Básico 15. Los conflictos del Sexenio

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“Identifica los grandes conflictos del Sexenio y explica sus consecuencias políticas.”

En 1868 la revolución Gloriosa había iniciado una experiencia democrática, el Sexenio. El general Serrano como regente y Prim como primer ministro habían puesto en marcha una constitución y un programa de reformas. Sin embargo los problemas comenzaron pronto ante la desunión de progresistas, unionistas y demócratas. Los partidos de Ostende.  Pero no era el único problema.

El problema cubano consistió en una rebelión que respondía a tres factores: el apoyo de EE.UU. a los descontentos, con la intención de ganar influencia en la isla; las ansias democráticas de la burguesía local, que utilizo como bandera la libertad de esclavos y el voto; la oposición de los terratenientes a ese cambio y la disputa entre librecambistas y proteccionistas. La guerra debilitó al nuevo régimen y le obligo a reimponer las impopulares quintas y consumos.

A este conflicto se le uniría el nuevo levantamiento carlista (contrario a la llegada de un nuevo rey, la actitud no confesional del estado y el miedo a la pérdida de los fueros vascos), y la abierta oposición de la iglesia, afectada en su influencia y poder.

La dificultad para encontrar un rey acarreó un largo período de regencia que facilitó las iniciativas de las fuerzas contrarias a la monarquía democrática, especialmente los alfonsinos, conservadores partidarios de la llegada al trono de Alfonso XII, hijo de Isabel II y heredero natural al trono, dirigidos por Antonio Canovas del Castillo. En 1871 el gobierno nombró rey al hijo del rey de Italia, Amadeo de Saboya. Pero desde su llegada se encontró aislado al verse rechazado por la oligarquía y la iglesia y sin apoyo político tras la muerte en atentado de su mentor, Prim. Sin carisma y sin apoyos, Amadeo apenas pudo hacer frente a la creciente oposición de Alfonsinos, carlistas, iglesia, cubanos, obreros y republicanos. Cada uno con sus intereses.

A finales de 1872, tras negarse a emprender una política de dureza, Amadeo abdica y abandona España, ante lo cual, el 11 de febrero de 1873, conocida la dimisión del Rey, el Congreso y el Senado juntos proclaman la república por 258 votos contra 32. Ponerse a buscar otro rey parecía absurdo. Nace la I República en un país socialmente monárquico y con un fuerte enfrentamiento en federalistas y unitarios..

La republica se sostiene en una clara minoría. Los carlistas reanudan la guerra, los alfonsinos se inhiben del gobierno, los republicanos y los radicales se quedan solos para gobernar, y son minoría. El país entra en un ciclo de sublevaciones y huelgas en los meses siguientes, a lo que se unen un intento de golpe conservador y la reactivación del movimiento obrero.

El primer presidente de la republica será Figueras, quien adoptará medidas populares: amplia amnistía, supresión de consumos y desaparición de la quintas . El gobierno intenta además mejorar la situación de las clases populares. Pero el republicanismo esta dividido entre quienes quieren el centralismo (unitarios que defendían un solo estado republicano) o el federalismo (pretenden crear una República formada por 17 Estados, incluyendo Cuba y P. Rico, más varios territorios de Ultramar. Los distintos estados estarían unidos entre sí por una Constitución. Los estados estarían formados por las provincias que constituían los antiguos reinos históricos. Dispondrían de autonomía legislativa y administrativa. El gobierno central se encargaría de la política exterior, la defensa y el orden económico).
Papel importante toma en esta situación de crisis el movimiento obrero. Nacido con la industrialización había comenzado a tomar conciencia de su realidad y a organizarse, pues las organizaciones burguesas solo defendían a estos. Su fuerza se inicia ante la llegada a España de activistas de la AIT que organizarían a los obreros creando un espíritu antisistema.

