Básico 11. El carlismo

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“Identifica el ámbito geográfico del carlismo y explica su ideario y apoyos sociales”

La pregunta número 11 nos traslada al final del reinado de Fernando VII. En plenas revoluciones liberales europeas, la muerte del rey, y el legado de su reino a su única hija, la futura Isabel II, destapa el enfrentamiento entre el rey y los sectores más conservadores de la sociedad, aquellos que le habían llevado al poder en el Manifiesto de los Persas, y que se encuentran desencantados con su labor, y su despotismo.

Durante los últimos años de vida de Fernando VII se planteó el problema de sucesión al trono. Según las normas vigentes que regulaban la sucesión al trono español contenidos en la Ley Sálica aprobada por Felipe V en 1713 (la corona sólo podía transmitirse entre varones y las mujeres sólo accederían al trono en caso de faltar un heredero varón por vía directa o colateral), el heredero al trono sería el infante Carlos María Isidro (hermano del rey) . Sin embargo, en 1830 y ante la perspectiva del nacimiento de su hija, Fernando VII deroga esta ley y pone en vigor la Pragmática Sanción (que volvía a la sucesión de las Partidas) aprobada, aunque no puesta en vigor, por las Cortes españolas de 1789 presididas por Carlos IV.

Así al nacer la primera hija de Fernando VII, la princesa Isabel, se convertía en la heredera al trono y el infante don Carlos se queda sin opciones.

Inmediatamente comienzan las protestas del infante don Carlos apoyado por grupos ultrarrealistas y antiliberales. Ante estas protestas Fernando VII obliga a su hermano a marchar a Portugal, destituye del ejército a los fieles a Carlos y concede una amnistía para todos los liberales, buscando así apoyos políticos para su hija.

El problema estalla en una situación muy concreta, las revoluciones de 1830 que aíslan al gobierno de Fernando, los problemas económicos acrecentados con la perdida de América y el enfrentamiento con un sector de los realistas, defraudados por la actitud del rey en estos años, no acorde a lo solicitado en el manifiesto de los Persas, que le había llevado al trono.

Son precisamente estos últimos los que constituyen un movimiento de apoyo a don Carlos conocido como carlismo (cuyo lema será “Dios, Patria, Fueros y Rey”) con una ideología y programa político que se irá concretando en oposición a la ideología liberal y cuyas características básicas serán:

-Defensa de la monarquía absoluta de origen divino y de los privilegios sociales estamentales.

-Defensa de todos los intereses de la Iglesia (oposición de la libertad religiosa liberal y de las desamortizaciones)

-Defensa de los fueros vascos y navarros amenazados por la uniformización y el centralismo liberal.

-Oposición a cualquier reforma.

-Fidelidad a la “patria” entendida como un conjunto de tradiciones, normas, costumbres y creencias recibidas de los antepasados.

A la muerte de Fernando VII en 1833, don Carlos reclamó el trono frente a su sobrina Isabel (Manifiesto de Abrantes), dando comienzo una guerra civil que no solo fue un conflicto sucesorio, sino un enfrentamiento por intereses políticos e ideológicos completamente opuestos. El bando isabelino recibió el apoyo de los liberales, las clases altas y medias urbanas, los altos mandos del ejército, la jerarquía eclesiástica y la alta nobleza. El infante don Carlos fue apoyado por todos aquellos que veían con temor la posibilidad de una victoria liberal y de unas reformas que amenazaban sus intereses: baja nobleza rural parte del bajo clero, los oficiales más reaccionarios del ejército y pequeños campesinos propietarios.

Entre 1833 y 1839 se desarrolla la primera guerra entre carlistas e isabelinos, fieles a la regencia de Mª Cristina, madre de Isabel II. Si bien en la zona norte rural (País Vasco y Navarra) las tropas vascas lograron controlar zonas discontinuas de territorio, la falta de apoyos en otras zonas del país y en las ciudades inclinaron la balanza del lado isabelino y mediante el Abrazo de Vergara (1839) y la huida de don Carlos a Francia dieron la victoria a las tropas liberales de Isabel II, aun cuando las hostilidades continuaron durante algunos meses más, se confirma el definitivo triunfo del liberalismo frente al Antiguo Régimen.

Los conflictos carlistas se sucederán a lo largo del siglo XIX, así entre 1849 y 1860 se producen diversas acciones guerrilleras en zonas rurales de Cataluña, Aragón, Navarra y Guipúzcoa. La segunda guerra carlista se desencadenó en 1872 (tras la rev. de 1868 y el exilio de Isabel II) y afectó a buena parte del país. Su líder fue Carlos VII y sus lemas fundamentales la defensa de la religión católica y de la legislación foral. La guerra termina en 1876 con la abolición de los fueros.

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