Básico 10. Fernando VII

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“Detalla las fases del conflicto entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII”

  1. El Sexenio Absolutista. El retorno del rey (1814-1820

El Imperio Napoleónico fue derrotado en 1813 en España y Rusia y finalmente en 1814 en Waterloo. Eso unido al bloqueo de la armada inglesa y a la rebelión de las élites francesas llevó al fin de la guerra europea. El ejército español apoyado por las tropas del Duque de Wellington derrotó a José I en Arapiles forzando la marcha de José I con lo que el Consejo de Regencia y la Cortes controlaban el poder en España

Tras su derrota, las potencias absolutistas convocaban el Congreso de Viena iniciando un periodo llamado la Restauración que significaría la vuelta al absolutismo, a las fronteras anteriores a Napoleón y la vuelta a sus tronos de los reyes que gobernaban antes de la Revolución, o sus legítimos descendientes. Napoleón, antes de ser desterrado a la Isla de Santa Elena firmó el Tratado de Valençay que anulaba los acuerdos de Bayona y restituía en sus derechos a Fernando VII. Pero ello no significaba que los liberales hubieran triunfado.

Los privilegiados soliviantaron al campesinado, muy tradicional acusando al gobierno de Cádiz de ilegitimo, reformista, contrario a las tradiciones y a Dios e influenciado por las odiosas ideas extranjeras (ilustración).

Al tiempo generales partidarios del absolutismo como el general Elio, junto a oficiales realistas fieles, se hace con el control del ejército, y protege una reunión de 69 diputados absolutistas, nobles, alto clero y generales leales al Antiguo Régimen en Valencia. De la reunión sale el llamado Manifiesto de los Persas que expone públicamente su defensa del Antiguo Régimen, su oposición a las ilegitimas Cortes de Cádiz, su obra legislativa y sus ofrecimientos de apoyo al rey para que recobre su poder absoluto. Este apoyo más la ayuda del Congreso de Viena llevan a Fernando VII a regresar a España.

El 4 de mayo de 1814, el rey, ya en España decretaba la nulidad de la Constitución y los decretos de Cádiz y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno.

El decreto invocaba el origen divino de su poder y justificaba su actuación por los engaños de Napoleón, acusando a las Cortes de Cádiz de usurpación por haberse reunido sin respetar las normas tradicionales y haberle despojado de su soberanía absoluta. Terminaba condenando a muerte a quien defendiera la Constitución, no sin antes prometer que convocaría Cortes estamentales.

El rey encarceló a los diputados y líderes liberales más conocidos, restauro la inquisición, prohibió periódicos y asociaciones, derogó la constitución y todas las reformas legales de Cádiz y restituyó señoríos, privilegios y propiedad amortizada de las tierras, con devolución de las incautadas durante la guerra y entregadas a la población

Pero esta vuelta al absolutismo chocó con los deseos de libertad de las colonias que comenzaron a planear una independencia que se consumaría en 1824. La guerra y la pérdida del comercio colonial arruino aun más a un país arruinado por años de conflicto. Era no solo un desastre para la hacienda, sino también un obstáculo para el desarrollo de la industria y el comercio, por la pérdida de aquellos mercados.

Pronto comenzaron a producirse motines de militares liberales para acabar con el poder del rey. En 1814 seria el General Espoz y Mina, en 1815 Juan Díaz Porlier y en 1817 la sublevación de Milans del Bosch y del general Lacy. Todas fracasaron en medio de una brutal represión, en un país mal gobernado. 

Observa este vídeo de la 2 de Rtve.es sobre la evolución del reinado
  1. El Trienio Liberal (1820-1823)

Pero las críticas al rey se hicieron más agudas en 1819. La marcha negativa de la guerra colonial impedía el despegue comercial e industrial y arruinaba la hacienda, con el continuo envió de tropas.

El malestar campesino se inició, ante el hecho de que la restitución del Antiguo Régimen obligaba a devolver las tierras que les habían asignado las Cortes de Cádiz. Además se reimponían los impuestos señoriales y los diezmos.

En 1820 estalló un rosario de revoluciones liberales en toda Europa, las revoluciones del 20, con los gobiernos extranjeros de su parte las tropas acantonadas en Cádiz para realizar una nueva expedición a América, se rebelaron contra el rey el 1 de enero de 1820, de la mano del coronel Riego, proclamando la constitución de 1812. El golpe militar triunfó gracias al apoyo de varias guarniciones militares, pero sobre todo al descontento campesino y burgués. Atemorizado por la situación, Fernando VII juró la Constitución de Cádiz el 7 de marzo.

