Básico 8. La Guerra de Independencia

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“DESCRIBE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: SUS CAUSAS, LA COMPOSICIÓN DE LOS BANDOS EN CONFLICTO Y EL DESARROLLO DE LOS ACONTECIMIENTOS”

El siglo XVIII había supuesto para España la llegada de una nueva dinastía: los Borbones, tras la victoria de Felipe V en la Guerra de Sucesión y su reconocimiento en el tratado de Utrecht.

Los reinados de Felipe V y sus hijos Fernando VI y Carlos III habían devuelto a España, aunque mermada en Europa, el carácter de potencia internacional. Influidos por las ideas ilustradas y el apoyo de Francia, los borbones habían iniciado una política reformista en lo económico y lo cultural, pese a mantener la estructura social del Antiguo Régimen. Sin embargo el llamado Motín de Esquilache había paralizado muchas reformas de Carlos III, iniciando con su hijo Carlos IV un nuevo declive en nuestra historia.

Con la denominación Guerra de la Independencia designamos la resistencia armada del pueblo español ante la ocupación efectiva de España por Napoleón a partir de 1808..

En 1789 estalló en Francia la Revolución Francesa que acabaría con el Antiguo Régimen en ese país. El miedo de las monarquías europeas a que la revolución se extendiera hizo estallar una guerra general contra Francia. Un anticuado ejército español fue derrotado por Francia, ante lo cual Manuel Godoy, valido de Carlos IV, instó a este a firmar la paz por separado. Así, la monarquía absoluta española pasaba de agresora a neutral en el conflicto, y poco más tarde a aliado de los franceses, un cambio que se explica por la duda en la corte española entre respetar los pactos de familia o ser coherente con la lucha contra la revolución liberal.

La alineación con Francia en los llamados Pactos de San Ildefonso hizo crecer en la corte la oposición a la política del rey y su valido Godoy, el cual había intentado mejorar la hacienda apropiándose de las tierras de la iglesia (primera desamortización).

La actitud pro francesa llevó a la derrota de nuestra marina en Trafalgar ante los ingleses. Todos estos acontecimientos condujeron a una profunda crisis (larvada desde la muerte de Carlos III). Las derrotas militares, el hundimiento económico y de la Hacienda Real, agravados por el colapso del comercio con América tras la derrota de Trafalgar (1805), generaron un gran descontento social agravado por la creciente presencia de tropas francesas en territorio español permitida por el Tratado de Fontainebleau (1807).  La crisis política definitiva se desató en Aranjuez, donde estaba la Corte, cuando los contrarios a Godoy, agrupados en torno al Príncipe de Asturias (Fernando VII), instigó un Motín que forzó la destitución y encarcelamiento del primer ministro y la abdicación de Carlos IV en su hijo. 

Los hechos alarmaron a Napoleón Bonaparte, máximo dirigente de la Francia Revolucionaria, que temió que al caer Carlos IV el nuevo soberano cambiara de bando, poniendo al servicio de los aliados los restos de su marina y su inmenso imperio colonial, ante esto Napoleón aprovechó la crisis monárquica para hacerse con el control de país.

El viejo rey, Carlos IV y su hijo Fernando VI, pugnaban por el poder, buscando en Napoleón un arbitraje. Pero este aprovecho el enfrentamiento para su causa. Napoleón necesitaba un gobierno estable en España para utilizar sus recursos y evitar que los aliados se fortaleciesen. El plan de Napoleón era reunir a la familia real en Bayona, apartarles del poder y hacerse con el poder gracias a las tropas acantonadas en España.

El 2 de mayo de 1808, cuando la familia real se disponía a abandonar el Palacio de Oriente en Madrid, camino de Francia, el pueblo madrileño se amotinó y fue reprimido con extrema dureza por las tropas francesas.

En Bayona, Napoleón nombró rey de España a su hermano José Bonaparte, aunque mediante una fórmula de traspaso de poderes que mantenía la apariencia de legalidad: Fernando VII devolvía el trono a su padre, Carlos IV, quien renunciaba a él en favor de Napoleón, quien, a su vez, lo cedía a su hermano José.

Según se fueron conociendo en las diferentes provincias españolas las abdicaciones de Bayona y los acontecimientos de Madrid, se extendió la insurrección por todo el país.

