Básico 33. La España democrática (1979- 1996)

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“Elabora un esquema con las etapas políticas desde 1979 hasta la actualidad, según el partido en el poder, y señala los principales acontecimientos de cada una de ellas”.

LOS GOBIERNOS DE UCD 1979-1882

En las elecciones de 1979 Suárez formó gobierno en minoría, ante el ascenso del PSOE y la caida del PCE.  El 3 de abril se celebraron las primeras elecciones municipales. UCD consiguió también el mayor número de votos y concejales, aunque el PSOE se alzó con alcaldías importantes, como la de Madrid.

Tras las elecciones generales y municipales de 1979, los principales partidos políticos vivieron fuertes tensiones internas. Felipe González propuso en el XXVIII Congreso del PSOE eliminar el término marxista de sus estatutos para abrirlo a nuevos votantes. La propuesta no fue aceptada y dimitió. Unos meses más tarde volvía como líder. En el PCE se enfrentaron moderados y radicales. Santiago Carrillo triunfó, pero el partido quedó debilitado tanto por las expulsiones como por los abandonos. Aunque fue en UCD donde las peleas entre facciones alcanzaron su mayor intensidad.

La falta de cohesión de UCD debido a su heterogénea composición dificultó la labor de gobierno de Suárez mostrando la imposibilidad de llevar a cabo las reformas prometidas, como la ley del divorcio. A pesar de todo, se aprobaron algunas leyes laborales y algunas de ámbito educativo.

Además los gobiernos del presidente Suárez afrontaron graves problemas.

La crisis económica se fue agravando desde 1979 por el encarecimiento del petróleo, la disminución de inversiones extranjeras y el cierre de empresas. Sus efectos se reflejaron en el aumento del paro y la conflictividad laboral, la disminución del salario real y las malas condiciones de trabajo.

El proceso autonómico elevó las demandas de competencias lo que choco con sectores del gobierno que veían amenazada la unidad nacional.

El terrorismo continuó su escalada. El ministro Rosón propició la reinserción de presos y consiguió la autodisolución de la rama ETA político-militar, pero el resto de ETA mantuvo sus acciones.

Los malos resultados en las siguientes elecciones autonómicas desencadenaron la crisis de UCD. El PSOE planteó una moción de censura y las críticas internas llevaron a Suárez a dimitir el 29 de enero de 1981. A principios de febrero UCD designó a Calvo Sotelo sucesor de Adolfo Suárez. Pero los militares más involucionistas organizaron un golpe de Estado para acabar con la transición hacia la democracia. El 23 de febrero, mientras se celebraba la investidura del nuevo presidente, un grupo de guardias civiles al mando del teniente coronel Tejero asaltaron el Congreso de los Diputados. Secuestraron al gobierno y a los representantes de la soberanía nacional. Al tiempo, en Valencia, el capitán general Milans del Bosch declaraba el estado de guerra y sacaba los carros de combate a la calle. En Madrid el general Armada, con algunos oscuros apoyos civiles, pretendía formar un gobierno de concentración.

La actuación del rey fue rápida y oportuna. En primer lugar contactó con los mandos militares para asegurarse de su fidelidad, y una vez hecho esto se dirigió a la nación a través de la televisión condenando el golpe. El golpe militar fracasó y los implicados fueron detenidos, procesados y condenados.

Calvo Sotelo fue investido presidente el 25 de febrero, pero un ambiente de debilidad. Llegó a acuerdos con empresarios, sindicatos y oposición que aminoraron la tensión social. Firmó la LOAPA para limitar los poderes de las autonomías. Sacó adelante la ley del divorcio e incluso integró a España en la OTAN. En las elecciones de 1982, la UCD casi desapareció del mapa, quedando solo del centro un pequeño partido formado por Suarez y sus fieles, el Centro Democrático y Social (CDS).

LOS GOBIERNOS SOCIALISTAS (1982-1996)

El triunfo espectacular socialista en las elecciones de 1982 terminó con la inestabilidad política, cerró la Transición e inauguró la consolidación democrática. El PSOE había evolucionado en estos años desde posiciones revolucionarias a reformistas y no solo incluía a obreros y campesinos, sino a clases medias.

La hegemonía socialista se reforzó con las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 1983.

Los socialistas, con Miguel Boyer en la cartera de Economía y Hacienda, se propusieron sanear la economía. En 1982, los precios estaban disparados, el paro iba en aumento y el déficit exterior y el del sector público eran considerables.

