Básico 29. la evolución económica del franquismo

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“Explica la política económica del franquismo en sus diferentes etapas y la evolución económica del país”.

La autarquía (1939-1950)

La Guerra Civil había roto la estructura económica del país, lo que obligaba a reconstruir la producción y distribución casi desde cero, en medio de la represión, caída demográfica y la tensión social.

Terminada la guerra mundial (1945), las potencias democráticas decretan el bloqueo económico y diplomático a España, lo que provoca un duro periodo de escasez, carestía de los productos, racionamiento a la población civil y el desarrollo de un mercado negro, basado en el comercio clandestino que creara grandes fortunas entre los amigos del régimen.

Para hacer frente a esta situación se puso en marcha una política de autarquía, que fue acompañada de un proceso de ruralización (predominio de la actividad agrícola sobre la industria) lo que no evito, por su ineficiencia, el desabastecimiento.

Además, la contrarreforma agraria había devuelto al campo español la estructura latifundista a lo que se unía la creación del Servicio Nacional del Trigo que más que provocar la autarquía cerealista, protegía los intereses de los propietarios agrarios, sobre todo donde estos eran esenciales para afianzar el nuevo régimen. Resultado fue la caída de la producción y la necesidad de importarlo.

La producción industrial se vio dificultada por la falta de materias primas y de energía eléctrica y por la existencia de muchas pequeñas empresas de tecnología obsoleta y costes elevados.

Para proteger la industria y su crecimiento se creó en 1941 el Instituto Nacional de Industria (INI), al tiempo que el estado favorecía una tendencia a la concentración y al monopolio (creación de RENFE).

La economía también se enfrentó a una brusca caída de los salarios reales, los niveles de consumo fueron bajos y hubo una gran escasez de bienes de primera necesidad.

También se promulgaron una serie de medidas que buscaban el control sobre la clase obrera. Entre ellas la creación de los sindicatos verticales, el Fuero del Trabajo o la prohibición de concertar convenios colectivos.

Esta primera etapa fue, por tanto, dramática en lo social y crítica en lo económico. La represión prosiguió y la sociedad permaneció escindida, empobrecida y atemorizada. Los vencedores fueron articulando su mecanismo de dominación social. A la vez, no se lograban recuperar los niveles económicos de preguerra a causa, fundamentalmente, de las opciones políticas adoptadas: el control económico del estado (control estatal de importaciones y exportaciones, por ejemplo).

Primeros intentos de apertura: década de los 50

Acabada la guerra mundial España sufrió un aislamiento por las potencias que pretendía acabar con el modelo fascista de España. El fin del aislamiento vendría producido por la Guerra fría entre Rusos y occidentales.

En 1952, España fue admitida en la UNESCO; pero fue en 1953 cuando dos acontecimientos reinstalaron al régimen español en el sistema político internacional: el Pacto hispano-norteamericano (acuerdo económico, de asistencia técnica y defensivo) y el Concordato con la Santa Sede. En 1955 España ingresaba en la ONU. Con ello, el régimen de Franco era aceptado y el régimen español se vinculaba estrechamente a la dura política norteamericana y se aproximaba decididamente a los organismos internacionales, integrándose plenamente en el sistema político y económico occidental.

La expansión económica: el desarrollismo (1959-1973).

En 1957, un nuevo grupo de políticos, alejados de falangistas y sectores duros del régimen llegaron al gobierno. Eran los llamados tecnócratas del Opus Dei. Ellos iniciarían una nueva política económica.

Su primera medida sería un Plan de Estabilización (1959) que ponía fin a la autarquía y liberalizaba la economía. Las tres medidas básicas de este plan eran congelación de salarios, estabilización de precios y liberalización frente al exterior.

El plan seguía los informes del OECD y del FMI e intentaba también una elevación del nivel de vida en lo interior y equilibrar la balanza de pagos en lo exterior.

Aunque estas medidas provocaron una breve recesión en 1960-61, la economía empezó a despegar en 1962. Junto a ello aparecería un fuerte incremento de la emigración hacia Europa, que vivía una coyuntura expansiva (y con ello una llegada de divisas que los emigrantes mandaban a sus familias), un proceso de concentración de capitales y un aumento del consumo y la renta per cápita.

