Básico 3. La Hispania romana

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Describe el concepto de romanización y los medios empleados para lograrlo

La cultura más importante de la Edad Antigua es sin duda Roma, que ocupa la Península a fines de la Edad del Hierro.

La llegada de los romanos a la Península Ibérica se produjo tras su victoria al final de las Guerras Púnicas, que los habían enfrentado con los cartagineses durante el siglo III a.C. Ambas potencias entraron en conflicto por sus deseos de expansión territorial, ya que eran modelos de economías expansivas (necesitaban conquistar territorios para poder obtener recursos). El hecho clave de esta trágica historia se produciría en la segunda de esas guerras.

Tras la muerte del general Amilcar asumió el mando cartaginés en la Península su sobrino Asdrúbal. Este estableció una política de alianzas con los hispanos, consiguió establecer el poder cartaginés y crear un nuevo imperio comercial que revitalizo la economía de Cartago y fundó la ciudad púnica de Cartago Nova. Ese hecho asustó a Roma, que obligó a Asdrúbal firmar el Tratado del Ebro, un tratado por el que el cartaginés se comprometía a no cruzar el río Ebro. En 221 a.C. Asdrúbal fue asesinado y el ejército eligió como nuevo líder al joven hijo de Amílcar: Aníbal Barca, decidido a atacar Roma, para lo que cruzó el Ebro y atacó Roma por tierra.


Para hacer frente a la guerra las legiones romanas al mando de Escipion desembarcan en Emporion tratando de evitar que desde Hispania llegasen refuerzos a Anibal. Tras derrotar a los cartagineses y a las tribus aliadas de estos en la Península, los romanos se establecieron en Hispania

Concluidas las guerras con Cartago la ocupación romana de la Península (siglos III-I a.C.) se divide en tres fases:

El dominio del litoral mediterráneo y del valle del Guadalquivir (hasta el 197 a .C.) con el objetivo de frenar a Aníbal, líder de los cartagineses.

La ocupación de la meseta y del valle del Ebro . Muchas de las tribus que aquí habitaban (celtíberos) fueron duramente castigadas.

La intervención de Sempronio Graco permitió que las conquistas fueran acompañadas de un proceso civilizador, pero predominó la corrupción y las vejaciones a pueblos íberos y celtíberos.

Ambas tribus decidieron entonces iniciar una revolución dirigida por Viriato (líder de los lusitanos), quien sería asesinado. Las guerras lusitanas acabarían con el sitio y la destrucción de la ciudad rebelde de Numancia.

La última fase vino marcada por las Guerras Cántabras (a finales del siglo I a.C.). El emperador Octavio Augusto (quien puso fin a la República romana) decidió atacar a los pobladores del Cantábrico que saqueaban las minas de oro de las Médulas y no permitían el abastecimiento hasta Tarraco. Así y todo amplias zonas cántabras y vascas no llegaron a romanizarse

En resumen se desarrolló de forma pacífica y rápida en el levante y sur peninsular; de forma lenta y conflictiva en el resto de la Península

Tras finalizar la conquista de la Península, comenzó el período de romanización, es decir, la asimilación de las ideas, costumbres y formas de vida romanas por las poblaciones autóctonas y su transformación, reorganización y pérdida de elementos culturales. Fue un proceso en ocasiones pacífico y, en otras, llevado a cabo a consecuencia de esclavizaciones y guerras. Afectó a varios aspectos:

• La sociedad se transformo. Las sociedades tribales dieron paso a diversas categorías de hombres libres: senadores y grandes propietarios, puestos intermedios del ejército y la administración, habitantes ricos de la ciudad y plebe o artesanos. Bajo ellos los esclavos, en general, antiguos prisioneros de guerra.

No todos los hombres libres tenían la misma condición política y jurídica hasta que Caracalla concedió la ciudadanía romana a todo el Imperio en el 212 d.C.

• Los romanos crearon una economía esclavista, de agricultura comercial, desarrollo técnico y urbano. El comercio se vio impulsado gracias a una amplia red de calzadas que también aseguraba el abastecimiento de las tropas.

•  Igualmente establecieron una organización política unificada, dividiendo la Península en provincias (dirigidas por un cónsul). El gran elemento administrativo fueron las civitas que incluían en su área de influencia un territorio rústico más o menos extenso. Había diversos tipos de civitas. Las de mayor categoría, las más romanizadas y las menos abundantes eran las libres o municipio, cuyos habitantes tenían los mismos derechos que cualquier ciudadano romano de Italia y no pagaban impuestos ordinarios.

Fue de especial relevancia el desarrollo cultural gracias a la incorporación del latín y el arte romano. El latín se convertirá en el origen de todas las lenguas peninsulares de la actualidad salvo el vasco.

Se unificará el sistema de creencias gracias al cristianismo, que dejará de ser perseguido desde el año 313 (con el Edicto de Milán promulgado por el emperador Constantino).

Estos avances quedarían reflejados en el derecho romano y la extensión de la ciudadania. De las antiguas ciudades indígenas la mayor parte de ellas eran civitas stipendiarias, es decir, que pagaban stipendium o tributo a Roma por haberse opuesto a la conquista. Estos tributos se pagaban en servicios, dinero o especie: cereales, aceite, ganado,…

Para lograr este cambio y asegurarse del dominio de Hispania, Roma empleo diversos medios: construcción de calzadas, economía monetaria, latín como lengua oficial, expansión de la vida urbana, El ejército (ocupador, constructor y colonizador e incluso la esclavitud, desplazamiento de la población, exterminio de población masculina en edad de combatir…

La decadencia del Imperio Romano comenzaría con la importante crisis económica del siglo IV. El Imperio dejó de expandirse ante la falta de tierras y esclavos (lo que fue muy perjudicial, ya que se trataba de economías expansivas), provocando una grave inflación.

Esto, unido a la presencia de emperadores de dudosa capacidad moral e intelectual, el dominio del cristianismo sobre el Estado Romano, la división del Imperio en tiempos de Teodosio y la aparición de la servidumbre y la ruralización, acabarían por debilitar totalmente al Imperio.

Los romanos, asediados por pueblos bárbaros, no tuvieron más remedio que permitir que las tribus visigodas se instalaran en la Península Ibérica y que ejercieran un dominio “de facto” en el territorio.

Finalmente, en el año 476 Roma caerá definitivamente ante los hérulos que asesinan al último emperador romano de Occidente (Rómulo Augústulo). A partir de este momento, Hispania se convertirá en un reino independiente visigodo y parte de la romanización se perdería.

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