Básico 30. La oposición al franquismo

0 40

“Especifica los diferentes grupos de oposición política al régimen franquista y comenta su evolución en el tiempo”

Década de los 40 y 50

También desde el mismo momento en que terminó la guerra civil, apareció una oposición al nuevo Régimen, en la que se situaron algunas fracciones monárquicas del interior y los republicanos y demás grupos de izquierda del exterior.

Pero la oposición quedó pronto desarticulada. La represión, regulada por la Ley contra la Masonería y el comunismo desarticulo los cuadros dirigentes de partidos y sindicatos, bien por ser encarcelados, ejecutados o exiliados.

En el exterior las diferentes fuerzas de la República mantuvieron tras la guerra la división que habían mantenido durante ella, acusándose unos a otros en lugar de colaborar. La mayoría de los comunistas se exiliaron a la URSS, mientras otras fuerzas se integraron en la resistencia francesa contra los nazis.

Pese a ello PCE, CNT y algo meno el PSOE mantuvieron pequeños grupos de resistencia interior que fueron cayendo progresivamente.

La resistencia contra Franco se avivó tras el triunfo aliado en la Guerra Mundial. La propaganda y la radio fueron medios para alentar la oposición, y en 1946 se llegaron a producir las primeras huelgas en Bilbao y Barcelona, que se enfrentaron a una dura represión. En esos años se reactivaron los grupos guerrilleros o maquis, que operaban desde el Pirineo, Asturias, Galicia y Santander. Así, en 1944, con Franco aislado a nivel internacional, el PCE organizó una entrada masiva de maquis por el Valle de Aran, que se intensificó en 1945. Pero el ejército y la Guardia Civil, mató o encarceló a la mayoría en los años siguientes, hasta que en 1948, el PCE renunció al uso de la guerrilla.

En esos años, monárquicos y socialistas intentaron un frente político, el fracasado “Pacto de San Juan de Luz” (1948) entre monárquicos y socialistas.

Década de los 60

En pleno inicio de la estabilidad económica y el reconocimiento internacional de Franco, la oposición siguió dividida, descabezada y desconectada del interior. Los monárquicos dejaron de oponerse ante la evidencia de la continuidad del régimen y la posibilidad de que Juan Carlos, hijo de Juan de Borbón pudiera llegar algún día a gobernar, bajo la tutela del dictador.

Pero algo cambio. La llegada al ministerio de educación del joven católico Ruiz Jiménez, colocó al frente de las universidades a rectores moderados e intelectuales (como Lain Entralgo o Fernández Miranda. Ello creó un germen de protesta y reclamación de derechos. En 1956 los grupos de jóvenes renovadores derrotaban a los estudiantes falangistas en las elecciones de la facultad de derecho de Madrid, lo que creo un ciclo de protestas y enfrentamientos reprimidos por la policía. Los hechos revelaron que una nueva generación tomaba las riendas de la oposición a Franco, que los viejos líderes republicanos estaban fuera de juego y que universitarios y sindicalistas católicos y comunistas eran el eje de la nueva oposición.

Al tiempo, los cambios sociales que se vivían comenzaron a distanciar a la iglesia del régimen, porque aquella comenzó a criticar la situación de los trabajadores y a dar más importancia a la labor social de la iglesia que a reforzar los viejos valores del nacional-catolicismo. Papel importante representaría el alegato del primado Pla y Daniel a favor de la independencia del clero y la renovación de la iglesia durante el papado de Juan XXIII, impulsor del Concilio Vaticano II, lo que iría alejando a la iglesia española del régimen hasta la ruptura en 1970.

En ese camino de alejamiento destacarían la carta del clero vasco denunciando el totalitarismo de Franco y la falta de libertades (1960), y el caso Añoveros. Añoveros, obispo de Bilbao protagonizó un duro enfrentamiento con el gobierno de Franco en la cuaresma de 1974, por una homilía en la que reclamaba el derecho del pueblo vasco a su identidad y a proteger “su patrimonio espiritual, sin perjuicio de un saludable intercambio con los pueblos vecinos dentro de una organización sociopolítica que reconozca su propia libertad”. Esto se hacía dos meses después del asesinato por miembros de ETA del almirante Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno y presunto sucesor de un Franco muy anciano.