El gobierno apostó por una mayor apertura y liberalización de la economía y acometió fuertes ajustes (altos tipos de interés y devaluación de la peseta), con el objetivo de rebajar la inflación. El objetivo de crear empleo que se había prometido en las elecciones dejó de momento de ser prioritario.

Los socialistas intensificaron el proceso de reconversión industrial que afectó a cientos de empresas y miles de trabajadores. También flexibilizó el mercado de trabajo, reformando el Estatuto de los Trabajadores.

También emprendieron un conjunto de reformas para profundizar en la democracia y expandir el Estado del bienestar.

En ese campo se inscriben la objeción de conciencia, el hábeas corpus, la protección de extranjeros, las leyes de género, la despenalización del aborto y ampliación de los derechos de reunión y libertad sindical.

Se modernizó el ejército, se estableció la objeción de conciencia y se impuso la supremacía del poder civil sobre los militares.

El mapa autonómico se cerró en 1983 con la aprobación de los últimos Estatutos. Se aprobaron la Ley de Reforma Universitaria y la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE), que reconocía dos redes paralelas de enseñanza (pública y privada).

La Ley General de Sanidad creaba la cobertura universal. Una ley de medidas urgentes destinada a racionalizar la Seguridad Social endureció los requisitos para percibir las pensiones con la intención de asegurar su futuro.

En política exterior los socialistas abandonaron el neutralismo anti imperialista y establecieron como objetivos prioritarios la CEE, la OTAN y, en menor medida, Iberoamérica y el Mediterráneo. Tras un largo proceso de cooperación con Francia, incluso en asuntos antiterroristas y con Alemania y Reino Unido, el 1 de enero de 1986, España se convirtió en uno de los 12 miembros de la CEE.

Desde 1986 el país, saneado, aprovechó la expansiva coyuntura internacional, aumentando la inversión extranjera, la producción industrial, las obras públicas, el turismo y el empleo. La prosperidad aumento aun más el estado del bienestar y llevó a España a tomar un papel internacional activo (intervención en la guerra del Golfo de 1991, en Bosnia en 1992 y celebrar en Madrid la Conferencia de Paz sobre Oriente Medio (1991).

Pero el descontento social se extendió. La permanencia en la OTAN no fue entendida por muchos votantes de izquierda. Los trabajadores demandaron un reparto más equitativo de los beneficios empresariales; estudiantes, profesores, médicos y otros colectivos también plantearon sus     reivindicaciones mediante conflictos prolongados.

En las elecciones de 1993 el PSOE ganó pero quedó en minoría con la sorpresiva subida del PP hasta los 141 escaños. Felipe González fue investido presidente del gobierno con los votos de su partido y los de CiU, PNV y Coalición Canaria. El gabinete formado después de las elecciones de junio de 1993 era un ejecutivo débil.

El gobierno dedicó sus máximos esfuerzos a luchar contra la crisis económica y a lograr la entrada de España en el euro. Se añadió una mayor liberalización del mercado de trabajo, que aumentaba la precariedad en el empleo. Los sindicatos respondieron con una huelga general en 1994.

Al tiempo la violencia etarra se incrementaba y el estilo prepotente con el que a menudo habían gobernado los socialistas facilitó el desarrollo de la corrupción. Se habían mostrado poco exigentes con la forma de actuar de quienes ocupaban cargos en las administraciones públicas, habían devaluado en parte el Parlamento como espacio de debate y habían utilizado algunas instituciones de forma partidista (empresas públicas, televisión, etc.).

La vida pública española estuvo dominada desde 1993 por numerosos escándalos, que en su mayoría afectaron a los socialistas. Aparecieron datos sobre la financiación irregular del PSOE. Luis Roldan, ex director de la Guardia Civil, y Mariano Rubio, ex gobernador del Banco de España, fueron acusados del cobro de comisiones y robo y el juez Garzón ordenó la entrada en prisión de varios ex altos cargos del ministerio del Interior, acusados de haber participado en la guerra sucia cotra ETA, con lo que se reabría el asunto de los GAL.

El crispado ambiente de la vida política española erosionó el pacto de los socialistas con la minoría catalana. El escándalo de las escuchas ilegales del CESID llevó a CiU a retirar su apoyo al gobierno. Felipe González se vio en la necesidad de convocar nuevas elecciones a Cortes, en las que venció el PP (que permanecerá en el poder con José María Aznar hasta 2004).

Imagen El confidencial

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