A solas son Nacho Vigalondo y Borja Cobeaga

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El cántabro de Cabezón Nacho Vigalondo es, sin lugar a duda, una de las referencias clave del nuevo cine español. Desde su nominación al Oscar 2004, por el corto “7:35 de la mañana”, ha encandilado a la crítica al público y a la profesión. Su nueva lectura del lenguaje cinematográfico le ha hecho un habitual de cursos y coloquios. Bloguero convencido, su joven cinematografía es estudiada al milímetro por quienes inician un camino creativo a menudo difícil. Y ello pese a ser un autodidacta que ni siquiera ha querido acabar los estudios de audiovisuales. Apreciado por su labor de guionista, se le considera uno de los gurús del cine español actual.

El donostiarra Borja Cobeaga, Licenciado en Comunicación Audiovisual, ha realizado, por su lado, buena parte de los cortometrajes más inteligentes de los últimos años, caso de obras como “Cupido es áspero”, o “La primera vez”. Finalista de los Goya y de los Oscar, ha recibido en su corta carrera más de 60 premios nacionales e internacionales, especialmente por la semioscarizada “Éramos pocos…”, una ácida crítica social. En televisión ha trabajado para ETB, Antena3 y tve1, en espacios tan dispares como “Gran Hermano o “Territorio Champiñón” para Antena 3 TV. Esta semana ambos han dirigido un curso para jóvenes cineastas en Santiago de Compostela. Allí han hablado con nuestro compañero y director de cine, Fernando Sánchez, habitual de estas páginas y participante en el curso.                                                                                      

Fernando Sánchez: Tu que le conoces bien, Nacho ¿Quien es Borja Cobeaga?

Nacho Vigalondo: Un artista como la copa de un pino. Alguien atrapado en esto pero también una de las personas más versátiles que conozco.

F.S.: ¿Y quien es Nacho Vigalondo, Borja?

Borja Cobeaga: Un chaval de pueblo. Cabezonense. Creció en un entorno muy característico y eso le ha marcado, no me cabe duda.

F.S.: La impresión es que el mundo del cine como arte, especialmente en el ámbito del corto, está en España muy sano, ¿por qué eso no se traslada al cine comercial? ¿Qué hacemos mal para perder esa cantera?

N.V.: Las presiones a la hora de hacer un largo se multiplican, al haber más dinero en juego. Todo esto demuestra que la libertad es más rentable que el juego empresarial. Pero vete tú a explicárselo a ellos…

B.C.: Porque es mucho más difícil ser brillante en 90 minutos que en 10. Hay cantera, desde luego, pero a mí por lo menos lo del largo me impone mucho. Un corto demuestra que sabes comandar un equipo, pero desde luego, a la hora de saltar al largo, partes de cero. No me imagino más novato y pringao que el día que empiece a rodar mi película.

F.S.: Continuamente se habla de proteger el cine, limitando la exhibición de películas extranjeras, y marcando cuotas de pantalla, ¿no es algo antinatural obligar al público a ver lo que rechaza?

N.V.: No se trata de limitarle, sino de potenciar las opciones más débiles, de aumentar la oferta. Porque sea más fácil sostener una película española en pantalla no vas a dejar de poder ver “Spiderman 3”.

B.C.: Hombre, creo que la cuota de pantalla lucha precisamente contra eso. La gente sí quiere ver Piratas del Caribe, pero a lo mejor lo que no quiere ver son las seis comedias de Martín Lawrence y Lindsay Lohan que te venden las multinacionales con el pack “Piratas del Caribe”. Así funcionan las grandes productoras, te doy el caramelo, pero me compras la morralla. Creo que deberíamos ser más proteccionistas con nuestro cine, pero eso sí, también hacer un cine más cercano al espectador.

F.S.: Como formación: ¿Comunicación audiovisual o escuela de cinematografía?

N.V.: Cada persona ha de mirarse al espejo y saber qué es lo que más le conviene, o si le conviene alguna de esas dos opciones. Ninguna es un callejón sin salida, pero tampoco ninguna te garantiza nada.