Recordemos que el liberalismo era una teoría política de raíz ilustrada y burguesa que había nacido durante la época de las revoluciones, que expresaba el deseo de las capas urbanas de asumir el poder en igualdad jurídica y que defendía la separación de poderes, los derechos y libertades, la igualdad ante ley, la soberanía nacional, el derecho a voto, la existencia de constituciones y la propiedad privada y libre empresa

Sin embargo, el movimiento liberal se encontraba dividido en dos bandos, y de ahí provendría la debilidad del periodo.

Por un lado estaban los moderados, partidarios de un gobierno fuerte, de un legislativo bicameral, libertad de prensa limitada, sufragio censitario, defensa de la propiedad y del orden social. Representaban a la burguesía urbana de negocios, y sus diputados procedían del exilio.

El otro grupo eran los radicales, que luego se llamarían progresistas. Eran en su mayoría jóvenes, intelectuales, oficiales jóvenes. Defendían llevar al máximo la filosofía de la constitución de Cádiz, sistema unicameral, control parlamentario del gobierno, sufragio universal, libertad absoluta de opinión, menor interés en la defensa del orden y la propiedad, y fuerte anticlericalismo.

Pero no solo esta división debilitaba al Trienio. El rey conspiraba para que el Congreso de Viena interviniera en España y restaurará el Antiguo Régimen.

Los gobiernos del Trienio, pese a todo, desarrollaron una intensa labor legislativa:

La desamortización de tierras comunales para crear propietarios y conseguir dinero para solventar la deuda pública, y la desamortización eclesiástica rural. Creación de un sistema fiscal basado en una contribución directa sobre la propiedad. Libertad de relaciones económicas en el campo (ventas,  arrendamientos) lo que sirvió para que los propietarios revisaran al alza los viejos contratos.

Desarrollo de una política anticlerical, visible en la exigencia al clero de jurar la constitución y defenderla en iglesias y escuelas, se suprimió la Inquisición y la Compañía de Jesús. Pero el enfrentamiento radical vino de la mano de la Ley de Supresión de Monacales. Por ella se disolvían todos los conventos regulares, menos los ocho de mayor valor histórico y artístico; las órdenes no podían aceptar nuevos novicios, y se desamortizaban sus bienes para venderlos y amortizar deuda. La consecuencia fue la rebelión de la iglesia, que adopto la decisión de apoyar con toda su energía la vuelta al absolutismo.

Se reorganizó la policía y el ejército creándose la Milicia Nacional. Un cuerpo militar de base burguesa, llamado a defender al régimen, no al país, y que abría el paso a la intervención militar en política de las décadas siguientes. Se reformo la educación, dando pasos para hacerla laica y extendida a toda la población. En el terreno financiero se renegocio la deuda anterior y se recortaron gastos.

  1. La Década Ominosa (1824-1834)

La intervención de la Santa Alianza y la oposición de campesinos, clérigos y realistas provocó la caída del gobierno de Riego. 35.000 voluntarios absolutistas reclutados por la Santa Alianza, (Los 100.000 hijos de San Luís) al mando del duque de Angulema invadían España en abril de 1823, devolviendo al rey su poder absoluto. El Rey desencadenó una represión feroz, para la cual creó las llamadas Juntas de Purificación.

Como en 1814, Fernando VII volvió a restablecer las condiciones jurídico-políticas anteriores a la guerra de la Independencia: devolución de bienes al clero, restitución de señoríos a sus titulares, etc.

La situación económica continuó siendo catastrófica. La derrota definitiva en Ayacucho (Perú) contribuyó a ello. La falta de ministros expertos y el fanatismo absolutista también.

La mayor parte de los líderes liberales (Alcalá Galiano, Calatrava, Argüelles, Mina, Mendizábal…) tuvieron que refugiarse en Londres hasta que la revolución francesa de 1830 les permitió pasar a Francia y acercarse a la frontera, desde donde impulsaban pequeñas acciones militares.

Los últimos años estarán marcados por una muy leve apertura a la industria y el acercamiento del rey a sectores liberales moderados. En gran medida buscando aliados que asegurasen que su hija Isabel llegaría al poder a su muerte (lo que impedían las leyes de la época). El hecho radicalizaría a los absolutistas, que veían en los actos del rey una traición y que no reconocían el derecho al trono de una mujer, al entender en vigor la Ley Sálica de Felipe V.  Comenzaba así el problema carlista que  acabaría convirtiéndose en un grave conflicto dinástico que llevaría al país a la guerra civil una vez muerto el rey. Pero eso ya es otra historia.

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