El bueno, el malo y Assange

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La detención de Assange es parte de una guerra que libran los gobiernos y los ciudadanos que exigen justicia por lo denunciado por Assange

Un hecho que no es exclusivo de esta plataforma, pues la persecución de la verdad la están realizando muchos colectivos como El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y sus famosos Paradise Papers.

De la intensidad de la lucha contra la web de secretos oficiales da idea la panoplia de medidas tomadas, más allá de la detención de Assange (corte de las vías de financiación, intento de cierre de servidores y amplia campaña de desprestigio de Assange), un hecho que revela a las claras que, al menos, parte de verdad hay en todo este río de filtraciones.

Tras conseguir que las principales empresas de pago no admitan donaciones, que las redes sociales cierren sus grupos o que compañías de hosting le nieguen el pan y la sal, los estados afectados se han lanzado a la loable empresa de convencernos de las maldades de las acciones de Wikileaks. Entre otras razones ahora se aduce que estamos hablando de un medio sin credibilidad, que las informaciones están tomadas fuera de contexto, que sus autores son piratas anti sistema que disfrutan destruyendo nuestro paraíso capitalista o que estamos poniendo en riesgo la democracia, para caer, con su desprestigio, en sistemas peores, como ocurrió con el auge de los totalitarismos de los años treinta, tras el declive de las democracias occidentales.

“El problema es que no estamos hablando de un medio de comunicación, de una empresa periodística que elabora informaciones. Sino de una asociación que difunde información en bruto que la sociedad puede digerir a su entender, y sobre la cual numerosos medios de verdad están sacando las conclusiones que escandalizan realmente”, nos explica el periodista Guillermo Sánchez de Ctxt.

Pero aun así, aunque podamos sacar muchas pegas a las acciones de Wikileaks, que las tiene, no podemos confiar en que jueces, políticos y poderosos den cuenta de sus tropelías ante un sistema que ellos mismos sostienen y que les es deudor. “Ni tampoco podemos esperar a que rindan cuentas a Dios o a la historia”. Si lo que hemos conocido es cierto, en cuanto a las relaciones entre estados y en cuanto a los hechos cometidos en base a razones de estado o intereses espurios, esa gente debe dar cuenta ante las sociedades que les eligió, y depurar una democracia, que en caso de no hacerlo, morirá, pero no por saber la verdad, sino porque esa verdad existe.

Una limpieza democrática que cada vez parece más imposible, si nos fijamos en los gobiernos que se han ido creando en los últimos años en Brasil, Estados Unidos, Israel o Italia, por no ser exhaustivos. Y ello pese a tener en cuenta que el poder de la información ha llegado a la calle, a la gente normal, y sin intermediarios ni retoques. Internet permite que la sociedad, en su sentido más amplio sea consciente de lo que ocurre, de quien lo hace y porque, convirtiendo a cada individuo en un reportero, en un columnista, en un forjador de opinión. Y ese es el temor de los centros mundiales de poder, no solo la información que se esta divulgando, sino como y quien, al darse cuenta de que nuevos medios de opinión, independientes, dispersos, espontáneos, cambiantes y no controlables, están poniendo en cuestión las herramientas que han permitido la manipulación y la corrupción reinantes. Pero, a la vez, están abriendo el camino a una manipulación generosa de la población, como la campaña electoral americana demostró hace dos años. Y ese debería haber sido el riesgo para el poder y la oportunidad para nosotros los ciudadanos.


Assange en el momento de su detención en Londres. / FOTO LA VANGUARDIA

La pena de esta historia no está solo en un poder alejado del control de las poblaciones, dispuesto a todo para perpetuarse, sino en una información excesiva, en un torrente, difícil de digerir, lo que permite que muchos matices, al menos ahora, pasen desapercibidos, y en un volumen tan alto de delitos y maldades que afecta a todos, sin exclusión, con lo que todos colaborarán en silenciar la verdad. Distinto hubiera sido una información menor y que solo afectara a unos pocos, quizá el resto de los países y gobiernos si habrían actuado contra él.

Manipular no es solo torcer la verdad, sino silenciarla, lo cual coloca en entredicho no solo al sujeto de toda esta información, los gobiernos, sino a los medios que deberían transmitirla, esa es su función, y que según les interese o convenga la difunden o no.

¿Y ahora qué?. Esa parece ser la frase que emana de los ojos de Julián Assange, tras su barba blanca y los cristales del coche policial.

“Pero la mirada de Julián no es de soberbia, sino de tristeza. No es gesto de un perdedor, sino el gesto de victoria de quien se siente triste por haber ganado, por tener que contar lo que nunca debió ser contado, porque nunca debió ser hecho”. Y aquí conviene hacer un poco de memoria para no convertir la noticia en la crónica de un huésped maleducado al que le echaron de la embajada ecuatoriana por cerdo e incapaz de convivir.

Hace pocos años se la jugó al ejército americano, al filtrar más de 77.000 documentos desclasificados que descubrían las técnicas del ejército americano en Afganistán y su resultado, más de veinte mil civiles afganos muertos.

Después denuncio, con pruebas, las ejecuciones sin juicio realizadas por las autoridades de Kenia. Más tarde los trapos sucios de The New Kaupthing, el mayor banco islandés, hasta que demostró la irresponsable gestión de sus administradores, que tiempo después acabaron en la cárcel, tras arruinar, eso sí, a medio país. A eso han seguido las empresas de hidrocarburos, y la iglesia de la cienciologia, y …

Un trabajo que revela a las claras, y para nuestro sonrojo, ciertas verdades casi irrefutables.

Una que los sistemas de control de nuestros gobiernos y administraciones no existen, pues si no, no se entiende que ejércitos, agencias de seguridad, empresas y organismo varios campen por sus respetos, actuando como si estuviéramos en el siglo XVII.

Dos que la sociedad civil no existe, se encuentra desarticulada, gracias a la impagable labor de un sistema educativo uniformizante y unos medios tutelados, que digieren previamente la información que debemos conocer, y con qué sesgo.

Y tres, que tenemos un sentido de la justicia muy cínico. Destripamos a nuestros gobiernos, criticamos nuestras formas de actuar, limpiamos, de vez en cuando, nuestros métodos de seguridad, ocultos y macabros, bajamos nuestras defensas, podridas, pero defensas, y dejamos alzadas y afiladas las armas de quienes, siendo también malos, lo son más.

El mismo día en que medio mundo publicaba la detención de Assange solo unos pocos y pequeños medios de comunicación citaban, de pasada, la muerte a manos del ejército birmano, de quince mil campesinos de ese país. Sin motivo, con el necesario apoyo chino y de los bancos que custodian el inmenso patrimonio de Than Shwe, el dictador birmano.

Ahí, a lo lejos, también mira Julián, como diciéndonos, mira detrás de ti, que también hay sangre.

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