Botellones que matan

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Cada vez es mayor el número de jóvenes que pasan su tiempo de ocio acudiendo al famoso botellón, incluso en plena pandemia. El botellón es una concentración de jóvenes que se reúnen para consumir alcohol mezclado con bebidas refrescantes como puede ser el calimocho, estas concentraciones se suelen celebrar fuera de las discotecas, en la playa, en plazas o en descampados.

El término botellón surge hace dos décadas cuando intentan evitar que dentro de las discotecas les diesen alcohol de garrafón (de baja calidad) pagando por ello una cantidad más alta; hacían la mezcla en botellas de 2 litros y lo consumían fuera de los locales con la intención de entrar después en ellos. Se trata de un fenómeno que refleja la tradición española de vincular la bebida con el ocio.  

Este fenómeno comenzó en España, pero actualmente ya lo realizan países como Alemania, Reino Unido, Francia, Rusia, Argentina…pero con otras connotaciones debido al clima y a las costumbres de cada país.

Los problemas surgen cuando al masificarse estas concentraciones no pueden ‘convivir’ vecinos y botellón, ya que conlleva borracheras, ruido, botellas rotas, cartones vacíos e incluso restos orgánicos en el suelo, así queda la calle después del botellón. Las asociaciones de vecinos culpan a los jóvenes de los destrozos y actos vandálicos que sufre el mobiliario urbano; esto trae consigo que los ayuntamientos tripliquen la dotación policial para controlar a estos grupos, además de aumentar el número de controles de alcoholemia en los puntos críticos de las ciudades con la consiguiente multa e incluso la retirada de puntos o del carnet si este sobrepasa la tasa permitida.

Asique algunos Ayuntamientos han promovido lugares (principalmente descampados) en los que los chicos pueden acudir a realizar su ‘reunión’, pero no suele tener mucho éxito, porque estos lugares están lejos del centro de la cuidad y no tienen buena comunicación.

Aunque la venta de alcohol está prohibida a menores esto es muy difícil de controlar porque no siempre se pide al consumidor el DNI y además puede ser un adulto el que compre el alcohol y consumirlo con menores.  

La sociedad en un principio acepta y refuerza esta conducta con la publicidad de bebidas alcohólicas y se asocia con el atractivo personal y otros valores. El alcohol o el tabaco forman parte de la iniciación del adolescente en su etapa de madurez, y bien por su baja autoestima o por su temor a ser rechazado por el grupo no sabe decir que no y esto lleva a consumir para desinhibirse en el caso más leve, y en el caso más grave entrar en coma etílico. El adolescente que crece en un mal ambiente familiar y social cree encontrar en el alcohol y las drogas una manera de poder así olvidar los ‘malos rollos’ . Los argumentos de un joven para defender el botellón son: que no gasta tanto dinero por el mismo alcohol, puede relajarse y desconectar, divertirse, y hablar con amigos sin el molesto ruido de pubs o bares.  

Otra forma de hacer botellón son las barriladas, fiestas que se celebran de día organizadas generalmente por sms o por internet en las que acuden estudiantes de universidades y facultades, suelen ser difíciles de controlar ya que la afluencia es excesiva.

En el año 2002 se propuso la ”ley antibotellón”, que prohibía beber en la calle, regular los horarios de venta y promoción de alcohol, pero debido a las críticas esta ley nunca se aprobó. Desde los Ayuntamientos se ofrece la posibilidad de hacer fiestas sin alcohol y lugares donde reunirse llamados botellódromos, son lugares grandes, con medidas de higiene y seguridad (aseos públicos, contenedores de basura, vigilancia…).

Hoy el confinamiento y la pandemia deberían ser motivo suficiente para erradicar esta práctica, pero el deseo de pasar página, de no ver detenida la vida, el hartazgo de aplazar nuestra vida social y, sobre todo, la inconsciencia y la falta de empatía con los que sufren, están haciendo de esta práctica un places prohibido, masivo y devastador.  

Desde la familia se debe inculcar al joven en el valor de que no son necesarias las sustancias para divertirse y sentirse feliz, porque estas anulan los sentidos, y al principio pueden ser placenteras pero después te hacen dependiente, uno debe de tener la capacidad de decidir y controlar su propia vida, asi como no comprometer la de los demás.

Imagen de La Sexta Noche, explicando las terribles consecuencias del botellón en plena pandemia.

Natalia Hoyuela

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