Cuestión de banderas

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Han pasado 10 años. Éramos casi un centenar y recorríamos Europa camino de Roma, para rendir homenaje a un belga que había enseñado a muchos españoles como vivir sólo para los demás. La imagen recoge a parte del grupo en un colegio romano, en una fiesta con jóvenes de varios países. Aquella tarde era 12 de octubre, era la fiesta de decenas de pueblos, y entre ellos el nuestro. Sacamos la bandera de nuestra ciudad y la de nuestro país y compartimos todo con los demás, empezando por nuestra alegría. No nos sentíamos exclusivos ni excluyentes, no era más que un signo de lo que éramos. Como lo hubiera sido exhibir la camiseta de un equipo, el color de nuestro pelo o el sonido de una canción. En aquella ciudad extraña nada nos rechazó ni nos hizo pensar que hacíamos mal siendo españoles. Seguimos siendo los mismos, seguimos sintiéndonos igual.

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