Cuando las tetas son más grandes que el cerebro

0 1.968

La argentina Sabrina Sabrok ha sido, a falta de cosas más interesantes que contar, según las teles, una de las protagonistas de la semana. Tal es la extravagancia de esta señora, que si se presenta a la Isla de las Tentaciones arrasaba. La chica en cuestión ha sido pagada por nuestras cadenas (las del wc no, las otras) para explicar a los españoles que se acaba de operar por sexta vez, para batir el record mundial, hasta ahora en su poder, de mega teta, alcanzando la nada desdeñable cifra de 10 kilos por pecho.

En realidad, la operación es solo un paso en aras de alcanzar el noble objetivo de lograr dos pechos de la 42xxx.

Bonaerense de 38 años, Sabrina es en realidad una mujer con aspiraciones, que ha ido ampliando su “perspectiva” añadiendo periódicamente implantes en sus dos pechos, hasta llegar ya a los 145 cm. Una heroicidad, si tenemos en cuenta que mide 174 con tacones. Vamos, que vale más saltarla que rodearla.

Seria esperanzador contar esto como una anécdota, pero en dosis más pequeñas, y menos espectaculares, este es el patrón de éxito social que se impone hoy en día.

Siguiendo la lógica de nuestro presidente del gobierno (lo de la octava potencia,etc), nuestra concepción de la cultura, el arte y el espectáculo debería ser prometedora, y proclive a desterrar esos valores de la escena pública, teniendo en cuenta además nuestra trayectoria greco latina.

Pero no, las carencias de una legislación que prohíbe a la gente ponerse en ridículo, y ya de paso crear escuela, la falta de un sistema educativo que acabe de promover la cultura y la formación personal entre la plenitud de las mujeres, la falta de integración de las minorías en nuestra sociedad y la falta de regulación del mercado, (que no solo hay barbaridades en el de pisos) hacen que este tipo de fenómenos proliferen cada vez más, ante el regocijo de los cirujanos estéticos y los sinvergüenzas de sus sucedáneos. Demostrando que nuestro alborozo por ser una gran potencia cultural y demás, es infundado.

Según un reciente estudio de la universidad de Granada es más fácil encontrar trabajo en el mundo de la farándula si eres mujer. Claro, si el talento artístico supera el 90-60-90.

Después de ver en televisión realtys del nivel moral de MyHyV o La isla de las tentaciones, resulta ocioso explicar que los empresarios no son extremadamente exigentes con el cerebro de sus artistas y “voluntarios”, y estos tampoco con sus ofertas de trabajo y la dignidad que estas llevan a cuestas. Priman para unos y otros los atributos, véase Sabrina.

Es un círculo vicioso. Dado por muerto el intento de educar el espíritu del personal, y satisfechos con que nos arrastremos por la eso, resulta obvio que la capacidad selectiva de muchos empresarios, artistas y candidatas a ser famosas, de muchas jóvenes españolas, hacia su tiempo libre y hacia sus anhelos culturales es baja. Vamos, que, para una persona poco educada en filosofía, música, física o política, resulta aburrido escuchar poesía, abúlico discutir sobre radiaciones cósmicas, y penoso pasar la primera página de un libro. Claro que los artistas no deben ir muy lejanos del público. Podríamos suponer que, en nuestro país, una página de Goytisolo podría desencadenar un mesurado y enriquecedor debate, y que distinguir una nota bien colocada nos haría descubrir un buen cantante. Pero como eso existe en España en muy escasa medida, la percepción del gran público se reduce a valorar lo que los medios le presentan solo si la información entra por un solo y simplificado sensor receptivo humano: los ojos. Un escote pronunciado, una espalda desnuda y unas piernas de vértigo. Todo ello envuelto (es un decir) por faldas minis, ropa ceñida y maquillajes de gotéle. Si eso ocurre, España no solo despertará, sino que se crearan tumultos, algaradas y revoluciones. Y es que crear una obra que indague en el alma humana no es na. Que donde este una buena mamoplastia de aumento que se quite todo. En el non plus ultra de la insensatez, es factible, quiero decir habitual, ver bailarinas que no bailan, cantantes que no cantan y pintores que no pintan (Barceló, por ejemplo. Bueno este lo hace manguera, que es más original). Pero ello no es óbice para que se les rían las gracias, se les de tiempo en televisión, y ganen sumas astronómicas de dinero. Llegando el público a imitar sus gestos, su ropa, sus tatuajes y hasta sus eructos si se tercia.

El tema no solo afecta a la mitad femenina de la humanidad, y no tan solo a España. Cierto, pero cada uno habla de lo que le duele.

Así, podría suponerse que cualquier trabajo, dedicado a la exposición pública, y ya no quiero hablar de cargos públicos, deberían someterse a un riguroso sistema de selección, aunque solo fuera por estética. Pues no. Y tampoco vamos a repetir aquí las virtudes de gente como Trump, Bolsonaro, Iglesias, Casado o Sánchez, que tan poco es cosa de meter en esta Web pornografía.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More