B.C.: Aquel sitio donde encuentras a gente con los mismos intereses que tú. Yo estudié comunicación y tuve la suerte de encontrar una pandilla estupenda. Lo mismo pasa con amigos míos que fueron a escuela de cine. Me tomo esos lugares como puntos de encuentro. Más parecido a Alcohólicos Anónimos que a un Master en Harvard.

F.S.: Muchos meses preparando un corto o un largo, y finalmente se muestra a los demás, ¿qué se siente al compartir un sueño con el público?

N.V.: Ansiedad es la palabra. Es legítimo que lo odiéis y que lo améis. Imagina en qué punto me deja eso.

B.C.: Depende de si es un sueño o una pesadilla. Yo he pasado por ambas cosas. Enseñar algo de lo que estás orgulloso siempre es una gozada, independientemente de que guste o no. El problema es cuando te expones con algo de lo que no estás convencido. Ahí es como si te soltaran en la calle desnudo. De todas formas, una película o un corto no están completos hasta que tienen un público, así que por un lado es una culminación y por otro puede provocar una depresión post-parto, si es que es un trabajo en el que has puesto todo tu cariño y termina.

F.S.: ¿Que le ocurre al estómago de un cineasta cuando pisa Hollywood?

N.V.: Se contrae. Es una sensación inigualable.

B.C.: Mariposas. Risa floja. Un descreído se vuelve fan. Un escéptico se vuelve mitómano.

F.S.: ¿Que le falta al cine español, guionistas o directores de calidad?

N.V.: El problema no es que falten. El problema es que no se premia o potencia la calidad, sino encajar dentro de unas pocas opciones muy específicas.

B.C.: Estoy un poco harto de oír decir cosas del tipo: “es un buen director, pero le fallan los guiones”. Creo que es una opinión muy extendida sobre algunos directores y que considero falsa. Dirigir no es hacer planos molones. Dirigir es ser el responsable último de la película y si el guión falla es más culpa del director que del guionista.

F.S.: ¿Vuestro cine que cuenta, historias o sentimientos?

N.V.: Historias que aspiran a sentimientos.

B.C.: Para mí es lo mismo.

F.S.: ¿Cuántas veces os han mirado con cara de incredulidad al exponer una idea?

N.V.: Más de siete, te lo aseguro.

B.C.: Pocas. Soy una persona muy práctica. Si creo que habrá incredulidad en la sala, la cuento en un contexto más propio.

F.S.: ¿Cuáles son vuestros sueños?

N.V.: Forrarme contando chistes e historietas.

B.C.: Seguir saliendo a cenar toda mi vida.

F.S.: ¿Cual es vuestro corto favorito?

N.V.: Mongoloide, de David Domingo.

B.C.: Código 7, de Nacho Vigalondo.

F.S.: ¿Cuál es el corto de vuestra creación que más os gusta o del que os sentís más satisfecho?

N.V.: Código 7

B.C.: Éramos Pocos

F.S.: ¿Con quién es más difícil trabajar, con un actor consagrado o con actor inexperto, pero que desea comerse el mundo?

N.V.: Con el segundo, con el segundo, te lo puedo asegurar. El primero sabe que, si él brilla más que la película, la película no le va a hacer ningún favor.

B.C.: No puedo generalizar, porque cada actor es un mundo. Pero me encantan los actores con mucha experiencia y muy técnicos. Me flipa verlos trabajar.

F.S.: ¿Cuantas veces habéis deseado estrangular a un productor?

N.V.: Más de siete, te lo aseguro.

B.C.: Te aseguro que ha habido más veces en que ellos han querido estrangularme a mí.

F.S.: ¿Cuantas veces un productor ha intentado estrangularos a vosotros?

N.V.: Cientos de miles de veces. Es un milagro que siga vivo.

B.C.: Pues eso, muchas veces.

F.S.: ¿Tenéis algún mensaje para los/as jóvenes que empiezan en el mundo del cortometraje?

N.V.: Leer entrevistas a directores primerizos como yo no es la mejor forma de invertir tu tiempo. Píllate el libro de Brian de Palma, pero ya.

B.C.: No os droguéis.

Imágenes Fernando Sánchez

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