Dime la verdad, ¿A que necesito adelgazar unos kilos?

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Desgraciadamente, la percepción de que una nueva epidemia está amenazando la salud, e incluso la vida de los adolescentes españoles, es unánime. Estamos hablando de la anorexia y la bulimia. La situación es tan preocupante que ni siquiera hay camas suficientes para hospitalizar a tantos enfermos, y lo que es peor, no es posible hacer un seguimiento adecuado de los pacientes cuando vuelven a sus casas y esto provoca la recaída de muchos de ellos. La atención sanitaria no es adecuada y no se sabe exactamente como tratar estos problemas.

Han bastado sólo diez años para que las cifras sobre la incidencia de dichas enfermedades en España se igualen a las del resto de los países europeos, convirtiéndose así en la tercera enfermedad (tras el asma y la obesidad) más frecuente entre los adolescentes. Aproximadamente una de cada 100 adolescentes de entre 14 y 18 años cae en la anorexia, mientras que un 2,4% desarrolla bulimia. Aunque la anorexia nerviosa afecta 15 veces más a mujeres que a hombres, las estadísticas muestran cómo los varones han empezado a verse afectados cada vez más por estas patologías.

Pero, ¿qué empuja a la gente joven hacia estas enfermedades? Las causas son muy diversas, pero las más importantes son las siguientes. En las últimas décadas, para triunfar socialmente, una condición indispensable es estar delgado.

La publicidad, principalmente, se encarga de transmitir que éste es el único medio de obtener la felicidad y el éxito. Además, la incorporación de la mujer al mundo laboral ha facilitado que muchos adolescentes que comenzaban a hacer dietas dejasen de ser controlados por la familia y acabaran transformando esa mala alimentación en una enfermedad grave.

Tengamos en cuenta que si los padres no llevan una alimentación equilibrada y adecuada, sus hijos no van a hacer más que adquirir una mala conducta alimenticia.

La competencia entre las amigas por perder unos kilos de más. Entre unas y otras se influencian gravemente. Incluso se apoyan y respaldan para seguir ayunando y perdiendo peso.

El divorcio de los padres, la sobreprotección de los hijos, la muerte de un familiar, antecedentes familiares de anorexia o depresión e, incluso, ser el primero o el último de los hermanos son otros factores precipitantes.

El perfil tradicional de las víctimas es una chica de edad comprendida entre 14 y 18 años (aunque los estudios sitúan las edades de riesgo entre los 12 y 25 años), de clase media-alta. Sin embargo, debemos admitir que la enfermedad afecta ahora a todas las clases sociales y empiezan a presentarse casos de personas mayores de 30 años que sufren este trastorno.

La diferencia entre anoréxicas y bulímicas es que a las primeras se las descubre antes debido a su delgadez extrema, mientras que las otras suelen mantener el mismo peso.

Las consecuencias son la amenorrea (pérdida de menstruación) que puede verse relacionada con la aparición de osteoporosis, la reducción del tamaño del corazón y otras alteraciones.

Y, ¿cómo combatirlo? No hay discrepancias.El tratamiento de los trastornos de la alimentación debe ser multidisciplinario: aspectos nutricionales, psicoterapia, terapia familiar, farmacoterapia… Desde luego, la detención precoz siempre juega a favor del paciente. Pero lo más importante es la concienciación y la disposición de información suficiente. Y para ello, introducir una asignatura sobre nutrición en escuelas, para que los pequeños aprendan cuáles son sus necesidades alimenticias y lleven siempre un estilo de vida sano.

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