Cospedal, no te cases

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La prensa rosa, en su sección de humor, se ha hecho eco estos días de la polémica surgida a cuento de la boda de Mª Dolores de Cospedal, la secretaria general del PP. En pocas palabras, la política manchega, recientemente casada en Toledo, se ha encontrado de sopetón, con que los socialistas de esta comunidad han fijado el debate sobre el estado de la región, en las mismas fechas en las que supuestamente la escudera de Rajoy iba a estar de viaje de novios. Como a Lola se le hacía muy fuerte protestar por motivos personales ha mandado por delante al secretario de su partido en Toledo, que ha sacado aquello de la conspiración judeo masónica y, ya de paso, la mala leche.

De sobra es sabido que las relaciones entre Cospedal y Barreda (presidente manchego) no son amorosas. A la ineptitud de Barreda, preclara hasta para el PP, se une el deseo de ella de arrebatar el puesto al heredero de Bono. Cualquier forma de hacerla opaca a la opinión pública, o de deslavar su imagen es bien recibida. Si habitualmente este tipo de fechas (las del debate, lógicamente) son consensuadas entre los partidos, dada su importancia, en esta ocasión se ha notado que los socialistas querían o dejar al margen a la secretaria popular, y así hacerla menos ídem, o provocar en ella la reacción que han provocado, fortaleciendo su posición de niña bien quejica y llorona. Y es que el veranito que se ha tirado la Cospedal protestando ha sido antológico, y ahí sí que debemos ponernos serios.

Un buen número de españoles se quejan cada vez con más intensidad de un gobierno desorganizado, sin brújula y que da sobradas muestras de que los criterios habituales de gestión no son los que están sobre la mesa del consejo de ministros. En cualquier lugar del mundo (Inglaterra sin ir más lejos) eso sería más que suficiente para desatar un cambio político completo, a la japonesa, por ejemplo. Aquí, la ciudadanía asiste perpleja al espectáculo de un partido de oposición, que representa a millones de españoles, que gobierna casi en la mitad de las autonomías y ayuntamientos, que hace comer de su mano a jueces, fiscales y altos funcionarios encuadrados en sus filas o en asociaciones muy conservadoras, y que se dice perseguido.

Hay gente que es muy psicótica, la vida moderna, realmente intensa, conduce a desequilibrios mentales incuestionables. Pero nunca nos habíamos enfrentado a una paranoia colectiva de tal calibre. Los jueces y los fiscales persiguen al PP, por orden del gobierno, no por cometer delitos, sino por causa ideológica y de pensamiento. Los policías hacen escuchas ilegales y siguen a los cargos electos del partido, coartando su libertad. Incluso los poderes públicos se esmeran en reventar efemérides tales como bodas y lunas de miel.

Una mirada, incluso poco atenta, a la realidad nos muestra que el sistema de partidos en España precisa de una clara refundación. Con los nacionalismos sin identidad, perdido el poder, la izquierda pos comunista aparece en periodo de liquidación, con Cayo Lara de albacea general. Las nuevas incorporaciones, UPyD, fenecen lánguidamente de la mano del autoritarismo y la falta de ideario y democracia interna. Frente a eso, los dos grandes partidos, 6 de cada 7 diputados y senadores) se erigen como dos monstruos, erguidos de espaldas al pueblo, rapiñando la cosa pública.

Las debilidades del PSOE son palmarias, estando como está sometido al escaparate público cada día. El problema de los populares es, sin embargo, no de debilidad, sino de criminalidad política. Provincias enteras se encuentran en manos de auténticas mafias que controlan el poder desde hace décadas, a través de redes de clientelismo más propias de la época de Canovas (Castellón, Lugo, Orense..) que aprovechan las telarañas familiares y el predominio rural. En otros lugares, y al cobijo del crecimiento económico pasado y la creación de clases vip nacidas de los negocios fáciles, se han montado economías paralelas, fuera del alcance del estado que han vaciado las arcas públicas y enriquecido a unos pocos ligados a la administración (caso de Baleares, donde ahora la justicia se afana en desmontar el escalón intermedio, aun no se ha llegado a la cúpula). En otras las prácticas de amiguismo y enchufe de redes completas de parásitos del poder, que juegan al merodeo con los contratos de las administraciones, han acabado haciéndole un traje a gobiernos enteros, sumidos en la sospecha de la prevaricación y la financiación ilegal de sus familias y sus partidos. El partido del gobierno no se libra, lo veremos más claro cuando abandone Moncloa, aunque ya Caja La Mancha nos da un aviso, pero al menos ha tenido hasta ahora la habilidad de esconderse y no empeorar el panorama. Pero la actitud popular ante estos hechos ha sido vil, cobarde y criminal. Especialmente lo último, porque si no reconocer los errores es moralmente grave en quien es faro de la sociedad, y no hacer limpieza es un error que puede condenar a un partido por décadas, extender la mierda, poniendo en cuestión todos los cimientos y bases de la democracia, extendiendo sin pruebas la sospecha a todo aquello que sirve para crear confianza y seguridad a los ciudadanos, es una forma como otra de asesinar el sistema. Porque en estos días, personas como Cospedal no solo se han permitido poner en tela de juicio nuestro sistema político, sino has el económico, avisando González Pons que el gobierno no va a ser capaz de garantizar el pago de la deuda. Bonita manera de conseguir fondos y endeudamiento en el extranjero, vitales, en este momento para el mantenimiento de los servicios del estado.

Términos como inquisición, persecución ideológica, régimen o espionaje a partidos, se han vertido a la opinión publica sin ningún rubor, y sin ninguna prueba, cuando el único espionaje reconocido ha sido el de miembros del partido sobre compañeros, y a costa del contribuyente, y cuando los únicos compadreos conocidos se han producido en comunidades como Valencia, donde la amistad entre el presidente autonómico y el del Tribunal Superior de Justicia de aquella zona han salvado de la quema, de momento, al primero.

Un poco de humanidad con quienes sufren paro, chabolas, enfermedad y marginación deberían mostrar nuestros servidores públicos y ya de paso, una separación de poderes real que haga fuertes a nuestros tribunales, un sistema de control de partidos eficaz y un examen ético para ser político. Y si no te puedes casar, no te casas, y si no te puedes ir de luna de miel, no te vas, que el trabajo es lo primero y si no estas conforme te largas al paro. Eso les dicen a las cajeras de super, con contrato basura. Claro que ellas no tienen privilegios y honores como Lola.

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