Charlas con Fiorella

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La charla que nos dio Fiorella, sobre la situación de su país, Colombia,  me pareció muy enriquecedora. Me llamo mucha la atención la historia de una mujer de la que nos habló. Esta mujer se llamaba Pastora y las FARC habían asesinado a una gran parte de su familia. Aún así Pastora fue capaz de perdonar, y trabaja en una casa que se llama la casa de la reconciliación, dónde se alojan personas en proceso de reintegración y excombatientes de este grupo. Esto me hizo reflexionar bastante. Esta  mujer que pasaría por un infierno al perder a casi toda su familia,  porque fueron asesinados, es capaz de perdonarles, todo con el fin de que no haya más violencia. Fiorella nos dijo que la violencia no se soluciona con más violencia y Pastora es un gran ejemplo de esto. SI quieres que ese círculo vicioso cese, tienes que enfrentarte a la violencia y ser capaz de perdonar. Esta era la manera de Pastora de luchar contra la violencia pero hubo alguna más que captó mi atención especialmente. La forma de ir contra la violencia de las mujeres Wayuu. Éstas se juntan y mientras hablan de los problemas políticos, o el problema de sus comunidades con las minas, tejen bolsos. Cada bolso ha sido tejido mientras se contaba o se escuchaba alguna historia. Si han surgido maneras de resistirse contra la violencia, es porque ha habido y hay aún demasiada. Fiorella también nos dijo que la violencia no era solo física, la había de muchos modos y la que me chocó bastante fue la violencia simbólica. Una de las maneras de ejercer esta violencia era cubriendo los ojos de la figura de la virgen de las comunidades. Siendo tan religiosos esto daba a entender a la comunidad, que ya no estaban protegidos por la virgen, lo que pasara ella no lo podría ver. Para mí este acto es dejar a la comunidad en vilo. Que va a suceder, que va a ser tan terrible, que han tapado los ojos a la virgen para que no sea capaz de “proteger” a esta comunidad. Es una realidad muy escalofriante. Otra realidad que nos contó Fiorella fue la suya y la de muchos de sus compañeros. El simple hecho de no ser capaz de estudiar en una universidad tranquila o andar sin rumbo por las calles. Ella nos contó que estudiar en una universidad pública en Colombia, implicaba la visita de la policía más de lo que uno se imaginaría. Y todo causado por enfrentamientos políticos, e ideas radicales. También nos contó que había en una misma ciudad dos realidades completamente opuestas. Podrías estar caminando por un barrio de dinero, y al bajar dos calles podrías encontrarte en una zona muy peligrosa. Hasta podrían haber fronteras invisibles que has traspasado sin darte cuenta y al entrar en este territorio podrías llevarte un disparo. Al oír todas estas cosas, lo bueno de las maneras de resistencia que hay para adaptarse a la situación, pero también el simple hecho de que estos problemas se den, no puedo evitar pensar en toda la increíble suerte que tengo. Puedo estudiar, puedo andar por las calles de mi pueblo de día sin un miedo constante, me siento muy afortunada de mi realidad y por increíble que parezca  está ocurriendo a la par de realidades muy diferentes como las que hay en Colombia.

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