misma ausencia de pruebas no ha llevado a descartar a Pablo Ibar, lo que supone un agravio comparativo, una diferencia de trato.

            En conclusión, yo no puedo asegurar que Ibar sea inocente, pero tampoco puedo declararlo culpable porque no hay pruebas físicas que lo sitúen en la escena del crimen, ni huellas, ni ADN, a excepción de su parecido con el que aparece en la grabación de vídeo de ínfima calidad. No creo que sea suficiente para condenarlo ni a muerte ni a cadena perpetua. Deberían declararlo no culpable por falta de evidencias forenses. No obstante, el hecho de que sea latino, “raza” considerada por los estadounidenses como propensa a la delincuencia por la existencia de bandas, juega en su contra. De haber sido un ciudadano “blanco”, quizá ya estaría en la calle.

Fuentes bibliográficas:

Imagen ElPeriodico

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