El anarquismo llegó en 1868 con Fanelli, miembro de la AIT, defensor del fin de la propiedad y del estado, de la independencia total, moral y política del individuo. Organizó dos secciones en Madrid y Barcelona. Ello fortaleció el movimiento obrero al margen de los partidos burgueses, cuando no en contra, sobre la base de la acción sindical y el apoliticismo, lo que le llevaría a denunciar no sólo la monarquía sino a las fuerzas políticas más democráticas. En junio de 1870, se celebraría en Barcelona el primer congreso de la sección española de la Internacional que plantearon su programa sindical (mejora de las condiciones de vida) y político (la eliminación del estado). En 1871, la influencia de la Comuna de París fue brutal y la llamada a la huelga general continúa.
El socialismo también cobró fuerza de la mano del miembro de la AIT Paul Lafargue en torno a las ideas de Carlos Marx. Contaba con sus principales apoyos en Madrid, y con el liderazgo de Pablo Iglesias. Defendía una sociedad igualitaria sin propiedad privada, en la que los obreros conquistaran el estado, siendo este dirigido por la dictadura del proletariado.

En julio de 1873 se forma la Asamblea Constituyente. Pero la republica esta aislada a nivel internacional, por el temor de Europa a que el ejemplo revolucionario se extienda. Además crece el desorden en el ejército, colmado de deserciones ante la crueldad de las guerras carlista y cubana. Estalla el cantonalismo (Este es un movimiento insurreccional que aspiraba a dividir España en cantones soberanos. Defendía un republicanismo federal radical con reclamaciones sociales (reparto de la riqueza, mejoras proletarias…), su objetivo es establecer una serie de ciudades y regiones soberanas que se federarían libremente. El cantonalismo fue un fenómeno de la pequeña burguesía y el movimiento obrero, con tintes anarquistas.

Ante esto Figueras dimite y le sustituye Pi i Margall, líder federalista. Este consigue controlar la situación. Frena dos golpes de estado, evita la secesión catalana y reimpone la autoridad del estado. Él será el impulsor de la constitución republicana, que sin embargo no pasara de proyecto al no ponerse en práctica nunca. Una de sus novedades era la creación de un estado federal, dividido en 17 territorios autónomos incluidos Cuba y Puerto Rico). La declaración de derechos es parecida a la de 1869, y de tipo iusnaturalista, y por tanto no regulables. La soberanía popular aparece de forma clara por primera vez. A los tres poderes clásicos se añade el del presidente de la República, que se denomina relacional. La función presidencial es mantener la unión y el equilibrio entre los distintos poderes y estados que forman la federación. Su elección era indirecta y por cada estado. Las Cortes están formadas por dos cámaras con diferentes poderes. El Congreso tenía poderes legislativos superiores al Senado. Este se formaba con cuatro representantes por cada Estado y tenía voto suspensivo. El poder judicial presentaba tres caracteres a destacar: la extensión del juicio por jurados, la no intervención del ejecutivo en el nombramiento de los jueces y la creación de un Tribunal Supremo que resolvía conflictos entre los estados.

Pese a ello la conflictividad no cesó y Pi i Margall dimitió. Tras él Nicolás Salmerón, intentó hacer frente a la situación con un gobierno centralista y autoritario, persiguiendo a los cantonalistas y a los carlistas y movilizando a las unidades seguras y a la Guardia Civil bajo el mando de generales conservadores. Salvo Cartagena, los cantones fueron derrotados rápidamente, pero el método dividió a los republicanos. La negativa de Salmerón a firmar varias penas de muerte llevará al poder al último presidente, Emilio Castelar. Con él la republica continúa su giro hacia posiciones conservadoras, el centralismo y el autoritarismo. Pero el caos y la división son incontrolables ante lo que una facción del ejército decide intervenir. El general Pavía disuelve las cortes, haciéndose con el poder Serrano hasta que el pronunciamiento del general Martínez Campos a favor de la monarquía abre el camino a la restauración monárquica en la figura de Alfonso XII, como venían defendiendo los alfonsinos de Cánovas.

Al enjuiciar el proyecto federal es necesario tener presentes las condiciones políticas excepcionales en que se desarrolló la vida de la I República. Fue el triunfo de los intransigentes y el fracaso del dialogo lo que mató la republica no sus ideas. La consecuencia de todo sería la vuelta a la monarquía liberal borbónica y el fracaso de los avances democráticos i

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