Básico 28. Las familias del franquismo

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“Elabora un esquema con los grupos políticos y los apoyos sociales del franquismo en su etapa inicial”.

Terminada la guerra se instaló en España un régimen autocrático totalitario basado en tres ejes: la concentración de todos los poderes en el jefe del Estado, la implantación del Partido único y la inexistencia de una constitución, ordenándose legalmente el estado a semejanza del sistema corporativo italiano y mediante una serie de leyes orgánicas que regulaban aspectos como la familia, el trabajo o la sucesión.

Algunos de esos elementos son una constante en los casi cuarenta años de gobierno: el carácter personalista de la dictadura, el rechazo del sistema parlamentario y la defensa de unos principios propios del tradicionalismo español. Pero este poder necesitaba de un apoyo institucional y social.

Franco trató de asegurar, desde un principio, el control de todos los resortes del poder y exigir una absoluta fidelidad a sus colaboradores para lo cual se eliminaron los partidos políticos, incluidos aquellos (CEDA, monárquicos, Falange o carlistas) que le habían apoyado y que quedaron integrados en un impreciso partido único llamado “El Movimiento Nacional”. Pero eso no fue óbice para que se mantuvieran grupos o “familias” cuya existencia el dictador alimento para mantener divididos a sus colaboradores y así proteger su poder enfrentando a unos con otros.

Apoyos sociales

Las oligarquías terratenientes, industriales y financieras apoyaron al régimen porque eso implicaba recuperar su hegemonía social y económica. A cambio el régimen le devolvió sus tierras y los negocios confiscados durante la Guerra Civil.

Pero también fue apoyado por los pequeños propietarios agrícolas de la mitad norte. Este apoyo es manifiesto en las primeras medidas del nuevo régimen: devolución de tierras confiscadas y abandono de la reforma agraria.

Del mismo modo le apoyaron grupos urbanos beneficiados por las depuraciones realizadas al final de la guerra entre funcionarios de la Administración, maestros, universitarios y militares, puestos ocupados por ellos.

Así mismo, las tensiones iglesia-estado durante la República le dio a Franco el apoyo de los sectores católicos de la sociedad, como la Asociación Nacional de Propagandistas.

El ejército

El ejército por su ideología anticomunista, centralista y su dureza en el mantenimiento del orden público Columna vertebral del régimen, su principal baluarte. Defensor a ultranza de la unidad nacional. Los valores militares se imponen a la sociedad española. El Ejército, como garante del orden público, adquiere jurisdicción sobre los delitos políticos; además, el número de oficiales entre la nueva clase política es importante.

Pero fue firmemente controlado por Franco y subordinado a su persona, del que era Generalísimo: Franco fue sobre todo un militar.

La Iglesia

A nivel institucional la Iglesia legitimó desde un principio al nuevo régimen. Intervendrá muy directamente en las instituciones, educación, la censura o el mantenimiento de la moral pública y privada, estando su incumplimiento reflejado en el código penal. Así que se convierte en un eficaz instrumento para propagar la ideología del régimen y uno de los pilares más sólidos de este, plegándose totalmente a él, que era su protector.

Grupos políticos

La Falange proporcionó el principal arsenal ideológico (patriotismo tradicional y autoritarismo de corte fascista) y ocupó una parte esencial en la escena política, al menos en los primeros tiempos, en los que controlaba un tercio de la administración, en la época de fuerte influencia del cuñado de Franco, Serrano Suñer, miembro de falange. Pero desde el Decreto de Unificación, la Falange se fue diluyendo en el Movimiento y las estructuras que pervivieron fueron quedando vacías de contenido. Nunca llegó a ser el partido único de la dictadura, incluso algunos dirigentes se enfretaron a Franco por su negativa a crear un estado plenamente fascista. Con el tiempo, y descabezado de sus líderes, se burocratizó y fue absorbido por el Estado.  Proporcionó al régimen ideología y símbolos, nutrió de cuadros dirigentes a la dictadura, de probada docilidad al Caudillo. Controló las instituciones de labor social que dependían de la Falange (La Organización Sindical, los sindicatos verticales; la Sección Femenina, Frente de Juventudes…)

En la década de los cuarenta o periodo azul fue el grupo predominante, pero desde la derrota del Eje en 1945 fue disminuyendo su exclusivismo  e influencia, necesitaba como estaba la dictadura de alejarse del fascismo para evitar una intervención militar aliada.

Los monárquicos

Los monárquicos eran otra fuerza importante en las filas franquistas (por oposición al republicanismo) y estaban divididos en dos tendencias: carlistas y donjuanistas.

Los primeros, en línea con el tradicionalismo católico y conservador, recibieron importantes cargos públicos, aunque su carácter extremadamente conservador les proporcionó, como grupo un papel minoritario

La relación con los segundos no fue fácil, principalmente a partir de la Guerra Mundial, por la alternativa que suponía don Juan de Borbón, heredero legítimo de la corona. La salida política fue que Franco se encargará de la educación de su hijo (Juan Carlos), tomado como heredero a título de rey del franquismo. Esto decepcionó a muchos monarquicos, aunque otros colaborarón con el régimen.

Un importante sector formado por civiles y militares, presidido por Carrero Blanco, se caracterizaba por su adhesión incondicional al Caudillo sin ninguna ideología conocida.

Desde los años 60 un numeroso grupo de católicos del Opus Dei tomarían una posición ventajosa en el gobierno, denominándose los tecnócratas. 

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