Crimea, una historia de ida y vuelta

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Un policía muerto y decenas de heridos en Kiev fue el capítulo inicial de la actual carnicería en Ucrania. Hace 8 años, Crimea volvía a Rusia.

Al principio de su historia, Crimea había sido una península al norte del Mar Negro, habitado por varios grupos étnicos, ya que tenía una buena situación geográfica, buen clima y recursos terrestres y marítimos. Mas tarde formaría parte del imperio griego. 

Sin embargo, el 19 de febrero de 1954 sería un día que marcaría la historia de Crimea, ya que este día el dirigente soviético Nikita Jruschov que gobernaba esas tierras pertenecientes al territorio soviético decidió honrar a Ucrania regalándole la península de Crimea.

Pero la generosidad del dirigente no había sido una casualidad, ya que entre los años 1938 y 1947 Jruschov había desempeñado las labores de secretario general del Partido Comunista ucraniano y participo activamente para impedir la entrada de Alemania en el territorio.

Además, por esa fecha se cumplían 300 años desde que Ucrania se unió a Rusia y ese parecía el regalo perfecto. Sin embargo, lo más importante es que este líder soviético no concebía que la Unión Soviética se pudiera desintegrar.

Pero en 1991 cayó la URSS, Ucrania declaró su independencia y Crimea quedó bajo el poder del gobierno de Kiev. Este es el origen del gran conflicto.

Durante los años siguientes la península intento mantener la autonomía, nombrar a un presidente y aprobar su propia constitución. Este territorio era clave, ya que era el nexo de unión entre Rusia y Ucrania.

El problema residía en que la mayoría de la población de la península era proclive a Moscú, ya que el 60% de la población tiene origen ruso. Además, durante el gobierno de Stalin, los habitantes originarios, los tártaros, fueron expulsados y en su lugar llegaron habitantes rusos, que tomaron las tierras como suyas. Por ello solo el 25% de la población es ucraniana.

Por esta razón, tras la caída de Víktor Yanukovich, que era uno de los aliados de Vladimir Putin, los crimeos vieron la oportunidad perfecta para convocar el referéndum del 16 de marzo, porque según los habitantes las nuevas autoridades no los representaban. 

En aquella votación el 96,6% de la población opto por la independencia de Ucrania y la predisposición de unirse a Rusia, lo que Putin aprobó. Sin embargo, este referéndum fue calificado de ilegitimo por la comunidad internacional, mientras el avance militar ruso en Crimea fue condenado duramente.

Hoy en día, en las bases militares en Crimea ondean las banderas rusas, en el comercio se utiliza el rubio y mientras los ciudadanos que continúan queriendo ser ucranianos solicitan al país que los evacue lo antes posible.

A pesar de esto los ataques entre ambos territorios continúan siendo constantes a la espera de que se recupere la normalidad, la península está siendo el blanco de fuertes ataques, que están provocando la inseguridad de la población y provocado que haya  que improvisar varios hospitales para atender a los heridos que sea posible.

Actualmente Ucrania que decidió aceptar el hecho consumado de perder la península mantiene sus esfuerzos militares para controlar amplias zonas del este del país amenazadas de correr la misma suerte, tras la rebelión prorrusa y el fracaso de diversas iniciativas internacionales de paz.

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