Cuando el cerebro enferma

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Escuchando en la radio una noticia sobre una chica de 27 años, a la cual habían diagnosticado en Valdecilla una demencia que creíamos de personas mayores, mi amigo Oscar, que había visto en su padre las consecuencias de esta enfermedad, tan frecuente en la actualidad, empezó este relato:

“No sabría muy bien decirte cuando empezó todo, no recuerdo un momento concreto, un día concreto. Con el paso de los meses, fuimos notando cosas raras en el comportamiento de mi padre: despistes, que no le salía una palabra, que no recordaba donde dejaba las cosas… De esta manera fue apareciendo la enfermedad que le haría dejar poco a poco de saber hasta quienes éramos. Fue duro, muy duro,  ir viendo como avanzaba el deterioro y como mi padre se hacía cada vez más dependiente de los cuidados de mi madre y de  sus hijos. Fueron aproximadamente 10 años desde que nos dieron el diagnóstico hasta que mi padre falleció.

Estos años fueron duros para toda la familia porque piensas que estaba en el momento de disfrutar de su jubilación, de descansar, de dedicarse a hacer lo que le gustaba  y de disfrutar de la vida .Él, pienso que no sufrió tanto como nosotros, pues la mayoría de los años pasaron sin que supiera ni tan siquiera quien era él mismo. Tal vez, los primeros años fuera consciente de que se le olvidaban las cosas, pero realmente estoy convencido, que durante los peores años, él no fue consciente.

No te voy a negar que vivir con una persona que tiene esta enfermedad es tremendamente difícil  porque con el paso de los años todo se complica .Mi padre siempre fue una persona tranquila, trabajadora, cariñosa y muy organizada. Con la enfermedad mi padre se convirtió en otra persona, sobre todo cuando ya estaba en un proceso avanzado (a veces se ponía agresivo, se negaba a muchas cosas, estaba apático, se escapaba sin saber a dónde iba y no sabía regresar…aún recuerdo cuantas veces tu abuelo Luis salía detrás de él cuando se daba cuenta que se nos iba y nos le traía a casa). Para las personas que nos ocupamos de su cuidado, y de forma muy especial para mi madre, que era la que más tiempo le dedicaba, el día a día era muy agotador porque había que estar pendiente de él  las 24 horas. Poco a poco, íbamos viendo como cada vez se comunicaba menos, cada vez caminaba menos, cada vez iba siendo más torpe para realizar actividades como vestirse, desvestirse, comer, asearse, peinarse…

Te diré que si la vida del enfermo se transforma por completo, la del cuidador da un giro de 180 grados, porque deja de vivir para sí y comienza a vivir para ayudar en todo al familiar enfermo. Yo puedo decirte que con lo duro que le tocó vivir  a mi madre esos años, nunca se arrepintió de todo lo que hizo, nunca se planteó llevarlo a un centro (cosa que por supuesto pienso que muchas familias se ven obligadas a hacer para poder continuar con su vida laboral y familiar y que es del todo aceptable a la  vez que, bien seguro, duro para ellos). Ella se levantaba cada día para dedicárselo a mi padre en cuerpo y alma. Esta enfermedad golpeó a toda la familia.

Si hay algo que yo pediría a los políticos, es que invirtieran en la INVESTIGACIÓN de esta enfermedad que da pasos de gigante y cada día ataca a personas más jóvenes.  Buscar el origen, el por qué se desarrolla y sobre todo investigar para dar con medicamentos  que frenen el deterioro y el progreso de la enfermedad.”

Mi amigo habla del ALZHEIMER, un tipo de demencia que en su mayoría afecta a personas mayores de 65 años y donde la pérdida de la memoria progresiva es el síntoma clave, y de cómo afectó a la vida de toda la familia esta enfermedad. Su experiencia es la experiencia de millones de familias que conviven con un familiar con esta  demencia que aparece cuando determinadas áreas del cerebro se dañan sin que sepamos porqué ni cuando se inicia el daño.  Es una enfermedad, que si analizamos el relato de Oscar, vemos que pasa por varias etapas o fases. La fase inicial o fase leve puede tener una duración aproximada de 3 años. Durante este periodo la persona tiene olvidos relacionados con actividades recientes pero es capaz de comunicarse y mantener una conversación. En una segunda fase, fase moderada, a la persona le cuesta comunicarse y comienza a no saber vestirse, no sabe usar los cubiertos, presenta episodios de agresividad y comienza a no reconocer o confundir a los familiares. En la tercera  fase, fase grave, el enfermo ya no se reconoce así mismo cuando se mira en un espejo, no sabe su nombre ni reconoce a sus familiares directos y se convierte en una persona totalmente dependiente para todas las actividades de la vida diaría .

 No existe cura, es una enfermedad que avanza más o menos rápido, pero que no se detiene. Ahí radica la gran importancia de dedicar grandes partidas económicas por parte del Estado a INVESTIGAR, para que en un futuro, el alzheimer deje de ser tan destructor. Investigar para encontrar medicamentos que frenen el avance de la enfermedad y permitan una mayor calidad de vida al enfermo y a la familia. Además, pienso que es muy necesario encontrar apoyos sociales que ayuden al CUIDADOR de la persona con alzheimer. Esa persona es, sin duda, quién más ayuda necesita para poder estar cada día junto a su familiar enfermo.

Te recomendamos que escuches este audio

https://cope-cdnmed.agilecontent.com/resources/mp3/3/6/1567553964763.mp3

BIBLIOGRAFIA:

https://www.alz.org/es/demencia-alzheimer-espa%C3%B1a.asp

2 Comentarios
  1. Anabel dice

    Buen trabajo.Refleja tan bien la realidad de la enfermedad y su dureza.Ojala los políticos se centraran en estos problemas y buscaran soluciones para los problemas reales de los españoles.

  2. suky_chan dice

    Acabo de leer vuestro artículo y me ha encantado. Soy cuidador en un centro de día y se lo poco valorado que esta este trabajo. Gracias por visibilizarnos.

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