Con todo ello aparecieron grandes cambios sociales. El entendimiento entre las burguesías industriales y financieras y la oligarquía agraria, les proporcionó una gran acumulación de poder económico y fuerza política. Por el contrario, el proletariado atravesó una grave situación, que originó las huelgas y protestas iniciadas en 1951, acrecentadas en 1954 y agudizadas en 1956-58, que forzarán la aparición de la legislación de Convenios Colectivos de Trabajo. Los militares, objeto de especiales consideraciones por parte del régimen y el clero (surgimiento del nacional-catolicismo) fueron otros sectores beneficiados. Nuevas generaciones llegan a las aulas. De esta manera, la Universidad se transformó en un núcleo de crítica y renovación, y pasó a ser ingrediente fundamental en la dinámica socio-política española.

Son los años de declive de la falange y de los sectores más duros del régimen y la llegada de una generación de políticos más técnicos. En el bando opuesto  la oposición acentuará su acción. En el ámbito obrero dirigirá la lucha el partido comunista; por su parte el PSOE buscará la formación de un bloque democrático con las fuerzas de centro-derecha (Pacto de París, 1957).

Estos mecanismos del crecimiento español de los 60 son posibles, de un lado por la buena coyuntura del capitalismo occidental, lo que permite la llegada de turistas y capitales y la absorción del excedente español de mano de obra; de otro lado, por el mantenimiento de bajos salarios en el país.  A partir de 1963 se intenta regular el crecimiento con los llamados Planes de Desarrollo, que intentaban orientar las inversiones privadas con ayudas a la exportación, exenciones fiscales y subvenciones a los sectores considerados claves. Se crearon los Polos de Desarrollo para promocionar nuevas instalaciones industriales y generar empleo en zonas deprimidas (1963 y 1969).

Destaca en estas políticas el ministro López Rodó que actuó en base a criterios de racionalidad burocrática-empresarial, cuyo objetivo es la eficacia. A partir de 1962 se pone en marcha un importante crecimiento económico; aumenta la importación de bienes de equipo y materias primas, llegan capitales extranjeros y hay mejoramiento del nivel técnico; todo ello ocasiona la intensificación del proceso industrializador.

En estos años se produjo un reajuste entre sectores que permitió que los sectores secundario y terciario superasen al primario. De todas formas, las pérdidas de puestos de empleo agrarios (también por la mejora técnica no fueron compensados por una equivalente creación de nuevos puestos en los sectores secundario y terciario, ocasionando este fenómeno, la intensificación de las migraciones interiores (Madrid, Cataluña y País Vasco) y, complementariamente, el incremento de la emigración exterior. Todo ello redundó en un aumento de las tensiones sociales y de la conflictividad obrera.

Y es que estos cambios económicos y la mayor relación con el exterior transformaron la sociedad española. Fuerte crecimiento demográfico (baby boom), el  aumento de la población urbana, la aparición de una gran masa de obreros industriales con conciencia de clase (sobre todo, Cataluña, Madrid, País Vasco, Asturias), la consolidación de la clase media y la aparición de una sociedad de consumo cada vez más alejada de los valores tradicionales que defendía el régimen.

La crisis económica a partir de 1973

En medio de la presión de la oposición política, de la demanda de libertades por la sociedad y de la violencia etarra, España se vio muy afectada por la crisis del petróleo de 1973.

Bajo el gobierno de Arias Navarro España se enfrentó a la crisis económica derivada de la crisis del petróleo 1973 y de muchos problemas anteriores (débil base energética, dependencia tecnológica del exterior, rigideces institucionales, elevado endeudamiento empresarial o desequilibrios regionales). Ante semejante crisis el gobierno, carece de un plan a largo plazo y considerando que era transitoria, trató, en un primer momento, frenar las consecuencias evitando una fuerte repercusión en los precios energéticos (política de compensaciones mediante subvenciones y desgravaciones). En la primavera de 1975, al hacerse evidente la profundidad y duración de la crisis se tomaron medidas más realistas, pero la crisis no hizo sino agravar la situación en los finales del régimen, que acabaría en noviembre de ese año con la muerte de Franco

Imagen El Periódico

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