El gobierno puso en marcha el destierro para Añoveros, acusado de lanzar ataques subversivos contra la unidad nacional. El nuevo presidente, Carlos Arias Navarro, redujo a Añoveros y a su vicario general, monseñor Ubieta López, a arresto domiciliario. Había indicios y rumores de que algunos sectores del clero vasco (especialmente jóvenes de tendencia progresista) colaboraban con la banda terrorista ETA. Ante la negación del obispo a abandonar el país, alegando que sólo lo haría bajo órdenes directas del papa Pablo VI, la Conferencia Episcopal, con su presidente, el cardenal Tarancón a la cabeza, acomodándose ya a los nuevos tiempos, amenazó con la excomunión (asunto importante, dada la confesionalidad del régimen) y el general Franco -ante las ya deterioradas relaciones con la Iglesia que ponían en peligro el Concordato de 1953- distendió la situación. Añoveros permaneció en su sede, hasta que dimitió en septiembre de 1978. Hay que tener en cuenta en esta historia la importancia del cardenal Tarancón, que incluso con la oposición de parte del clero, defendió la separación iglesia estado, defendió a los curas más progresistas y desempeñaría un importante papel en la transición a la democracia.

Un segundo frente contra Franco fue el laboral. Desde 1961 crecieron las huelgas, sobre todo en los sectores de mayor crecimiento. Las huelgas se iniciarían por motivos laborales derivando hacia la exigencia de libertades y derechos. Los protagonistas serían desde sindicatos clandestinos amparados por los curas obreros (CC.OO) hasta la HOAC (hermandades obreras de acción católica), pasando por USO.

Quedaba la oposición política. En 1962, semanas después de que España pidiera la adhesión a la CEE, 118 españoles se reunían en la ciudad de Munich, en el marco del IV congreso del movimiento europeo y aprobaban una declaración recomendando la no admisión de España mientras no hubiese libertades políticas. El gobierno lo llamó el “Contubernio de Munich” y respondió con la persecución de los liberales, monárquicos y democristianos que lo formaban, se suspendieron garantías incorporadas en el Fuero de los españoles. La represión llegó a su culmen con la destitución de varios rectores y catedráticos universitarios (como Tierno Galván) y, sobre todo, con el llamado “caso Grimau” (detención y ejecución del responsable de la organización interior del PCE en 1963).  La actuación desmedida del gobierno levantó grandes protestas a nivel internacional, a igual que en 1979 el “proceso de Burgos” contra 16 miembros de ETA.

Para calmar los ánimos, Franco introdujo un nuevo gobierno formado por jóvenes renovadores como Fraga Iribarne o Lopez Bravo, junto a garantes del régimen, entre los cuales se encontraba el almirante Carrero Balnco, gobiernos que introdujeron novedades como el primer plan de desarrollo, la ley de bases de la Seguridad Social o la Ley de prensa. Pero el 20 de diciembre de 1973, el almirante Carrero Blanco, moría en Madrid, victima de un atentado de ETA. Significaba un golpe decisivo al régimen que inició, a partir de aquí, su cada vez más acelerado proceso de descomposición.

Otro frente nació en los años 60 en el País Vasco, una escisión del PNV crea en 1959 Euzkadi to Askatasuna (ETA) o “Euzkadi y Libertad” que se autodefinía como Movimiento Revolucionario de Liberación Nacional estableció en 1964 el principio de guerra revolucionaria. Tras los primeros asesinatos, en 1968, el gobierno restablece el decreto-ley sobre represión del bandidaje y el terrorismo, pasando a jurisdicciones militares cualquier delito socio-político. La oposición creció ante las medidas represivas del gobierno y en 1979 hubo de conmutarse nueve penas de muerte dictadas en el consejo de guerra de Burgos por las de cadena perpetua, debido principalmente a la presión internacional.

A comienzos de los años 70 la oposición había recibido nuevos estímulos en un momento en que el régimen empieza a mostrar síntomas de agotamiento. Sin embargo, aún estaba lejos de una cooperación que estableciera un frente unido antifranquista. La oposición en el exilio mostraba una cierta aversión a pactar con las distintas tendencias comunistas, si bien el PCE se presentaba en el interior como una de las fuerzas de oposición mejor organizadas, sobre todo tras la llegada de Santiago Carrillo a la secretaria general. Al tiempo, el PSOE iniciaba su camino a la democracia y su renuncia al marxismo de la mano de Felipe González en el Congreso de Suresnes. Surgen grupos democráticos nacionalistas como el PNV y Convergencia Democrática de Cataluña. Grupos de oposición de izquierda como la ORT y el terrorismo de ETA alcanzará cotas elevadas e incluso se extenderá a nuevos grupos (FRAP, GRAPO), provocando el rechazo del resto de la oposición.

Imagen El confidencial

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More