La Guerra de la Independencia fue, fundamentalmente, una guerra de liberación contra un invasor extranjero, pero también una guerra civil, ya que un importante sector de la población española aceptó y respetó la legitimidad de José I Bonaparte, y también una guerra ideológica entre liberales y serviles. El territorio quedó dividido en dos partes bajo el control de cada uno de los bandos enfrentados en la guerra:

La mayor parte del país quedó sometida a José I Bonaparte bajo la ocupación del ejército francés. Contaba con el apoyo de los llamados afrancesados , entre los cuales no sólo había “serviles” u oportunistas, sino también muchos viejos reformistas e ilustrados, que pretendían una modernización pacífica y gradual de España, sin sobresaltos revolucionarios, como la que parecía garantizar José I, sustituto de una dinastía decadente y corrupta.

Enfrente estaban los patriotas. La integraban los territorios no dominados por el ejército francés. Afirmaba luchar en nombre del legítimo rey de España, Fernando VII. En los pueblos y ciudades de los territorios insurrectos, los rebeldes destituyeron a las autoridades existentes y crearon juntas locales, nuevos órganos de poder aunque la mayoría estaban integrados por individuos de la nobleza, el clero y algunos burgueses. A su vez, las juntas locales se agruparon en juntas supremas provinciales, que ejercían el gobierno en sus respectivas provincias. La necesidad de coordinación entre las diferentes juntas provinciales propició la creación de una Junta Suprema Central, que dirigió la guerra contra los franceses y asumió el gobierno del país en las zonas no ocupadas junto a las Cortes generales reunidas en Cádiz.

Sin embargo, el bando rebelde no era homogéneo desde un punto de vista ideológico, se podían diferenciar dos grupos principales: los liberales contrarios al sistema de Antiguo Régimen y partidarios de implantar una monarquía constitucional o limitada; y los absolutistas, partidarios del retorno de Fernando VII como monarca absoluto.

Estas diferencias se reflejarán en las Cortes Generales del Reino convocadas, finalmente, por el Consejo de Regencia al que la Junta Suprema traspasó sus poderes, en 1810. La ausencia del rey, retenido en Francia, el hundimiento de la instituciones del Antiguo Régimen junto con el inexorable avance francés, que llevó al Consejo a trasladarse a Cádiz, hacía necesaria la adopción de reformas y las Cortes eran, ese momento, la única institución con legitimidad para adoptarlas. La mayoritaria presencia de liberales en ellas, debido a las circunstancias de la guerra, y su constitución como asamblea única, con voto individual, y no estamental, condujeron a que en las Cortes de Cádiz se llevase a cabo el primer intento de revolución liberal en España, que se concretó en la Constitución de 1812.

El bando insurrecto contó con el apoyo militar del ejército inglés y la actuación de las guerrillas populares que mantuvieron en jaque al ejército francés obligándole a destinar más efectivos en retaguardia.

Se pueden distinguir tres fases en el curso de la guerra:

1.-Hasta noviembre de 1808. Fue una etapa de euforia y protagonismo de la resistencia española. Los franceses sufrieron importantes reveses como el fracaso ante el sitio de Zaragoza y, sobre todo, la derrota en la Batalla de Bailén, el 19 de julio, que impidió la ocupación de Andalucía y creó tal alarma que José I abandonó Madrid para establecerse en Vitoria.

2.- De noviembre de 1808 a enero de 1812. Fue una fase de claro dominio del ejército francés. Ante la derrota sufrida en Bailén y el repliegue de su ejército, el propio Napoleón vino a España en noviembre de 1808 al frente de un gran ejército. Se sucedieron las victorias y José I se volvió a establecer en Madrid. En 1809, después de que Napoleón ya hubiera abandonado España, los generales franceses derrotaron en Ocaña al ejército que intentaba liberar Madrid, lo que les facilitó en 1810 la conquista y ocupación de Andalucía.   Sólo Cádiz, defendida por una escuadra inglesa, resistió las acometidas francesas. 

3.-De 1812 al final de la guerra. Recuperación de los insurrectos y declive francés hasta su retirada. En 1812, el imperio napoleónico comenzaba a tener problemas en Europa: se retiraron tropas de España para la campaña rusa que acabó siendo un desastre. La iniciativa de la guerra la tomaron, entonces, los rebeldes y el ejército inglés, apoyado por el portugués, que, al mando de Wellington, avanzó desde el sur con sucesivas victorias entre las que destaca la de Los Arapiles que abrió el camino hacia Madrid. En mayo de 1813, José I abandonaba definitivamente Madrid. Las batallas de Vitoria y San Marcial en el verano de 1813 acabarían consumando la derrota de los franceses, procediendo sus generales a una retirada ordenada de las tropas.

El 11 de diciembre de 1813, asediado en su propio territorio, Napoleón firmaba el Tratado de Valençay, por el que restituía la Corona de España a Fernando VII, aunque sus últimas tropas no abandonaron Cataluña hasta junio de 1814. El 13 de marzo de 1814 Fernando emprendía el viaje de regreso a España

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